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Resumen para el Primer Parcial  |  Teoría del Estado (Cátedra: Cao - Pierpauli - 2019)  |  Derecho  |  UBA
Las tres etapas del desarrollo de la teoría del estado desde el punto de vista histórico:

 

A mediados del siglo xix, bajo la influencia del modelo Bismarck, se llevó a cabo la primera etapa que intentó plasmar un modelo de Estado Mundial. Aquí la teoría del estado se estudiaba en la teoría del conocimiento.

Se preocuparon por hallar el objeto de la Ciencia Política y precisar el lugar y los métodos de la teoría del estado.

Esta etapa de desarrolló bajo el proyecto iluminista, con la mirada de kant, quien revolucionó la filosofía por haber pensado una nueva teoría del conocimiento, por lo que todas las ciencias, inclusive la ciencia política, deberían admitirlas como teoría del conocimiento.

ÉTICO-POLÍTICO: se intentaba alcanzar la idea de justicia política, entendiéndola como regla y medida del orden político estatal y supra estatal. Esta etapa no cambió cien por ciento la anterior sino que cambió su forma y su lógica de seguimiento. Aquí también, al estar bajo la idea iluminista, se rechaza que en el orden político intervinieran cuestiones teológicas y metafísicas.

TEOLÓGICO-POLÍTICO: se da un nuevo orden mundial donde la injerencia metafísica va a estar más neutralizada junto a la interferencia de la teología sobrenatural con su aparición en el reemplazo del Realismo por el nominalismo.

Paralelamente a las afirmaciones Kantianas es que nace este modelo filosófico con bases teológicas, intentando restituir todo el saber humano mediante lo propuesto por Tomas de Aquino.

. Se conoce a una teoría de conocimiento como la unidad espiritual entre el objeto y el sujeto que la conoce; existe una fusión entre ese objeto y sujeto.

El conocimiento cuenta con un problema político y uno psicológico: el problema psicológico parte de, cómo decía anteriormente, conocimiento como acto espiritual entre el sujeto que conoce y el objeto conocido(hasta mitad del siglo xiii) El acto es espiritual ya que si fuera material habría que pensar en una fusión que fuese posible sin haber conocido varón (virgen maria)

El problema del conocimiento político, está en que si no hay amistad política no hay Estado: no hay Estado si hay políticas que no responden a él, que fueron creadas a partir del escaso conocimiento de su población, su cultura, sus hábitos, etc. La solución a ambos problemas sería, conocer al objeto y todo lo que esto conlleva para luego poder fusionarlo con un sujeto.

 

Teológico político: se da un nuevo orden mundial donde la injerencia metafísica va a estar más neutralizada junto a la interferencia de la teología sobrenatural con su aparición en el reemplazo del Realismo por el nominalismo. Paralelamente a las afirmaciones Kantianas es que nace este modelo filosófico con bases teológicas intentando restituir todo el saber humano mediante lo propuesto por Tomás de Aquino. La política y el derecho permanecen fuera de la filosofía pre-moderna y la teología sobrenatural.

 

 

A lla hora de definir al Objeto Estado, Sampay tomó seis postulaciones cada una de un autor diferente. La primera, por Dirthey, hace referencia a cómo se concretó históricamente el Estado; la segunda, tomada de Francisco Romero aludía al concepto de Referencia posicional; la tercera que se refería a la estructura en devenir, tomada de Heller; una cuarta tesis refiriéndose a la integración de un ETHOS en el Estado, cuál coincidía con Sheller; una quinta escogida de la quinta vertiente de Aristóteles apoyando a las ideas de Comunidad Política y por último coincidiendo con Tomas de Aquino en su sexta vertiente. Así, con cada idea en cada autor, fue que Sampay vio al objeto Estado desde el punto fenomenológico y cultural, asumiendo que “el Estado es una continuidad política perfecta, un todo de orden, que se concreta históricamente como estructura en devenir, animado por un Ethos y ubicado en una totalidad onto-teológica, en la que ocupa una referencia posicional respecto del orden natural y sobrenatural. El Estado es una estructura de cultura y un ente político funcionalizado.

 

 

Desde el punto de vista de la teoría que se orienta al conocimiento, podemos definir al objeto estado como una comunidad política perfecta, un todo orden, que se concreta históricamente como estructura en devenir animado por un ethos y ubicado en una totalidad onto-teológica, en la que ocupa una referencia posicional respecto del orden natural y del orden sobrenatural. Sampay dice que el estado es una estructura y un entre político funcionalizado.

Las ideas de estructura en devenir no son más que notas propias de una comunidad política ordenada hacia el bien común.

 

La política y el derecho permanecen afuera de la filosofía pre- moderna y de la teología sobrenatural. La política alcanzó su radical autonomía respecto de la filosofía y de la teologia, pero por otro lado, el derecho se independizó de la moral y de la política. Esa virtual desintegración del cuadro general del saber filosófico se produjo y aún se mantiene en el marco de aquello que fabro llamó, para referirse al renacimiento de la filosofía tomista en el siglo xx y a su confrontación con el modelo kantiano, una guerra entre dos mundos, el católico y el protestante.

Puede decirse que el estado nació como consecuencia de dos hechos. En primer lugar, la instauración del proceso de la secularización y el predominio, a partir de la edad media baja, de la idea de autonomía de la inteligencia humana. El orden político que antes sustentaba en la ley natural a su vez entendida como medida de la ley divina, según la inteligencia humana, se apoyó, a partir de la modernidad.

Fue necesario traducir esa voluntad en términos jurídicos mediante un contrato de carácter más o menos inmutable. Se trataba de corregir mediante este recurso, la perfección de la obra creadora de dios, ya que ese contrato constituye el remedio frente a la incapacidad del hombre para vivir políticamente en comunidad.

 

 

La filosofía Política del doctor Alberto Magno tan solo puede reconstruirse como resultado de una trabajosa búsqueda a lo largo de toda obra teológica y filosófica, debido a que Alberto no articulo un conjunto de tesis bajo el título de lo que hoy conocemos como Filosofía Política. Ese ámbito del saber no se había vuelto casi excluyente, como hoy después de Kant y de modo más general, del iluminismo. Alberto proponía una Theoria Política, en su orientación espiritual contemplativa, es el marco de referencia de la sabiduría aristotélica, vale decir, del conocimiento de todas las cosas, según la Divinidad, y es también el horizonte omnicomprensivo de la Scientia política.

Posteriormente con Descartes  y luego con Kant, la filosofía se tornó una teoría crítica y trascendental. El nominalismo ockhamista y su evolución hacia el Racionalismo y hacia el Idealismo, concedió, en el marco de la Filosofía Política, la primacía de la Voluntad. La filosofía política se tornó ideológica, hasta definirse actualmente como Ideología del Poder. Naturalmente, también la moderna Teoría del Estado, desde que es deudora de los mismos principios nominalistas e iluministas, es en verdad, una Teoría del Poder. Su objeto es el Estado, considerado apenas como estructura jurídica y como factor del poder.

El idealismo crítico trascendental es el marco de referencia de la moderna Teoría del Estado y su consecuente Ética filosófica. El mismo constituye una categoría adecuada para caracterizar la moderna Teoría del Conocimiento, que sirve de fundamento para la Teoría del Estado. En ese nuevo contexto, Theoria no es contemplación sino construcción. El termino ockhamista, el ego cogito de Descartes y por último, el apriorismo categorial de Kant, no son más que sucesivas especificaciones del mismo principio de inmanencia. Luego, esa clara actitud constructivista, que es en verdad la traducción del voluntarismo, se despliega en la pura inmanencia hacia objetos de conocimiento carentes por completo de significación ontológica, diríamos, objetos sin alma, sin esencias, o meramente epifenómenos.

El fuerte énfasis con que Maquiavelo y Hobbes caracterizaron el Poder del Estado Soberano, abrió la ventana por la que regreso la sustancia, pero esta vez como típica caracterización del mismo Estado. El Príncipe y el Leviatán son de este modo, anticipos del Súper Hombre. Tan patente fue y es aun hoy la sustitución de Dios por el Súper Hombre que incluso la Teoría Política moderna y contemporánea artículo buena parte de su léxico, transfigurando negativamente los términos y los conceptos utilizados por la Liturgia Católica y por la Teología Sobrenatural. El estado es aquí una sustancia de factura puramente humana, pero no más que un todo virtual de orden como lo era para Alberto Magno y para Tomas de Aquino. Desde la óptica del totalitarismo, el Estado no es un todo de orden, sino un todo sustantivo. El ciudadano moderno vive por el Estado, con él y en él. Por ello, de ese cambio fundamental de actitud espiritual resulto una Filosofía, que se resuelve como re-creación y como construcción. Se has sostenido que el Racionalismo, el Idealismo trascendental y la Teología Progresista Contemporánea, han hecho posible el desplazamiento de Dios por el hombre, mediante la adopción espiritual del Principio de inmanencia. Ese principio, se define como la identidad entre el Ser y el pensar, entre el obrar y el ser, pues el acto de pensar, en tanto y en cuanto se despliega históricamente, crea nuevas realidades.

 

 

 

¿Qué se entiende por Principio de Inmanencia y que por principio de trascendencia?

El principio de inmanencia surge a partir del estado moderno, el cual posee un orden analogante lógico, donde la razón autónoma se une al pensamiento, el conocimiento y la acción creadora. De aquí surge el principio de inmanencia, pensar equivale a conocer y a recrear. El mero pensar implica ya el intimo conocimiento del objeto pensado y por ello recreado.

Entonces, se encuentra identificación entre el pensamiento, la acción creadora y el ser. Anteriormente esto se relacionaba con la inteligencia divina, el racionalismo, idealismo trascendental y la teología contemporánea dieron lugar a desplazarlo por el hombre.

Postula la identidad en el intelecto humano, entre el pensar y el ser. La identidad entre el ser y el pensar, entre el obrar y el ser. Creando así nuevas realidades. 

Este término nació con el nominalismo y creció en el seno del racionalismo y se articulo con el iluminismo moderno y posmoderno.

Por otro lado, el principio de trascendencia surge en el la teoría política, más bien, theoria propuesta propuesta por Alberto Magno orientada a la filosofía contemplativa.

Este principio propone descubrir a través del conocimiento de las esencias, el camino hacia el ser pleno de significación y la unión armoniosa del ser con los seres.

 

 

 

 

 

¿Como podría describirse el aporte de Guillermo Ockham a la moderna teoría del estado, o bien, cuales son las implicaciones del nominalismo-terminista para esa teoría moderna del estado?

Ockham liquido el mundo de las esencias y la metafísica del ser, donde dios y su ley articulan la vida política, con la creación de la nueva metafísica terminista, este término alude a la toma de posición respecto del problema de los conceptos universales. Los resuelve el problema afirmando, que los mismos se encuentran solo en la inteligencia del sujeto cognoscente, sin apoyatura en los objetos reales de conocimiento; se funda en la pura inteligencia humana y no en lo real y llega bajo las formas del personalismo ético-político y del positivismo moderno.

Posee dos pilares:

Antropológico: intelecto humano intuicionista

Lógico: la inteligencia crea en base de las decisiones tomadas voluntariamente

Crea, entonces, a partir de esto ideologías modernas y contemporáneas por medio de las transformaciones nominalistas dejando de lado la Filosofía contemplativa, profundo significado de las cosas reales perdió todas las esperanzas de encontrar en lo real lo que le confiere justificación. La filosofía se torno critica y trascendental. El nominalismo ockhamista y su evolución hace el racionalismo y hacia el idealismo, concedió, la primacía de la voluntad. Es decir, la filosofía política se tornó ideológica hasta llamarse ideología del poder, conocida como la moderna teoría del estado.

 

 

¿Qué es, brevemente, el Idealismo critico trascendental y cual es su influencia en la teórica moderna del estado?

El también llamado experiencia trascendental constructiva, significa, la critica y el aplazamiento posterior al paradigma de tomas de Aquino y Alberto magno donde su filosofía se ubicaba hacia la apertura y la trascendencia.

Está a favor del despliegue de la razón pura y de sus creaciones, las cuales se hacen realidad por vía de la sensibilidad.

Este idealismo influye a la teoría moderna del estado, ya que se utiliza como marco de referencia y su consecuente ética-filosófica. Constituye una categoría adecuada para caracterizar la moderna Teoría del Conocimiento, que sirve de fundamento para la teoría del estado.

 Se utiliza para la reflexión de la política actual, mediante una relectura de lo real.

 

 

El principio realista es desarrollado por Magno y expresa que se da la ruptura del modelo moderno y contemporáneo, respecto del antiguo y medieval. En en ese tiempo, contemplar las cosas divinas mediante la inteligencia humana y amor por el Bien Común Político. Ese Bien Común Político es repotenciado por Dios trayendo a nosotros la “vita apostólica”. Magno refuta al nominalismo y al realismo platónico con el realismo moderado resolviendo con éste el problema de los universales

 

La teoría del estado es una teoría del conocimiento del objeto “estado” a fin de conocer su esencia y su funcionalidad en el orden de la creación. Hoy es descubrir un objeto por sus rasgos exteriores. Reconocer que el objeto no tiene una esencia y que la teoría la constituye el hombre. Es necesaria para construir a estado, para estudiar al objeto, hay que estructurarlo antes.  Esta teoría puede proyectar categorías para definir el estado, es decir, como es un estado, ejem: en la constitución.

 

La teoría del estado tiene dos elementos: materia y forma. Estos son co-principios que están unidos uno con el otro y son los que dan origen a nuestra esencia.

La materia es una expresión sensible de nuestra forma, se puede ver y es un objeto de nuestros sentidos. Respecto al estado es uno de los hombres como entidad biológica.

La forma se percibe a través de nuestra inteligencia y no la podemos ver. Respecto a la forma del estado son personas en relación con un sustento, por ejemplo, la constitución sería un cuerpo normativo. La forma va unida a la materia del hombre.

La pura materia es lo que se podría decir un cadáver de una persona humana, que ya no contiene alma. Las formas puras son ideas, el alma de la persona donde su creador es dios. Sin forma el hombre no tendría alma. La materia pura es lo que plantea el  materialismo y la forma pura es lo que plantean el idealismo-nominalismo-racionalismo.

Por ejemplo la materia política se podría decir que es el territorio , las personas en el sentido corporal; y la forma es el alma del objeto.

La moderna teoría del estado, desde que es deudora de los mismos principios nominalistas e iluministas, es en verdad, una Teoría del Poder. Su objeto es el Estado, considerado apenas como estructura jurídica y como factor de Poder. Una Teoria de la Voluntad del Poder, tuvo lugar por vía, de la proyección del principio de inmanencia que, naciendo con el nominalismo de Ockham, creció en el seno del Racionalismo y se articuló como Iluminismo moderno y post-moderno. El idealismo crítico trascendental es el marco de referencia de la moderna Teoria del Estado y su consecuente Ética filosófica. El mismo constituye una categoría adecuada para caracterizar la moderna Teoría del Conocimiento, que sirve de fundamento para la Teoria del Estado. En ese nuevo contexto, Theoria  no es contemplación, sino construcción.

La filosofía Política y la Teoria del Estado poseen un momento científico contemplativo y otro eminentemente práctico. En su momento científico contemplativo la Teoria del Estado busca su lugar y justificación en el todo potestativo de la Filosofía General. La misión actual de la teoría del estado consiste más bien en formar buenos ciudadanos, antes que filósofos  y/o epistemólogos de la Política. Siendo esta segunda tarea más  importante en el orden cualitativo, la primera, la de formar hombres buenos, es la tarea más apremiante para nuestro tiempo.

 

 

 

 

La filosofía teórica de Kant ocupa un lugar central en el pensamiento de Arturo Sampay. En este sentido, la atención de Sampay se detuvo principalmente en la Critica de la Razón Pura. Con el idealismo trascendental, o fenomenismo de Kant, llega a su término el proceso iniciado por Descartes y se consuman plenamente las posibilidades idealistas, que antes de él, habían estado impedidas por la sustancialidad del yo pensante.

Tres rasgos de la teoría filosófica serán especialmente relevantes para la Teoria del Estado. En primer lugar, si en las cosas y entre ellas, en la comunidad política, no puede abstraerse esencia alguna, entonces se torna necesaria la actividad creativa del intelecto que todo lo recrea desde su propia actividad dominante. En segundo lugar, de esa actitud anti-metafísica se deduce el apriorismo de Kant, a los fines de una Epistemología Política. Ahora el yo pensante encuentra en las construcciones a priori de la inteligencia, el molde indispensable, a fin de reconstruir las cosas en la existencia. El tercer rasgo, al medirse la realidad política estatal de conformidad con esas construcciones a priori, en rigor la realidad política, liberada por Kant de la fantasía metafísica antigua y medieval, se remite a un puro debe ser, cuya base más firme no es tan solo la inteligencia pura, sino la voluntad de determinación entendida como causa eficiente del obrar y como traducción inmediata de ese deber ser creado por la inteligencia.  A partir de Kant, en el nivel espitemologico, la comunidad política no es más un todo orden constituido a partir de las dimensiones de la persona, sino tan solo una categoría jurídica-positiva que bien puede cristalizarse en la Constitución Jurídica del Estado. La realidad de esa comunidad de vida que es la comunidad política, quedo reducida pues a su mero estatuto jurídico positivo.

Tanto Descartes, como Kant, pusieron en el pensamiento el rasgo fundamental de la persona humana, y que ambos acentuaron la labor creativa de la inteligencia. Por ello, la teoría del estado en sus orígenes, se volcó principalmente hacia los problemas del tipo gnoseológico.

La originalidad del aporte de Sampay radica en haber fijado  de Kant, y en haber derivado desde allí, no tan solo las diversas formas del racionalismo y del idealismo filosófico político, sino principalmente, las formas totalitarias.

El sistema kantiano y por tanto, también las teorías del Estado deudoras del mismo, bien pueden ser consideradas como el resultado maduro de un cierto ateísmo especulativo. Kant no niega la existencia de Dios, pero afirma que es enteramente imposible para el hombre alcanzar una noticia acerca de la misma, a partir del conocimiento de la estructura ontológica de las cosas por El creador. Para Kant, la causa final queda sustituida por un a priori regulativo del juicio. Solo desde el punto de vista de la idea como tal, o si se prefiere, desde la perspectiva de un ideal regulativo, puede concebirse el todo estatal de base fuertemente normativa.  Sostiene que el hombre es por tanto, no solo un medio, sino un fin en sí mismo para el Estado de que forma parte. Kant completa esta idea, sosteniendo que aun cuando el hombre forme parte del todo estatal en la categoría doble de medio y fin, la idea del total que llamamos cuerpo estatal se define por la posición  relativa de sus componentes.

 

 

El mérito de Sampay, consistió en haber detectado que el voluntarismo ético, a su vez, fundado en el subjetivismo gnoseológico, acompaño la evolución del orden estatal desde sus formas tempranas hasta su consumación como Estado ateo y totalitario. La reflexión del autor argentino no nació abruptamente en el marco de su Introducción a la Teoria del Estado, sino que fue precedida por un lento proceso de maduración que podría identificarse con: 1- su crítica del llamado Estado de Derecho liberal burgués, en el contexto de un examen sociológico político, 2- con la crítica del modelo iluminista recibido y asumido como propio por los intelectuales argentinos que finalmente articularon el ethos de la Constitución 1853 mediante la crítica del modelo filosófico-político emergente del iluminismo. El jurista argentino ofrece un esbozo en las anticipadas de las Teorias del Estado propuestas, en la vertiente kantiana, por Hans Kelsen y en la derivación hegeliana, por Heller de quien, con todo, rescato su realismo básico.

A partir de sus tesis, no solo pudo comprenderse el alcance de la Reforma Constitucional de 1949, sino lo que es lo más importante, emergen de sus obras importantes sugerencias y nuevos rumbos estrechada mente relacionados con los más actuales problemas de la Política, que permanecen aún inexplorados. Sampay recogía importantes sugestiones de la lectura de las obras de los filósofos políticos y juristas, puestos posteriormente en la mira de su crítica de la Teoria del Estado de raíz iluminista.  Para el, Dios no es apenas el resultado de las indagaciones de la razón natural, sino el Creador que nos enseña acerca de cuestiones políticas y jurídicas a través de Sagradas Escrituras y del orden natural.

Sus exposiciones despertaron cierta sorpresa en quienes conocían su obra, pues al parecer Sampay, se proponía justificar ciertas conexiones entre el pensamiento clásico, que hasta ese momento venia defendiendo, y el de Marx. Tales concesiones, por los demás enteramente injustificadas dentro de la lógica de su argumentación anterior, dieron origen a los infortunios de Sampay en el seno de la intelectualidad católico a la que el mismo pertenecía.

Las tesis propuestas por Sampay constituyen el fruto maduro de las meditaciones que ya se vislumbran en sus escritos anteriores y no como creía Soaje, cuando solía decir que esa investigación era producto de un trabajo colectivo. Sampay ofreció el único modelo adaptado al derecho constitucional sobre bases auténticamente tomistas. Ello cobra especial relevancia hoy cuando una abrumadora mayoría entre los cultores de la Ciencia Política y del saber jurídico han abandonado casi por completo este tomismo. 

 

 

El concepto de orden puede definirse como definirse como un concepto limítrofe entre la Metafísica y la Moral. Si se lo interpreta desde el punto de vista de la Metafísica, el orden político al que llamamos Estado deberá reconocer al hombre como dado con su orden ínsito, sin pretender crearlo ex novo. Si en cambio, se lo interpreta desde el punto de vista de la Moral y la Política, entonces las consecuencias serán de dos niveles. La primera de ellas es de nivel teológico. El estado, como orden político, se encamina hacia aquel modo excelente de perfección del hombre como tal, al que llamamos Bien Común Político.

El hombre moderno no se proyecta hacia el Estado al modo de un orden microcosmos-inserto en la macrocosmos que es el orden natural, sino que se constituye en el fundamento por excelencia del orden político, y ello, tan solo a partir de su radical autonomía de determinación y discernimiento. A partir del reemplazo de la idea de naturaleza como Creación (Alberto Magno y Tomas de Aquino) por la naturaleza como mecanismo, objeto de dominación técnica por parte del hombre (Hobbes), ya no fue más la Voluntad Divina el sustento de las leyes de esa naturaleza, sino la voluntad humana, sustentada en la razón enteramente autónoma, la que se propuso como misión, racionalizar aquello que Dios nos entregó en estado caótico y por ende, sin significado alguno. Así pues, la Filosofía Política se tornó creacionista desde el punto de vista gnoseológico; voluntarista desde su perspectiva ética, totalitaria desde el punto de vista político y, como lógica consecuencia de ello, fuertemente normativa y coactiva desde el punto de vista jurídico. El orden jurídico positivo paso a ocupar el lugar de la Política, con el reemplazo de la Voluntad de Dios por la humana, el orden político paso a depender unilateralmente de un orden jurídico-positivo entendido solo como decisión humana.

El estado no parece ser otra cosa que un poder anónimo, que, ya se esconda bajo el mecanismo de la democracia electiva, o se proclame abiertamente como dictadura, está hoy en todas partes, protector, organizador y al mismo tiempo autoritario. El Estado de Derecho postulado por Kelsen, desde que constituye la traducción de jurídico-política de la decisión de Leviatán, es, en apariencia Estado de Derecho, más en su profunda realidad, Estado totalitario.

El bien que persigue el Estado es necesariamente un bien humano. Sus dimensiones serán por tanto, la una material y la otra espiritual, así como espiritual y material es la misma condición humana. He aquí el fundamento ontológico en virtud del cual delimitamos dos dimensiones en el interior de la idea compleja de Bien Común  Político, a saber, la espiritualidad y materialidad. El auténtico fundamento ontológico del Estado no es de otro que la persona humana, entendida como sustancia individual de la naturaleza racional. El jurista argentino describe, supuesta la justificación del Estado a partir de la persona humana, la composición ontológica del Estado desde sus causas metafísicas. Se trata de aquello que Sampay denomina la constitución natural, sustancia u ontología del Estado.

El discernimiento de la Teoria marxista del Estado, enteramente apoyado sobre un claro realismo filosófico-político, se desarrolla en la línea de la tesis de toda la crítica de Sampay al racionalismo filosófico político. En efecto, el marxismo no es otra cosa que la más acabada consumación de las deviaciones del pensamiento racionalista, iniciado por Descartes.

La teoría del Estado de Marx se apoya por un lado, sobre la base del aporte hegeliano, y por la otra, sobre la reducción antropológica del esquema de Hegel, operada por Feuerbach. La acción revolucionaria marxista constituye la superación de toda Metafísica, de toda religiosidad y de toda reflexión teológica. En síntesis, filosofía es sin más, acción revolucionaria.

Si la religión de modo general es exactamente idéntica con la esencia del hombre y no una religación con Dios, objetivamente existente y relevado, lo humano, lo sublimado y objetivado en su ámbito, es a su vez, según Marx, el resultado de las situaciones factico-políticas, tales como las injustas relaciones humanas de distribución de los bienes materiales. El propósito de Marx no era describir el estado como las ideas racionalistas o idealistas, sino transfórmalo. Los pasos progresivos de Marx van detrás de la rehabilitación de un concepto de lo real, que es totalmente opuesto al de Tomas de Aquino.

El marxismo seria la Filosofía Política más genial que pudo haber pensado el hombre. Mas al haber suprimido arbitrariamente aquella condición, se tornó la ideología más funesta y sangrienta que pudo nacer de la inteligencia humana. Las reflexiones en torno de Dios, acabaría con Feuerbach y Marx, en una reflexión política, entendida como una Teología inmanente, cuyo dios es el hombre. Pero no solo había llegado el momento del reinado del hombre, sino del hombre todopoderoso.

El materialismo acaba exaltando los aspectos rigurosamente materiales como motores y verdaderos orígenes de nuestra faena intelectual. Así por tanto, en el umbral del paraíso marxista estaba el purgatorio de Feuerbach. Dos son pues los elementos que Marx recibe de Hegel. En primer lugar, desde el punto de vista de su epistemología, el método dialectico. En segundo lugar, desde el punto de vista estrictamente filosófico, la auto-afirmación mediante la oposición respecto de lo negativo. Marx sostiene aunque modificado el pensamiento de Feuerbach que se trata de la reducción de la idea del hombre real. La novedad ofrecida por Marx consiste en detectar, dada la acentuación del materialismo, el auténtico origen de todas las alineaciones en las necesidades materiales insatisfechas. Así es, las ideas nacen por exigencias de una naturaleza material carenciada.

Marx sostenía que el hombre no es un ser abstracto, exterior al mundo real, sino que el hombre es en este mundo del hombre, el Estado, la Sociedad. El Estado, esta Sociedad, producen la religión, una conciencia errónea del mundo, porque constituye un mundo falso; la religión es la teoría general de este mundo, es la realización fantástica de la esencia humana, porque la esencia humana no tiene realidad verdadera.

En el marco del Idealismo y el Materialismo, la contemplación cedió su primacía a la acción. La acción fue en Hegel, puramente intelectual, para tornarse en Marx, praxis inmanente. Dicha praxis y las relaciones de intercambio producidas en su esfera constituyen el motor que genera nuestros anhelos y creencias. De este modo, la praxis precede a la contemplación. El hombre en tanto substancia individual de naturaleza racional y por otra parte, recuperando la relación de participación del ens con el esse, como Sampay lo hace, todo el edificio marxista quedaba desmantelado desde sus fundamentos. La traslación del Idealismo al Materialismo efectuada por Marx, permite comprender al hombre nada más que como un ser corpóreo y sensible. Como una maquina o un robot en movimiento al estilo hobbesiano. La teoría del estado de Marx, es ante todo acción redentora, revolucionaria y subversiva, esta teoría debía apoyarse sobre un relativismo kantiano, pero ahora condicionado por situaciones sociológico-

 

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La Teoría del Estado de Tomas de Aquino, implicó en la premodernidad, afirmar que la Fe sobrenatural estaba en el mismo nivel que la Ciencia y la Tecnología; lo que no implica que Magno fue quien más diálogo tuvo con sus precedentes. Tomas de Aquino pudo sobre la mesa la idea de un Dios Vivo, cuestión que en la modernidad ha sido olvidada ya que para Magno la Fe Católica es, en última instancia, la causa formalísima del obrar humano, siendo relevantes la Política y la Moral porque además están de acuerdo o no, con la Lex Divina.


 

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