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Cs. Políticas Resumen del módulo sobre ESTADO para 1º Parcial Cátedra: Aznar 1º Cuat. de 2008 Altillo.com

ESTADO, GOBIERNO Y SOCIEDAD

Por Norberto Bobbio


7. Las Formas de Estado


Formas históricas


Se pueden distinguir las diferentes formas de Estado en dos criterios, el histórico y el referente a la expansión frente a la sociedad (basado en ideologías).

Con base en el criterio histórico la topología es la siguiente: Estado feudal, Estado estamental (Otto von Gierke y Max Weber), Estado Absoluto y Estado representativo. El Estado feudal, de un lado, caracterizado por el ejercicio acumulativo de las funciones directivas y por la disgregación del poder central en pequeños núcleos sociales, y de otro, el Estado burocrático caracterizado por una progresiva concentración y especialización de las funciones de gobierno. El “Estado estamental” es una organización política donde se han venido formando órganos colegiados, estados, individuos que tienen la misma posición social, estamentos, detentadores de derechos y privilegios que hacen valer mediante asambleas deliberantes como los parlamentos. Otto Hintze hace la distinción entre estados con dos asambleas como Inglaterra con la Cámara de los Lores (el clero y la nobleza), y la Cámara de los Comunes (la burguesía), y con tres como Francia con, respectivamente el clero, la nobleza y la burguesía. Mas la formación de instituciones de intereses de grupo que hacen contrapeso al príncipe.

Ninguna monarquía se vuelve tan absoluta que haya suspendido todo poder intermedio (el Estado absoluto no es un Estado total). Montesquieu enuncia que la monarquía se distingue del despotismo porque el poder esta balanceado por los cuerpos intermedios. También para Hegel, mientras el déspota ejerza su poder sin intermediarios, “el monarca puede confiar una parte del ejercicio de los poderes particulares a colegios y también a clases del reino”. El Estado estamental se distingue del feudal por una gradual institucionalización de los contrapoderes y por la transformación de las relaciones personales a institucionales; de un lado la asamblea, de otro el rey con sus funcionarios que terminan por tener éxito dando origen al Estado burocrático característico de la monarquía absoluta; la diferencia con el Estado absoluto radica en la contraposición de poderes en conflicto que el advenimiento de la monarquía absoluta tiende a suprimir.

La formación del Estado absoluto es una concentración y centralización del poder sobre un territorio. Por concentración se entiende poderes que ejercen soberanía, dictan leyes para toda la colectividad (las costumbre son consideradas derecho valido solo en cuanto se presumen aceptadas y toleradas por el rey), el poder jurisdiccional, usar la fuerza al interior y al exterior, el poder de imponer tributos, atribuidos por los jurista y ejercidos por el rey y los funcionarios que dependen de él. Por centralización se entiende la eliminación de ordenamientos jurídicos inferiores, de los cuales sobrevivieron los autorizados y tolerados por el poder central. En Leviatán de Hobbes, se lee que de los sistemas regulares los únicos absolutos e independientes son los estados: todos los demás, ciudades, sociedades comerciales, son subordinados del poder soberano y legítimos solo en cuanto son reconocidos por él.


El estado representativo


El Estado representativo; primero monarquía constitucional y luego parlamentaria, en Europa y bajo la forma de republica presidencialista en Estados Unidos; se afirma como el resultado de un compromiso entre el poder del príncipe cuya legitimidad es la tradición y el poder de los representantes del pueblo (la burguesía), cuya legitimidad es el consenso. La diferencia con el Estado estamental radica en el hecho que la representación corporativa es sustituida por la representación de los individuos a lo que se les reconocen derechos políticos. El Estado representativo cuyos sujetos soberanos ya no son ni el príncipe investido por Dios, ni el pueblo como sujeto colectivo indiferenciado, está el descubrimiento y la afirmación de los derechos naturales del individuo, de derechos que todo individuo tiene por naturaleza y por ley, estos son originarios y no adquiridos. El reconocimiento de los derechos del hombre y del ciudadano, el Estado ya no considerado ex parte principis sino ex parte populi. El individuo es primero que el Estado, de manera que este es para el individuo. Las partes son primero que el todo.

El reconocimiento de la igualdad de los hombres que es el postulado ético de la democracia, no quiere decir que los estados representativos la hayan reconocido desde el principio. El desarrollo del Estado representativo coincide con las fases sucesivas de la ampliación de los derechos políticos hasta el sufragio universal masculino y femenino, haciendo necesaria la construcción de partidos organizados, a tal punto que provoco un cambio sensible en el propio sistema de representación que está permeada por asociaciones que organizan las elecciones y reciben una delegación en blanco de los electores. Mientras en un sistema político representativo con sufragio restringido los individuos son los que eligen un individuo y los partidos se forman dentro del parlamento, en cambio en uno con sufragio universal los partidos se forman fuera del parlamento y los electores seleccionan un partido mas que una persona. Esta alteración ha llevado a la transformación del Estado representativo en Estado de partidos, grupos organizados con base en los intereses de clase o presuntamente generales. Max Weber dice que el procedimiento normal para alcanzar las decisiones colectivas es el compromiso entre las partes y no la regla de la mayoría. Él hizo esta observación a propósito del Estado estamental. Ahora que esta valga para los actuales sistemas de partido, en los que las decisiones colectivas son el fruto de negaciones y acuerdos entre los grupos que representan fuerzas sociales (los sindicatos) y fuerzas políticas (los partidos). La regla de la mayoría se efectúa para cumplir con el principio constitucional, los órganos capaces de tomar decisiones para toda la colectividad son las asambleas utilizan el procedimiento de la contratación, que con base en la teoría de los juegos, una deliberación tomada por mayoría es el efecto de un juego cuyo éxito es suma cero; una deliberación tomada mediante un acuerdo entre las partes es el efecto de un juego cuyo éxito es a suma positiva.


Los estados socialistas


El Estado representativo como se formo en Europa en los últimos tres siglos es todavía hoy el modelo ideal de las constituciones escritas, incluso allí donde de echo están suspendidas o son aplicadas mal.

Los estados que no entran en esta clasificación en son los estados socialistas. No es fácil decir cual es la forma de Estado que ellos representan al ser demasiado grande la diferencia entre los principios constitucionales oficialmente proclamados y la realidad de hecho, entre la constitución formal y material.

A falta de una definición oficial, las caracterizaciones comunes son con frecuencia interpretaciones parciales y polémicas, intentos de ubicar el elemento o los elementos predominantes. Se pueden señalar algunos: a diferencia del Estado moderno que tiene como consecuencia de la racionalización formal la ampliación del aparato burocrático despersonalizante y la transformación del Estado tradicional en Estado legal-racional, y de la previsión del advenimiento de un Estado burocrático en un universo complemente colectivizado, una de las interpretaciones mas comunes del Estado soviético, es la que lo considera un Estado burocrático dominado por una oligarquía que se renueva por coptación.

Pero una burocracia administrativa no gobierna. La diferencia esencial entre las democracias representativas y los estados socialistas esta en el contraste entre sistemas multipartidistas y sistemas monopartidistas. El dominio de un partido quizás constituye el verdadero elemento característico de los estados socialistas de inspiración leninista. El motor inmóvil del sistema es el partido que detenta el poder político y el ideológico, un soberano cuya legitimidad deriva del considerarse el único interprete autentico de la doctrina.

El análisis de los estados con partido único omniinvadente y omnipotente ha dado origen a la figura del Estado total o totalitario, en donde el Estado extiende su control sobre todo comportamiento humano ya que la sociedad civil entendida en términos marxistas es la esfera de relaciones económicas.


Estado y no-Estado


En el Estado totalitario toda la sociedad esta resuelta en el Estado, en la organización del poder político que reúne en si al poder ideológico y al poder económico. No hay espacio para el no-Estado. El Estado se ha debido siempre enfrentar al no-Estado en su doble dimensión de la esfera religiosa y de la esfera económica. El estado hobbsiano, que si bien subordina la Iglesia al Estado y prohíbe las teorías sediciosas asume el monopolio del poder ideológico, pero deja la mas amplia libertad económica a sus súbditos. En sentido inverso del Estado ético de Hegel, que también a sido llamado Estado-todo. La presencia del no-Estado siempre ha constituido un límite de hecho y de principio a la expansión del Estado. No debe confundirse al límite que el Estado recibe de la presencia más o menos fuerte del no-Estado con los límites jurídicos del poder político.

Mientras en el mundo clásico el no-Estado bajo la forma de la republica universal es un ideal de vida, no una institución, con la difusión del cristianismo el no-Estado se vuelve una institución con la que el Estado tiene que vérselas.

En una doctrina sobre la primacía del no-Estado, el Estado se resuelve en la determinación y ejercicio legitimo del poder coactivo, de un poder meramente instrumental en cuanto presta sus servicios, indispensable pero por su misma naturaleza inferior. Esta misma representación instrumental del Estado se presenta cuando el no-Estado que muestra sus propias pretensiones de superioridad frente al Estado es la sociedad civil-burguesa.

La principal consecuencia de la primacía del no-Estado sobre el Estado es una vez mas una concepción instrumental del Estado, su reducción al elemento que lo caracteriza, el poder coactivo, cuyo ejercicio al servicio de los detentadores del poder económico debería ser el de garantizar el desarrollo autónomo de la sociedad civil, transformándolo en un “brazo secular” de la clase económicamente dominante.


Estado máximo y estado mínimo


Desde el punto de viste del Estado las relaciones con el no-Estado varían de acuerdo con la mayor o menor expansión del primero hacia el segundo. Se pueden distinguir dos tipos ideales: el Estado que asume tareas del no-Estado y el Estado indiferente o neutral.

El referencia a la esfera religiosa, Estado confecional y Estado laico; en referencia a la esfera económica, Estado interventista y Estado abstencionista. En el caso del Estado confecional, este se preocupa del comportamiento religioso, impidiendo toda manifestación de disenso y persiguiendo a los disidentes, así el Estado que no considera para si extraña las relaciones económicas asume como propia una determinada doctrina económica. Así el Estado confecional como el Estado intervencionista pueden coincidir en la figura del Estado eudemonológico. El Estado liberal se contrapone a la anterior por ser laico y abstencionista. También es definido como Estado de derecho por garantizar jurídicamente el crecimiento de la libertad religiosa y económica.

El Estado-policía (o gendarme), desmonopolizador del poder ideológico, se contrapone al Estado-providencia, desmonopolizador del poder económico. Al Estado le queda el monopolio de la fuerza mediante la cual debe ser asegurada la circulación libre de las ideas y de bienes. El Estado confecional reapareció bajo la forma de Estado doctrinal, el Estado que asume la tarea de dirigir la economía reapareció bajo la forma de Estado socialista y en referencia solamente al sistema distributivo y no al productivo, en el llamado Estado social o de justicia, promovido por los partidos socialdemócratas.

Se presentan dos interpretaciones opuestas acontecidas en referencia al Estado liberal, aquello que los interpretes benévolos llaman Estado de justicia social, es para los críticos de izquierda el “Estado del capital”, un sistema de poder del cual el sistema capitalista se sirve para sobrevivir y continuar prosperando.


8. El fin del Estado


La concepción positiva del Estado


La tesis de Engels, según la cual el Estado, así como ha tenido un origen tendrá un final, y terminara cuando vengan a menos las causas que lo han producido. Es preciso distinguir en final del Estado de la crisis del Estado, en referencia al tema de la creciente complejidad y a la consecuente ingobernabilidad de las sociedades o bien al fenómeno del poder difuso. Por crisis del Estado se entiende, de parte de los escritores conservadores, crisis del Estado democrático, que ya no logra hacer frente a las demandas, de parte de los escritores socialistas, crisis del Estado capitalista que ya no logra dominar el poder de los grandes grupos de interés en competencia entre si. Estas crisis de Estado deberían dar vida a una nueva forma de Estado, supuestamente mejor que la anterior.

El tema del fin del Estado esta íntimamente vinculado con la contraposición entre la concepción positiva y la negativa. Quien da un juicio positivo no deseara nunca del fin del Estado sino el desarrollo de sus instituciones hasta la formación del Estado Universal.





“EL ESTADO”, NI CON MARX NI CONTRA MARX

Por Norberto Bobbio


VII. MARX Y EL ESTADO


Marx y el problema del Estado


Por “marxismo” se entiende “doctrina”.

Marx no escribió ninguna obra de teoría de Estado. Él había llegado a la conclusión de “que ni las relaciones jurídicas como las formas de Estado pueden comprenderse ni por si mismas ni por las así llamada evolución general del espíritu humano, sino que tienen sus raíces, mas bien, en las relaciones materiales de la existencia”.

Aunque no hay obras de teoría concretas sobre el Estado, se pueden subrayar la presencia de dos (o quizás tres o cuatro) teorías paralelas.

A partir de la crítica a la filosofía del derecho y del Estado de Hegel, que lo lleva a un trastocamiento de la relación tradicional entre sociedad y Estado, Marx propone una teoría del estado estrechamente ligada con la teoría general de la sociedad y de la historia que él recaba del estudio de la economía política. Esta teoría general le permite dar una interpretación y hacer una critica del Estado burgués, y dar una interpretación y formular algunas propuestas relativas al Estado que deberá seguir a aquel burgués; por ultimo, deducir el final o la extinción del Estado.


La critica de la filosofía política hegeliana


Lo que Marx critica es el método especulativo de Hegel del método según el cual lo que debería ser predicado, la idea abstracta, se vuelve sujeto, y lo que debería ser el sujeto, lo concreto, se vuelve predicado. Hegel partiendo de la idea abstracta de soberanía, formula, “la soberanía del Estado es el monarca”, mientras, partiendo de la observación de la realidad, “el monarca tiene el poder soberano”. Para el filósofo no especulativo la pera es un fruto, mientras que para el especulativo el fruto se pone como pera.

También critica y rechaza ese mismo planteamiento del sistema de la filosofía de Hegel, fundado sobre la prioridad del Estado sobre la familia y sobre la sociedad civil (es decir sobre las esferas que precede al mismo). No tiene caso detenerse sobre todas la criticas basta decir las mas importantes que son, la concepción del Estado como organismo, la exaltación de la monarquía constitucional, la interpretación de la burocracia como clase universal, la teoría de las representación por sectores contrapuesta al sistema representativo nacido de la Revolución francesa, el rechazo del método especulativo. Esta última lleva a Marx a detener la propia atención sobre la sociedad civil que sobre el Estado y a entrever la solución del problema político no va en la subordinación de la sociedad civil al Estado sino, en la absorción del Estado por parte de la sociedad civil.


El Estado como superestructura


La filosofía política moderna tiende a ver en la sociedad anterior al Estado una subestructura destinada a ser resuelta en la estructura del estado. Marx considera al Estado, entendido como el conjunto de las instituciones políticas, en que se concentra la máxima fuerza imponible y disponible en una determinada sociedad como una superestructura respecto a la sociedad prestatal, que es el lugar donde se forman y se desarrollan las relaciones materiales de existencia y, en cuanto superestructura, destinado a desaparecer a su vez en la futura sociedad sin clases. Es evidente que la filosofía de la historia de los escritores anteriores avanza hacia un perfeccionamiento siempre mayor del Estado, al contrario la de Marx avanza a la inversa.

Dice Marx – en La ideología alemana –, La vida material de los individuos, que no depende efectivamente de su pura “voluntad”, su modo de producción y la forma de relaciones que se condicionan mutuamente, son la base real de Estado y continúan siéndolo en todos los estados en que son todavía necesarias la división del trabajo y al propiedad privada, completamente independiente de la “voluntad” de los individuos. Estas relaciones reales no son creadas por el poder del Estado; son más bien el poder que crea a aquel.

Continua – en el prefacio de Para una critica de la economía política – , El conjunto de esas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, o sea la base real sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la cual corresponde formas determinadas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida.

Contra la “superstición política”, es decir contra la sobre valoración del Estado, el ataque de Marx, esto le hace decir – en La cuestión judía – , que la Revolución francesa no ha sido una revolución consumada, porque ha sido solo una revolución política, y que la emancipación política no es todavía la emancipación humana. En fin una revolución política, no es una verdadera revolución.


El Estado burgués

como dominio de clase


El condicionamiento de la superestructura política por parte de la estructura económica o la dependencia del Estado de la sociedad civil, se manifiesta en que la sociedad civil es el lugar en donde se forman las clases sociales y expresan su antagonismo, y el Estado es el aparato o el conjunto de los aparatos, de los cuales el determinante es el aparato represivo (el conjunto de fuerza monopolizada), cuya función principal es impedir que el antagonismo degenere en lucha, no ya mediando intereses de clase contrapuestas sino reforzando el dominio de una clase sobre otra, de este modo como dice Marx, el “poder político” es “el poder organizado de una clase para la opresión de otra”.

El Estado burgués, es decir aquella fase del desarrollo de la sociedad civil en que losa órdenes se transforman en clases y la propiedad en cuanto privada se emancipo del Estado, este “no es otra cosa que la forma de organización que los burgueses se dan por necesidad a fin de garantizar su propiedad e intereses”. “El Estado es la forma en que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en que sintetiza toda la sociedad civil en una época”.

Que en ciertos periodos de crisis, en que el conflicto de clases se vuelve mas agudo, la clase dominante cede o sea constreñida a ceder su propio poder directo, que ejercita a través de un parlamento (comité de asuntos de la burguesía), a un personaje que aparece por encima de las partes, esto no significa que el Estado cambie su naturaleza, es pura y simplemente el paso de las prerrogativas soberanas dentro del mismo Estado burgués. Si la burguesía renuncia a su propio poder directo, es decir al régimen parlamentario, para confiarse al dictador, esto sucede porque considera, que en un momento difícil este asegura su dominio en la sociedad civil, que es mas valioso que el dominio del parlamento, es decir “que para mantener intacto su poder social debe ser destrozado su poder político”, o mas burdamente “que para salvar su bolsa debe perder su corona”.


El Estado de transición


Marx confirma ahí donde plantea el problema del paso del Estado en el cual la clase dominante es la burguesía al Estado en que será el proletariado. Sobre este problema será inducido a meditar por el episodio de la Comuna de París, del cual dirá – el El 18 brumario de Luís Bonaparte – “todas las sublevaciones no hicieron mas que perfeccionar esta maquina (el estado) en vez de destrozarla”, “la próxima revolución no consistirá en el cambio de manos de la maquina militar y burocrática, sino en destrozarla, y esta será condición preliminar de toda revolución”. Marx dice que la unidad de la nación debía volverse una realidad, refiriéndose al hecho de la Comuna. Ahora habla de esta como de una nueva forma de Estado que “destroza” el moderno poder estatal, y que sustituye al viejo gobierno centralizado con “el autogobierno de los productores”.

Para Marx la dependencia con respecto al poder estatal del poder de clase es tan estrecha que el paso de la dictadura de la burguesía a la del proletariado exige la destrucción de sus instituciones y la creación de otras diferentes. Si el Estado fuese tan solo un aparato neutral por encima de las partes, la conquista o hasta la sola penetración en el, serian suficientes para modificar la situación existente. El Estado no es una maquina que cada uno puede manejar a su antojo: cada clase dominante debe formar una según sus exigencias.

Marx aconseja, reflexionan a partir de lo ocurrido en la Comuna, lo siguiente: supresión del ejercito permanente y de la policía asalariada, y su sustitución por el pueblo armado; funcionarios de elección o bajo control popular, responsables y revocables; jueces elegibles y revocables; sufragio universal para la elección de los delegados con mandato imperativo y revocables; abolición de la separación de poderes y descentralización para reducir a pocas y esenciales las funciones del gobierno central. Marx llamo a esta nueva forma de Estado “gobierno de la clase obrera”, mientras que Engels, de la forma más conocida, “dictadura del proletariado”. Siempre el poder político era el poder de una clase organizada para oprimir a otra, el proletariado no habría podido ejercer su dominio sino convirtiéndose en clase dominante.

Marx, en una carta a Joseph Weydemeyer confiesa que la existencia de las clases esta ligada a determinadas fases de desarrollo histórico de la producción, que la lucha de clases necesariamente conduce a la dictadura del proletariado, y que esta constituye el paso a la supresión de todas las clases y a una sociedad sin clases.

“Entre la sociedad capitalista y la comunista existe un periodo de transformación revolucionaria y uno político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”.


La extinción del Estado


Todos los estados son dictadura de una clase, a diferencia de las otras, la del proletariado será la dictadura de la mayoría oprimida sobre la minoría, destinada a desaparecer, por tener como objetivo la eliminación de las clases tiende a la extinción del instrumento de dominio clasista, el Estado.

Si el proletariado mediante la lucha se convierte en clase que mediante la revolución pasa a ser dominante, y como tal, destruye las viejas relaciones de producción y al hacer elimina las condiciones de existencia del antagonismo de clase y a esta, y por consiguiente su propio dominio de clase.

El Estado proletario se diferencia por estar destinado a ser el ultimo, no se apodera del viejo Estado sino que lo elimina y crea uno nuevo, elimina al Estado burgués y no al Estado, y al crear este nuevo sienta las bases de la sociedad sin Estado.

Estas cosas son lo que diferencia al marxismo de la socialdemocracia y del anarquismo, ya que el primero conquista el Estado burgués, no lo destroza; y la segunda considera que se puede destruir el Estado sin pasar por el Estado de transición.


ECONOMIA Y SOCIEDAD. ESBOZO DE SOCIOLOGIA COMPRENSIVA

Por Max Weber


CONCEPTOS SOCIOLOGICOS FUNDAMENTALES


Poder y Dominación


Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.

Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas; por disciplina debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia simple y automática.

El concepto de poder es sociológicamente amorfo, ya que cualquiera esta en condiciones de imponer su voluntad. El concepto de dominación es mas preciso, significa la probabilidad de que ese mandato sea obedecido.

El concepto de disciplina encierra la “obediencia habitual” sin resistencia ni critica.

La situación de dominación es alguien mandando eficazmente a otro. Una asociación se llama asociación de dominación cuando sus miembros están sometidos a relaciones de dominación en virtud del orden vigente.

Una asociación es siempre en algún grado asociación de dominación por la simple existencia de su cuadro administrativo, en cuanto tal, es normalmente asociación administrativa. Esta está determinada por la forma en que se administra, por el carácter del círculo de personas que lo hace, por los objetos administrados y por el alcance de la dominación.

Una asociación de dominación debe llamarse asociación política cuando dentro un ámbito geográfico determinado, estén garantizados de un modo continuo por la amenaza y la aplicación de la fuerza física por parte de un cuadro administrativo.

Por estado debe entenderse un instituto político de actividad continuada cuando y en la medida es que su cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente.

No es la coacción física el único medio administrativo, ni tampoco el normal. Sus dirigentes utilizan todos los medios posibles para la realización de sus fines. Pero su amenaza y eventual empleo es ciertamente su medio específico y la última ratio cuando los demás medios fracasan.

Caracteriza hoy formalmente al estado el ser un orden jurídico y administrativo – cuyos preceptos pueden variarse – por el que se orienta la actividad – “acción de la asociación” – del cuadro administrativo (a su vez regulada por preceptos estatuidos) y el cual pretende calidez no solo frente a los miembros de la asociación sino también respeto a toda acción ejecutada en el territorio a que se extiende la dominación. Hoy solo existe coacción “legitima” en tanto que el orden estatal la permita. Este carácter monopólico del poder estatal es una característica tas esencial de la situación actual como lo es el de institución y de empresa continuada.


SOCIOLOGIA DE LA DOMINACION


Sociología del estado


El estado racional como asociación de dominio institucional

con el monopolio del poder legitimo


Una asociación “política” y en particular un “Estado” no se pueden definir por el contenido de lo que hacen. El Estado moderno solo puede definirse en última instancia a partir de un medio específico que, lo mismo que toda asociación política, le es propio, a saber: el de la coacción física. “Todo Estado se basa en la fuerza” (Trotsky). Por supuesto, la coacción física no es en modo alguno el medio normal o único del Estado pero si su medio especifico. El Estado es aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio reclama para sí el monopolio de la coacción física legítima. Porque lo especifico de la actualidad es que a las demás asociaciones o personas individuales solo se les concede el derecho de la coacción física en la medida en que el Estado lo permite.

El que hace política aspira a poder: poder, ya sea como medio al servicio de otros fines – ideales o egoístas –, o poder “por el poder mismo”, o sea para gozar del sentimiento de prestigio que confiere.

El Estado es una relación de dominio de hombres sobre hombres basada en el medio de la coacción legítima. Para que subsista es menester que los hombres dominados se sometan a la autoridad de los que los dominan en cada caso. Cuando y por que lo hagan, puede comprenderse cuando se conocen los motivos internos de justificación y los medios externos en los que la dominación se apoya.

Motivos de legitimidad de una dominación hay tres en principio. Primero, la autoridad del “pasado”, de la costumbre consagrada por una validez inmemorial y la actitud habitual de su observancia: es esta la dominación “tradicional”. Luego, la autoridad del don de gracia personal extraordinario (carisma), o sea la devoción totalmente personal y la confianza personal en relevaciones, heroísmo y otras cualidades en caudillaje del individuo: dominación “carismática”. Y, finalmente, la dominación en virtud de “legalidad”, o sea en virtud de la creencia en la validez de un estatuto legal y de la “competencia” objetiva fundada en reglas racionalmente creadas, es decir: disposición de obediencia en el cumplimiento de deberes conforme a estatuto. Si se pregunta por lo motivos de “legitimidad” de dicho sometimiento, entonces nos encontramos con esos tres tipos “puros”.

La dominación en virtud de devoción de los dominados al “carisma” puramente personal del “caudillo”. Tiene aquí sus raíces la idea de la vocación en su expresión suprema. El caudillaje ha aparecido en todos los terrenos y en todas las épocas históricas. Pero es peculiar del Occidente: el caudillaje político primero en la figura del “demagogo” libre, que solo se desarrollo en el terreno de la ciudad-estado, propio y exclusivamente de la civilización occidental y ante todo mediterránea, y luego del “jefe de partido” parlamentario, que también solo creció en el ámbito del Estado constitucional occidental.

Toda empresa de dominio que requiere una administración continua necesita por una parte la actitud de obediencia en la actuación humana con respecto a aquellos que se dan por portadores del poder legitimo y, por otra parte, por medio de dicha obediencia, la disposición de aquellos elementos materiales eventualmente necesarios para el empleo físico de la coacción, es decir: el cuerpo administrativo personal y los medios materiales de administración.

El cuerpo administrativo no se halla ligado a la obediencia frente al detentador del poder por sola legitimidad, sino además por otros dos medios que apelan directamente al interés personal: retribución material y honor social. En los feudos las prebendas y el sueldo constituyen la paga, y el temor de perderla constituye el fundamento último y decisivo de la solidaridad del cuerpo de la administración con el soberano.

Para el mantenimiento de todo dominio por la fuerza se necesitan además determinados elementos materiales externos, clasificados en dos grupos, según que se funden en el principio de que las personas que constituyen el cuerpo con cuya obediencia el soberano ha de contar poseen en propiedad lo medios de administración, ya se trate de dinero, edificios, material bélico, lotes de automóviles, o que, por el contrario, el cuerpo administrativo este “separado” de los medios de administración. O sea, pues, según que el soberano tenga organizada la administración por cuenta propia y la haga funcionar por medio de servidores, empleados, favoritos o personas de confianza que no son propietarios, esto es, poseedores por derecho propio de los medios materiales de la empresa, sino que es el señor el que en el ejercicio de los mismos los dirige, o que ocurra lo contrario.

La asociación política en que los medios materiales de la administración se encuentran total o parcialmente en el poder propio del cuerpo administrativo dependiente la designaremos como articulada “en clases”.

Sin embargo, encontramos también, la administración por cuenta propia del señor. En tanto que en la asociación “en clases” el señor gobierne con al ayuda de una “aristocracia” autónoma, o sea que comparte el poder con ella, aquí, en cambio, se apoya en siervos domésticos o en plebeyos, o sea en capas desposeídas, carentes de honor social propio, que le estén materialmente ligadas por completo y no disponen de poder propio concurrente alguno. El ordenamiento estatal burocrático caracteriza al Estado moderno.

El Estado moderno es una asociación de dominio de tipo institucional, que en interior de un territorio ha tratado con éxito de monopolizar la coacción física legitima como instrumento de dominio, y reúne a dicho objeto los medios materiales de explotación en manos de sus directores pero habiendo expropiado para ello a todos los funcionarios de clase autónomos, que anteriormente disponían de aquellos por derecho propio, y colocándose a si mismo, en el lugar de ellos, en la cima suprema.


La empresa estatal de dominio como administración.

Dirección política y burocracia


En el Estado moderno, el verdadero dominio, consiste en el manejo diario de la administración, se encuentra necesariamente en manos de la burocracia. Los mismo que el llamado progreso hacia el capitalismo constituye la escala unívoca de la modernización de la economía, así constituye también el progreso hacia el funcionamiento burocrático, basado en el empleo, en sueldo, pensión y ascenso, en la preparación profesional y la división del trabajo, en competencias fijas, e el formalismo documental y en la subordinación del Estado. Funcionarios a sueldo deciden acerca de las necesidades y las quejas de cada día. Y, en la administración municipal, el avance del burocratismo se produce en condiciones sólo ligeramente modificadas. Y en cuanto mayor es el municipio o cuanto más inevitablemente se va despojando, en virtud de la formación de asociaciones de fines específicos condicionadas técnica o económicamente, de sus rasgos autóctonos orgánicos locales, tanto más rápido es aquel avance.

La disposición de medios está en manos de aquel poder al que el aparato de la burocracia (jueces, funcionarios, oficiales, capataces, empleados, suboficiales, etc.) obedece o cuya llamada atiende; aquel aparato igualmente característico de todas aquellas formaciones y cuya existencia y función están ligadas indisolublemente a aquella “concentración de los medios materiales de explotación”.

Pero también históricamente, el “progreso” hacia lo burocrático, hacia el Estado que juzga y administra, está en la conexión más intima con el desarrollo capitalista moderno.

Hay dos maneras de hacer de la política una profesión. Se vive “para” la política, o “de” la política. Por lo regular, ambas cosas van juntas. El que vive “para” la política “hace de ella su vida”. En ese sentido interior, toda persona que vive para una causa vive también al propio tiempo de dicha causa. La distinción se refiere a un aspecto económico. Desde este punto de vista, vide “de” la política como profesión el que aspira a hacerse de ella una fuente permanente de ingreso, y vive “para” la política aquel en quien no suceda tal cosa. Para que alguien pueda vivir “para” la política han de darse determinados supuestos: ha de ser independiente de los ingresos que la política le pueda reportar. Y en condiciones normales esto significa que ha de poseer bienes de fortuna o ha de tener una posición privada que le rinda ingresos suficientes.

La dirección de un Estado o de un partido por personas que viven exclusivamente para la política y no de ella implica necesariamente un reclutamiento “plutocrático” de las capas políticamente dominantes. No se afirma al propio tiempo que la capa políticamente dominante no trate también de vivir “de” la política, o sea que no trate de aprovechar su dominio político en beneficio de sus intereses económicos privados. Los políticos profesionales no se ven directamente obligados a buscar para su actividad política una retribución, como ha de hacerlo obviamente el que carece de bienes de fortuna propios. Y esto tampoco significa que los políticos carentes de tales bienes tengan sólo o preponderantemente en vista sus intereses privados en la política, o que no piensen, o no piensen principalmente, “en la causa”. Para el hombre acaudalado, la preocupación por su “seguridad” económica constituye consciente o inconscientemente un punto cardinal de su orientación vital. En cambio, el idealismo totalmente desinteresado y sin prevenciones se encuentra, si no exclusiva sí por lo menos precisamente, en las capas que, debido a la falta de bienes de fortuna, están por completo al margen de los círculos interesados en el mantenimiento del orden económico de una sociedad determinada, siendo esto así, en particular, en las épocas excepcionales, es decir: revolucionarias. La política puede ser honorífica, y practicarse en este caso por personas de las que suelen designarse como “independientes” económicamente. El político profesional que vive “de” la política puede ser o un punto “prebendario” o un “funcionario” a sueldo.

El desarrollo de la política en “empresa”, que requería una preparación en la lucha por el poder y en los métodos de la misma, tales como el sistema moderno de los partidos los ha ido desarrollando, imponía ahora la separación de los funcionarios públicos en dos categorías, no sin duda totalmente, pero sí claramente distintas: la de los funcionarios profesionales por una parte y la de los funcionarios “políticos” por la otra.

El verdadero funcionario de acuerdo con su propia profesión, no ha de hacer política, sino que ha “administrar” y de modo imparcial; y esto es así también por los que se refiere a los llamados funcionarios administrativos “políticos”, en la medida en que no se plantee la “razón de Estado”, es decir: en la medida en que no estén afectados los intereses vitales del orden dominante. El funcionario ha de ejercer su cargo “sin cólera ni prejuicio”. No ha de hacer precisamente aquello que el político ha de hacer siempre y necesariamente, esto es, luchar. Porque el partidarismo, la lucha y la pasión constituyen el elemento del político. La actuación de éste se mueve por efecto bajo un principio de responsabilidad muy distinto, y aun directamente opuesto, de aquel del funcionario. El honor del funcionario está en su capacidad para, cuando pese a sus representaciones el superior jerárquico persiste en una orden que a aquél le parece errónea, ejecutarla bajo la responsabilidad del mandante con la misma escrupulosidad que si correspondiera a su propia convicción. Sin esta disciplina, moral en el sentido más alto del vocablo, y sin esta abnegación, todo el aparato se vendría abajo.

Y el honor del jefe político está precisamente en asumir con carácter exclusivo suyo la responsabilidad de todo lo que hace, responsabilidad que no puede ni debe declinar o descargar en otros. Los funcionarios de moral elevada suelen ser malos políticos, sobre todo en el concepto político de la palabra “irresponsable”, en posiciones directivas. Esto es lo que designamos como “burocracia”.

La burocracia moderna se distingue por una cualidad que refuerza su carácter de inevitable de modo considerablemente más definitivo, a saber: por la especialización y la preparación profesionales racionales. Pero allí donde el funcionario profesional preparado llega a dominar, su poder es sencillamente inquebrantable, porque entonces toda la organización del abastecimiento vital más elemental se halla cortada por el patrón de sus servicios. Las burocracias privada y pública, que ahora trabajan una al lado de la otra y, por los menos posiblemente, una contra otra, manteniéndose hasta cierto punto mutuamente en jaque.

Un funcionario que recibe una orden en su opinión equivocada, puede formular reparos. Pero si el superior jerárquico la mantiene a pesar de ello, entonces el deber del funcionario, y no sólo su deber sino también su honradez, están en ejecutarla como si correspondiera a su convicción, mostrando con ello que su sentido del deber inherente al cargo está por encima de su amor propio. Pero si no tiene el valor de decirle a su señor: o se me da ahora tal o cual instrucción o renuncio, entonces no es más que un “pegote”, como ha calificado Bismarck a ese tipo de funcionarios, y no un jefe. El funcionario ha de estar “por encima de los partidos”, lo que en realidad significa fuera de la lucha por el poder en relación con su causa, constituye el elemento vital tanto del político como del empresario.








EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA

Por Kart Marx y Friedrich Engels


I

Burgueses y proletarios.


Toda la historia de la sociedad humana es una historia de luchas de clases.

Esta lucha conduce a la transformación revolucionaria de todo el régimen social, o al exterminio de ambas clases beligerantes.

En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida en una serie de estamentos (clases colocadas en una situación jurídica especial).

La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión.

La época de la burguesía ha simplificado estos antagonismos en dos grades clases: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.

La circunnavegación de África, el mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.

El feudalismo no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Los maestros de los gremios desplazados por la clase media industrial y la división del trabajo entre las diversas corporaciones, fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.

Ya no bastaba la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos.

El mercado mundial imprimió un gigante impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. Estos progresos redundaron en provecho de la industria y desarrollábase la burguesía y esfumando a toda las clases herederas de la Edad Media.

A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político. Implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo, que rige los intereses de la clase burguesa.

La burguesía ha desempeñado un papel revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales. Sustituyó a un régimen de explotación velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto de explotación.

La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acatamiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia. Desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares.

Hasta que ella no lo reveló, no supimos cuando podía dar de si el trabajo del hombre.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, el sistema todo de la producción y con él todo régimen social. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado y el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo un sello cosmopolita. Destruye los cimientos nacionales de la industria. Industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos. Brotan necesidades nuevas que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ahora, la red de comercio es universal y en ello entran, unidos por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta las naciones más salvajes. Las obliga a abrazan su régimen o perecer. Crea un mundo a su imagen y semejanza.

Somete al campo al imperio de la ciudad, intensificando la población urbana. Somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los burgueses, el Oriente al Occidente.

La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Y concentra e manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenia que conducir a un régimen de centralización política.

Creó energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas.

Los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrollo la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. El régimen feudal de la propiedad, no correspondía ya al estado progresivo de las fuerzas productivas. Obstruía la producción en vez de fomentarla. Habíanse convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron.

Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica de la clase burguesa.

Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, pero la más absurda es la epidemia de la superproducción. La sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad, son ya demasiado poderosas para servir a este régimen. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. La burguesía se sobrepone a esto destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas, y conquistándose nuevos mercados a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia una crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.

Las armas con que la burguesía derribo al feudalismo se vuelven ahora contra ella.

Y la burguesía no solo forja armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: los obreros, los proletarios.

Desarrollase la burguesía, desarrollase el proletariado, que sólo puede vivir encontrando trabajo, y que sólo lo encuentra en la medida en que éste alimenta e incrementa el capital. El obrero es una mercancía como otra cualquiera, sujeta a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado.

La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a este, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte es un simple resorte de la maquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y perpetuar su raza.

La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista. Las masas obreras en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares.

Cuantos menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, mayor también la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre.

Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.

Todas las clases sociales, mayormente la clase media, contribuyen a nutrir las filas del proletariado.

El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia.

Al principio, son obreros aislados, luego los de una fabrica, luego los de toda una rama de trabajo. Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción.

En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas no son todavía fruto de su propia unión, sino de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los vestigios de la monarquía absoluta (enemigos de la burguesía).

Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra, sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas. Y al paso que la maquinaria va borrando las diferencias y categorías en el trabajo, van nivelándose también los intereses y las condiciones de vida dentro del proletariado.

Las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios. Crean organizaciones permanentes, para pertrecharse en previsión de posibles batallas. De ven en cuando, estallan revueltas y sublevaciones.

Cooperan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación, creadas por la gran industria y que sirven para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades. Se convierten en un movimiento nacional en una lucha de clases. Y toda lucha de clases es una acción política.

Esta organización de los proletarios como clase, como partido político, se ve minada a cada momento por la concurrencia desatada entre los propios obreros. Pero avanza y triunfa siempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme, más pujante. Y, aprovechándose de las discordias que surgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legal de sus intereses propios.

La burguesía lucha contra la aristocracia, luego contra aquellos sectores de la propia burguesía cuyos intereses chocan con los progreso de la industria, y siempre contra la burguesía de los demás países. Para librar estos combates, no tiene más remedio que apelar al proletario. Y de este modo, le suministra elementos de fuerza; es decir, armas contra si misma.

En aquellos periodos en que la lucha de clases esta a punto de decidirse es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria. Una parte de la burguesía pasa al campo del proletariado, los intelectuales.

Los elementos de las clases medias no son revolucionarios, sino conservadores.

El proletariado andrajoso, esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se vera arrastrando en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen mas propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios.

Las condiciones de vida de la vieja sociedad aparecen ya destruidas en las condiciones de vida del proletariado. Éstos sólo pueden conquistar para si las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad. Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.

El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de la misma. No puede levantarse, sin hacer saltar, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.

La campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional. Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía.

Toda sociedad descansó en el antagonismo entre las clases oprimida y los opresores. Mas, para poder oprimir a una clase, es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida. La situación del obrero moderno lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. La burguesía es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo es que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes deberían mantenerla a ella. La vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.

La existencia y el predominio de la clase burguesa tiene por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos y esta no puede existir sin el trabajo asalariado, que presupone la concurrencia de los obreros entre si. Los progresos de la industria imponen su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre las que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado son igualmente inevitables.



BISMARCK O KEYNES:

¿Quién es el Culpable?


Notas sobre la Crisis de Acumulación


Ernesto A. Isuani


Introducción


Es legítimo hablar del Estado de Bienestar (EB) keynesiano y entender por ello la forma que adquiere el EB en la etapa keynesiana: forma caracterizada por una notable cobertura. Más discutible es sostener que el EB sólo adquiere existencia en la etapa keynesiana.

En primer lugar, el Estado keynesiano (EK) significo una ruptura con la etapa liberal de 1930 y una respuesta a las crisis. El EB ya había desarrollado sus instituciones antes de la Gran Depresión. Segundo, las causas que los originaron: el EB respondió a motivaciones político-social, mientras que el EK lo hizo a determinantes económicos. En tercer lugar, mientras los instrumentos del EK son flexibles para ser utilizados anticíclicamente, las instituciones del EB están caracterizadas por su rigidez, ya que crean derechos garantizados jurídicamente e incorporados en la conciencia de la población. Cuarto, el EK opera en el campo de la inversión y la producción, el EB lo hace en el terreno de una redistribución que pretende permitir el acceso de amplios sectores de la población al consumo de bienes y servicios. Por último, la crisis que adquiere visibilidad a mediados de la década del setenta es la crisis del EK y los intentos de raíz conservadora que apuntan a superarla se basan en un ataque a instituciones centrales del keynesianismo, que en el desmantelamiento del EB.


I. Aspectos conceptuales e históricos


El estado benefactor


La distribución primaria del ingreso refiere a los ingresos generados en el proceso de producción y apropiados por los diferentes sectores sociales. La distribución secundaria o redistribución es aquella que resulta luego de la reducción o aumento que experimentan los ingresos obtenidos en la distribución primaria en virtud de los tributos aplicados y de las diversas modalidades de transferencia efectuadas.

El EB consiste es un conjunto de instituciones públicas destinadas a elevar la calidad de vida de la población y a reducir las diferencias sociales ocasionadas por el mercado. Ellas operan en el terreno de la distribución secundaria del ingreso mediante transferencias monetarias directas (pensiones, prestaciones por desempleo o asignaciones familiares) o indirectas (subsidio a productos y servicios de consumo básico), provisión de bienes y prestación de servicios. El establecimiento de regulación protectora de las condiciones de trabajo, del medio ambiente o de la calidad de bienes y servicios.

Las acciones estatales ya existían pero se limitaban a dar respuestas a desastres naturales, así como la asistencia social estaba a cargo de la Iglesia.

Las clases altas, producto del avance del capitalismo, rechazan ahora la idea de protección e impulsan la noción de responsabilidad personal.

La maduración de los procesos de industrialización y urbanización, y el surgimiento de los asalariados como fuerza social crearon las condiciones para que se iniciara una etapa de extraordinaria importancia en la política social, fenómeno asociado al origen del EB, significando una ruptura con las instituciones de la beneficencia. Las leyes de pobres eran discrecionales y estigmantizantes. El seguro social se basaba en reglas no discriminatorias relativamente automáticas en su aplicación ante el daño ocasionado. Además, estaba dirigido al asalariado antes que al pobre o al miserable y obligaba a los beneficiarios potenciales a contribuir a su financiamiento, con lo que fortalecía el derecho a reclamar el beneficio.

La institución central del EB, el seguro social, estaba ya desarrollado con bastante anterioridad a la segunda posguerra.

La lógica de desarrollo del EB obedeció fundamentalmente a dos determinantes. Por un lado, al mantenimiento del orden social y por otro lado, las instituciones del EB también obedecieron a las necesidades de legitimación y apoyo político introducidas desde fines del siglo pasado en virtud de la extensión del sufragio y de la competencia política. La tarea de edificar el EB no estuvo asociada a fuerzas políticas de una orientación ideológica específica.

Conflicto social y competencia política, creciente democratización determinaron el origen y desarrollo del EB. Las razones de naturaleza económica no jugaron un papel relevante en su desarrollo, salvo en el caso de las pensiones. En definitiva sólo marginalmente puede atribuirse a objetos económicos el desarrollo del EB.

En sus comienzos, el EB estuvo más centrado en la idea de seguridad que en la igualdad. El desarrollo de prácticas de solidaridad nacional, regulación publica del consumo, control de mercados y una distribución mas equitativa d la cargas que impuso la etapa bélica permitió el florecimiento de ideas más universalistas y esquemas de prestación de servicios más igualitarios: o sea, un EB amplio y solidario. Éste comenzó a derrumbarse con la expansión económica de la posguerra.


El estado keynesiano


El EK desarrollo sus formas a partir de la Gran Depresión pero adquirió contornos definidos en la segunda posguerra.

El desarrollo de esa clase fue significativamente menor y le cupo al poder estatal el impulso al proceso de industrialización. Frete a la debilidad de la burguesía, el capitalismo industrial aparece como surgido a “fomento” por la intervención estatal. En definitiva, el Estado creó las condiciones para el paulatino fortalecimiento de las diferentes burguesías nacionales y sólo cuando este proceso se consolidó, puedo instaurarse una etapa de “alejamiento” estatal del terreno económico.

Las consecuencias de un sistema socioeconómico que funcione sobre los automatismos del mercado: la fluctuación abrupta de los ciclos y sus efectos sobre la producción y el empleo y, además, el crecimiento del conflicto social, culminaron en la Gran Depresión y dieron origen a la respuesta keynesiana.

La necesidad de regularizar el ciclo económico y evitar así fluctuaciones en el proceso de acumulación fue la causa del nacimiento del EK. Esto constituye la principal diferencia con las instituciones del EB. Su preocupación es la acumulación del capital y la distribución primaria del ingreso. La política fiscal, monetaria son instrumentos que manejados anticíclicamente intentan regularizar, tanto en fases de alta como de baja, el ciclo económico.

Una institución central del EK es el pleno empleo, y aun cuando acarrea beneficios para el trabajado (menos competencia, mayor capacidad de negociación), responde fundamentalmente a una lógica de producción y rentabilidad y en consecuencia es incorrecto considerarlo como parte del EB.

Un EB determinado por el proceso general de democratización social y un EK originado por la necesidad de suavizar el ciclo corresponden a lógicas diferentes. El crecimiento del EB fue potenciado por una etapa del desarrollo económico (la keynesiana) que brindó las bases materiales pata ello. EB y EK produjeron la etapa más exitosa del capitalismo.


II. Acerca de la crisis


A partir de mediados de los 70 los indicadores económicos comenzaron a mostrar una cierta reversión en materia de producción, productividad, empleo y estabilidad de precios.

Algunos autores presentan la crisis que se inicia a mediados de los setenta como de acumulación. A diferencia de la de los veinte, caracterizada por sobreacumulación o subconsumo, la actual crisis obedecería a una suerte de debilidad del proceso de inversión o acumulación.

Otras hipótesis poseen un carácter sociológico. Una de ellas afirma que la crisis de acumulación se debió a un proceso de redistribución del capital al trabajo operado en la posguerra. Se produjo una reducción del excedente disponible en manos de los capitalistas que se tradujo en menores recursos para la inversión.

Si bien la distribución personal del ingreso no es un indicador adecuado para medir procesos redistributivos entre capital y trabajo, permite apreciar la estructura de la desigualdad social y su evolución en el tiempo. Este tipo de distribución del ingreso también expresa una cierta estabilidad.

Sin embargo está fuera de discusión que los asalariados se beneficiaron del aumento del gasto social. Entre fines del siglo pasado y el fin de la segunda guerra el gasto público había triplicado y el gasto social era al mimo tiempo el que más había crecido al interior del gasto público.

Las características del Estado democrático hicieron que los trabajadores encontraran más fácil promover sus demandas en el terreno político que en la negociación privada. El denominado salario social fue ocupando una cuota mayor del consumo, esto podría apoyar la hipótesis de la redistribución hacia el trabajo. Sin embargo, podría sostenerse que el gasto social salio de los bolsillos de los asalariados, y la distribución del ingreso no se habría alterado significativamente, invalidando las críticas efectuadas al EB como mecanismos de reducción del excedente para inversión.

Otra hipótesis de naturaleza sociológica sugiere que el EK introdujo un elemento que perturbó seriamente al proceso de acumulación al debilitar los mecanismos tradicionales de disciplinamiento de la fuerza de trabajo: la recesión y el desempleo. La vigencia del pleno empleo y de las instituciones democráticas contribuyo a elevar la fuerza social y política de los asalariados para confrontar las amenazas de recesión y desempleo.

Es poco probable que haya existido un proceso redistributivo progresivo sostenido. Si bien los intentos de los asalariados de traspasar el umbral (en la distribución del ingreso) considerado aceptable por el capital, no podían se conjurados mediante recesión y desempleo, la inflación fue el instrumento utilizado para imponer limites o revertir procesos coyunturales de redistribución progresiva, ya sea encarados por los trabajadores o por el propio Estado.

Como los costos de oportunidad económicos y sociales de implementar políticas recesivas fueron evaluados como muy altos durante la posguerra, la inflación reemplazo a la recesión como reaseguro del capital frete a las presiones distributivas.

Al EK le cabría la responsabilidad de haber “subvertido” el poder disciplinador que el desempleo ejerce sobre comportamientos y expectativas de la fuerza de trabajo. Aunque menor, el EB también tuvo su cuota de responsabilidad en la crisis. Por una parte “coopero” con la legislación laboral. Además, el gasto social posee una resistencia a la baja y por ende no puede ser utilizado anticíclicamente. Pero es discutible que el tamaño del EB o del gasto público total este relacionado a la inflación, principal síntoma de la crisis.

En definitiva, la regularización del ciclo económico y el pleno empleo generaron un creciente poder de la fuerza de trabajo para disputar la distribución del ingreso. En ausencia de recesión, la inflación fue la respuesta al poder de los trabajadores.


III. La estrategia conservadora frente a la crisis


La estrategia conservadora debe atacar ka institución del pleno empleo, y solo es necesario tocar aquellos elementos del EB que refuerzan la posición de los trabajadores en el mercado.

De este modo, la resolución de la crisis para en primer lugar por el ataque frontal al estado keynesiano y sus instrumentos.

El EB ha sido también cuestionado por el conservadurismo. Se lo ha acusado de introducir rigideces al proceso de inversión y de desestimular la productividad del trabajador y de hecho se ataco a través de las políticas de flexibilización de las relaciones de trabajo. Pero la crítica que apunta a los efectos económicos negativos de la función redistributiva del EB no parece tener pretexto. Es que en la practica, la función redistribuidora del EB está puesta den tela de juicio. Una de las principales críticas de sectores progresistas es que el EB no produjo un proceso de redistribución entre capital y trabajo, sino al interior de los propios asalariados.

No parece ser necesario entonces realizar una tarea de demolición del EB: el ajuste puede realizarse vía sobre el salario directo de los trabajadores, vía inflación o recesión.

Podría argumentarse que la forma de proceder al ajuste no es a través de la supresión de instituciones del EB sino mediante la desvalorización de sus productos. En otras palabras no sólo no existe un ataque centrado en el gasto social en cuanto tal, sino que por el contrario, gasto público “no social” parece haber sido el más perjudicado

Cuestionar los beneficios del EB, que son de un alto coso en términos de legitimación, inclusive para regimenes no dedocráticos.

Todo parecería indicar que mientras el EK fue un período en la lógica de acumulación de capital, el EB lo antecedió, creció enormemente a su amparo y está en condiciones de sobrevivir sin él.

La propuesta conservadora no es más que una búsqueda en el pasado de la respuesta a la crisis presente. No es posible que la problemática que plantea la complejidad y diversidad de la sociedad moderna pueda ser resuelta por la instauración de mecanismos de mercado, especialmente cuando la sociedad moderna no se caracteriza precisamente por la difusión del poder económico. El nivel de desarticulación y conflicto social de un intento de este tipo podría llegar a ser extremadamente alto y en consecuencia es improbable que una eventual demolición del EK se realice sin la preservación, aun con modificaciones del EB.