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Sociedad y Estado

El Movimiento Obrero en los Orígenes del Peronismo 2do Cuat. de 2007

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El movimiento obrero en los orígenes del peronismo

Murmis y Portantiero.

El tema del texto trata sobre los orígenes del peronismo. En términos generales, el objetivo de los autores es analizar la forma de participación de la clase obrera y sus organizaciones en el régimen nacional popular (populismo) entendido este como una situación de desplazamiento en que llegan a encontrarse grandes contingentes de humanos, lo que los transforma en masas manipulables.

Los autores discuten, fundamentalmente, con las posturas teórico-académicas de Gino Germani y otros. En el análisis del proceso de industrialización sin intervensionismo social y la posterior emergencia de un régimen nacional y popular, estos autores analizan, en primer lugar, sólo un aspecto: el de la incorporación de contingentes de obreros “nuevos”; en segundo lugar, descartan el papel que los viejos obreros y sus organizaciones pueden llegar a tener en la estructuración de un movimiento populista. Así planteado, parece ser que habría una ruptura entre las viejas tradiciones sindicales con respecto a las nuevas. En este sentido, Murmis y Portantiero sostienen la idea de que no hay ruptura entre las viejas y nuevas organizaciones sindicales, sino, más bien, una relación de continuidad.

El objetivo más específico de Murmis y Portantiero es presentar un panorama del papel de los sectores obreros en el surgimiento del peronismo. En este sentido, plantean tres hipótesis: 1) en el surgimiento del peronismo hubo una intensa participación de organizaciones y dirigentes del sector de obreros “viejos”; 2) que no es pasiva y heterónoma la participación obrera en la constitución del movimiento nacional y popular; y 3) que la participación conjunta de obreros viejos y nuevos implicaba un proyecto social de continuidad programática con reclamos previos de las organizaciones obreras, como también, era ya una tendencia con antecedentes en el sindicalismo anterior al peronismo, la posibilidad de participación obrera en una alianza policlasista.

Los autores utilizan una serie de argumentos para reforzar las hipótesis planteadas. En primer lugar, el número total de sindicatos hacia 1941 era de 356 con cerca de 450.000 afiliados, cifra que no difiere demasiado del año 1945 en el que Perón llega al poder. Esto explica que el apoyo gremial al populismo fue instrumentado por una estructura sindical en lo esencial preexistente, sin que pueda hablarse de una discontinuidad marcada con el pasado inmediato. En líneas generales, la composición interna de los sindicatos era la misma durante el período 1941 - 1945.

Otro argumento, tiene que ver con las tendencias predominantes en el sindicalismo. Algunos autores plantean un punto de ruptura en 1943 en tanto finaliza la etapa del sindicalismo tradicional y comienza el sindicalismo de masas ligado al aparato del Estado. Sin embargo, hasta 1946 – 1947, las orientaciones del movimiento obrero se hallarán fuertemente ligadas con la secuencia anterior. Esto puede observarse ya desde 1930 en donde había un sector con una tendencia a establecer alianzas con sectores estatales y con un grupo de propietarios industriales. Entre 1930 y 1935, es un momento de extrema debilidad del movimiento obrero. Esta situación cambia a partir de 1935. La ocupación crece y la capacidad de negociación del sindicalismo se robustece. Estas distintas etapas marcaron ciertos realineamientos en la dirección de la CGT. Finalmente, hacia comienzos de la década del ´40, la situación del sindicalismo desde el punto de vista de las tendencias predominantes era la siguiente: por un lado la CGT (abarcaba la mayoría de los trabajadores sindicalizados, en cuya dirección participaban socialistas, comunistas y sindicalistas); por otro lado, la USA (liderada por sindicalistas); y, por último, los sindicatos autónomos.

En lo que refiere a las luchas obreras previas al peronismo, la capacidad de movilización de las organizaciones gremiales se iba acrecentando. Todo el período que arranca en 1939 se caracteriza por un crecimiento sostenido en los niveles de ocupación, mientras que el salario real se mantiene estancado. Esto lleva a la agudización de conflictos y de movilización hasta llegar a 1942 a cifras topes. El total de huelgas fue de 113 con un total de 39.685 huelguistas. Esto explica que en momentos previos al surgimiento del peronismo, el movimiento obrero estaba activo luchando por reivindicaciones salariales.

Un último argumento tiene que ver con la orientación del sindicalismo en los orígenes del peronismo. En 1943, la CGT se halla nuevamente dividida en dos sectores. Por un lado, la CGT N°1, que buscaba la máxima independencia de la CGT con respecto a los partidos políticos. Por otro lado, la CGT N°2, integrada por los gremios dirigidos por aquellos afiliados socialistas más integrados a la estructura partidaria y por los sindicatos dirigidos por los comunistas. El 27 de septiembre, el General Perón es designado Director del Departamento Nacional del Trabajo. A partir de ese momento, comienza a gestarse una etapa de relaciones entre el sindicalismo y el Estado: es el origen del peronismo. En junio de 1945, luego de un manifiesto de las entidades patronales en protesta contra la política del estado, comienzan las respuestas sindicales a favor del gobierno que culminaron con un mitín callejero con una consigna en defensa de las mejoras obtenidas por los trabajadores obtenidas por la Secretaría de Trabajo y Previsión. Este proceso culmina con los sucesos de octubre del ´45 y con la fundación del Partido Laborista, que tendría una gran influencia en la victoria electoral de Perón en 1946. Este sector gremial que apuntalará el surgimiento del peronismo, no hizo más que profundizar una tendencia preexistente por lo menos desde 1930. Por otro lado, estaba la otra coalición, es decir, la Unión Democrática. El choque entre ambas coaliciones representaba la contradicción de dos alianzas entre distintas clases y grupos sociales. El vuelco final del sindicalismo hacia el peronismo es la respuesta obrera frente a una ofensiva contra sus conquistas reivindicativas por parte de sectores de grandes propietarios, agrícolas y comerciantes.

Los autores concluyen que durante el proceso de génesis del peronismo tuvieron una intensa participación dirigentes y organizaciones gremiales viejas, participación que llegó a ser fundamental a nivel de los sindicatos y de la CGT y muy importante en el Partido Laborista. Es decir que más que la división o ruptura de interna de la clase obrera, Murmis y Portantiero subrayan la unidad de la misma como sector social sometido a un proceso de acumulación capitalista sin distribución del ingreso, durante el proceso de industrialización en la década del ´30. Esto produjo una serie de reivindicaciones que abarcaban al conjunto de la clase obrera y que el sindicalismo no pudo satisfacer hasta que en 1944 y 1946, a partir ciertas políticas estatales, se van solucionando. De esta manera, los sindicatos (viejos y nuevos) articulan una política de alianzas con un sector del aparato del Estado.