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Sociología

Resumen:"Etica para Amador, Cap. 1 al 5", Savater Prof: Diana Lacal 2005 Altillo.com

Capitulo primero: De que va la ética

Hay ciencias que se estudian por simple interés de saber cosas nuevas; otras, para aprender una destreza que permita hacer o utilizar algo; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo y ganarse la vida.

Lo que quiero decir es que ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay mas remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir por cuenta que nos trae.

Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas: ciertas drogas, por ejemplo, aumentan nuestro brío o producen sensaciones agradables, pero su abuso continuado puede ser nocivo. En unos aspectos son buenas, pero en otras malas: nos convienen y a la vez no nos convienes. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra y enemista a las personas, pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para obtener alguna ventajilla.

Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a que debemos hacer. Algunas aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada.

En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él, sin discusiones ni dudas.

Diferencia entre hombre y animales. Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad los animales no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. Los hombres también estamos programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma. Somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas..; en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles.

Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Primera: no somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo.

Segunda: ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad que la omnipotencia. Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libres) pero no todo depende de mi voluntad (sería omnipotente), porque en el mundo hay otras voluntades y otras necesidades que no controlo a mi gusto.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza.

A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. De ello, si tienes paciencia, seguiremos hablando en las siguientes páginas de este libro.

La libertas no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Si o No. En su brevedad instantánea, como a luz de relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana.

Capítulo Segundo: Órdenes, costumbres y caprichos.

Vamos a detallar la serie de diferentes motivos que tienes ara tus comportamientos matutinos. Ya sabes lo que es un motivo: es la razón que tienes o al menos crees tener para hacer algo, la explicación más aceptables de tu conducta cuando reflexionas un poco sobre ella. La mejor respuesta que se te ocurre a la pregunta ¿Por qué hago eso? Pues bien, uno de los tipos de motivación que reconoces es el de que yo te mando que hagas tal o cual cosa. A estos motivos les llamaremos órdenes. O también el ver que tú alrededor todo el mundo se comporta así habitualmente: llamaremos costumbres a este tipo de motivos. Los puntapiés a la lata, por ej, el motivo parece ser la ausencia de motivo, el que apetece sin más, la pura gana, llamado capricho. Dejo de lado los motivos más crudamente funcionales, es decir los que te inducen a aquellos gestos que haces como puro y directo instrumento para conseguir algo.

Cada uno de esos motivos inclina tu conducta en una dirección u otra, explica mas o menos tu preferencia por hacer lo que haces frente a las otras muchas cosas que podrías hacer.

Levantarte para ir al colegio es más obligatorio que lavarte los dientes o ducharte. Cada tipo de motivo tiene su propio peso y condiciona a su modo. Las órdenes sacan su fuerza del miedo, el afecto, la confianza, por tu bien. Las costumbres en cambio vienen más de la comodidad no contraria a otros, y a las modas. Las órdenes y las costumbres tienen una cosa en común: parece que vienen de fuera, que se imponen sin pedirte permiso, los caprichos te salen de dentro.

Solo disponemos de cuatro principios de moral:

1. El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.

2. El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.

3. El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.

4. El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad, por amor a la sociedad y por consideración a ti.

Capítulo Tercero: Haz lo que quieras.

Todo esto tiene que ver con la cuestión de la libertad, que es el asunto del que se ocupa propiamente la ética. Libertad es poder decir si o no; lo hago o no lo hago, digan lo que digan mis jefes o lo demás; esto me conviene y lo quiero, aquello no me conviene y no lo quiero. Libertad es decidir, y darte cuenta de que estas decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar.

Nunca una acción es buena sólo por se una orden, una costumbre o un capricho. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por si mismo. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno.

La palabra moral etimológicamente tiene que ver con las costumbres, pues eso precisamente es lo que significa la voz latina y también con las órdenes, pues la mayoría de los preceptos morales suena así como debes “hacer tal cosa” o “ni se te ocurra hacer la otra”, que pueden ser malas o sea “inmorales”. Si queremos profundizar en la moral de verdad, si queremos aprender en serio como emplear bien la libertad que tenemos, mas vale dejarse de órdenes, costumbres y caprichos. Lo primero que hay que dejar claro es que la ética de un hombre libre nada tiene que ver con los castigos ni los premios repartidos por la autoridad que sea, autoridad humana o divina, para el caso es igual.

Moral es el conjunto de comportamientos y normas que se suelen aceptar como válidos; ética es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras morales que tienen personas diferentes.

Soy en el buen sentido de la palabra bueno… Se refiere a que, en muchos casos, llamarle a uno bueno no indica mas que docilidad, tendencia a no llevar la contraria o a no causar problemas; para otros bueno… significa ser resignado y paciente, pero otros llamarán bueno a la persona emprendedora, original, que no se acobarda a la hora de decir lo que piensa aunque pueda molestar a alguien.

No es sencillo decir cuando un ser humano es bueno, porque cuando se considera a los humanos en general, la cosa no está tan clara, porque no hay un único reglamento para ser buen humano ni el hombre es instrumento para conseguir nada. Uno es bueno a su modo y depende de las intenciones que muevan a cada uno.

Pero si ya hemos dicho que ni órdenes, ni costumbres ni caprichos bastan para guiarnos en esto de la ética y ahora resulta que no hay un claro reglamente que enseñe a ser hombre bueno y a funcionar siempre como tal.

Capítulo Cuarto: Date la Buena Vida

¿Qué significa Haz lo que quieras? Significa plantearte todo desde ti mismo, desde el fuero interno de tu voluntad; preguntártelo a ti mismo. Significa interrogarse uno mismo sobre el uso de su libertad, la libertad misma.

Si alguien nos dice “Haz lo que quieras” se esta generando una contradicción, por que nos están indicando que hacer, mas allá de que sea lo que uno quiera. Igualmente hacer lo que uno quiere no se trata de pasar el tiempo, sino de vivirlo bien. Esta contradicción nos indica el problema esencial de la libertad misma: que no somos libres de no ser libres, o sea que no podemos elegir libremente no ser libres; sino que no tenemos más remedio que serlo.

En otras palabras estamos condenados a ser libres, y a elegir. Ya sea elegir que es lo que uno quiere, o como quiere o cuando lo quiere, uno siempre esta eligiendo. Es entonces cuando aparece una responsabilidad creadora de elegir nuestro camino, y querramos o no, tenemos que querer.

No hay que confundir el “Haz lo que quieras” con un capricho de turno, o lo que primero nos de la gana. Uno puede tener caprichos o elegir lo primero que nos de la gana por ejemplo a la hora de elegir un plato en un restaurante, como un pantalón para ponernos.

El autor da un ejemplo contando una historia de dos hermanos de la Biblia, en el que uno es el primogénito y el otro se dedicaba a hacer cosas varias, entre ellas cocinar muy bien. Un día el primogénito llega con mucho hambre y le pide a su hermano que le de un poco de lo que había cocinado que tenia un olor riquísimo. El mismo le contesta que le dará un poco de lo que cocinó si renuncia a ser el primogénito y por ende pasaba a manos de él. El primogénito después de pensar “Algún día me voy a morir, y quizás me muera antes que el y realmente tengo muchas ganas de comer lo que cocino mi hermano”, y así mismo aceptó el trato del que después se arrepiente. Entonces pensamos en si es lo que realmente quería o es lo que quería en ese momento.

A veces los hombres queremos cosas contradictorias que entran en conflicto unas con otras. Es importante ser capaz de establecer prioridades y de imponer una cierta jerarquía ente lo que de pronto queremos y lo que realmente, en el fondo y a la larga queremos.

En ese momento el primogénito fue invadido por la certeza de la muerte, y lo que hace que todo de igual es la muerte y no la vida. La vida esta hecha de tiempo, recuerdos, esperanzas, y más que nada esta hecha de relaciones con los demás. La muerte en este ejemplo estropeó el “querer” del primogénito.

Debemos a atrevernos a “darnos la buena vida”. La ética no es más que el intento racional de averiguar como vivir mejor. Y cuando hablamos de darnos la buena vida hablamos de la buena vida humana; por que ser humano consiste en tener relaciones con otros seres humanos. Muchas veces queremos cosas a costas de las relaciones con humanos, (quiero plata, y cago a mi mejor amigo en el negocio).

La buena vida humana es entre seres humanos, sino puede ser vida, pero no va a ser ni buena ni humana. La humanidad depende de lo que unos hacemos con los otros.

El hombre es una realidad cultural, una realidad cultural que heredamos y aprendemos de otros hombres. La humanización es un proceso recíproco. Entonces darse la buena vida es también dar la buena vida.

Capítulo Quinto: Despierta Baby!

¿En que consiste darse la buena vida? Querer la buena vida debe incluir la perspectiva de conjunto.

No debemos basarnos en las cosas que tenemos, por que terminamos sin darnos cuenta que las cosas que tenemos nos tienen a nosotros. Debemos darnos cuenta de que como no somos puras cosas, sino humanos, necesitamos cosas que las cosas mismas no tienen. No conseguiremos sin esto amistad, respeto, ni amor entre otros. Por eso es que la complicidad y el trato son fundamentales.

Contaremos entonces con el respeto de una persona, aunque no sea más que una: nosotros mismos, es decir; por lo menos defendemos nuestro derecho de no ser cosas para los otros.

Ninguna buena vida puede prescindir de las cosas (sabemos que nos hacen falta algunas, como un buen plato de comida) y no debe faltar el trato con las personas. Si uno vive de las cosas y para las cosas carece de autenticidad, del autentico amor, y de un amigo autentico.

En resumen, nos referimos a vivir humanamente, y vivir humanamente tiene una condición ética que es la de no vivir de cualquier modo, y tener una moral. Vivir humanamente es comprender el por qué, como va la vida que llevamos, y que es lo que nos puede ayudar a hacerla buena. Nadie puede ser libre por nosotros.

(Acá faltan unas hojas, por eso por ahí va medio cortado el tema)

Lo contrario de ser moralmente imbécil es tener conciencia. Para tener conciencia hacen falta algunas cualidades innatas, ciertos requisitos sociales y económicos lo cual depende del esfuerzo y atención de cada cual. La conciencia depende fundamentalmente de los siguientes rasgos:

1. Saber que no todo da igual porque queremos realmente vivir y además vivir bien, humanamente bien.

2. Estar dispuestos a evaluar si lo que hacemos es realmente lo que queremos o no.

3. Ir desarrollando un buen gusto moral, de forma que ciertas cosas no nos repugnen espontáneamente hacer (como mentir, por ejemplo en ves de mear algo que nos vamos a comer).

4. Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por lo tanto razonablemente ser responsables de las consecuencias de nuestros actos.

¿Por qué esta mal lo que llamamos “malo”? Es por que no le deja vivir a uno la buena vida que quiere.

Deberíamos llamar egoísta al que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se esfuerza por conseguirlo. El egoísta se ama a si mismo, y el que no es un poco egoísta pasa a ser un imbécil que necesita conciencia para poder aprender a amarse a si mismo.

El que no aprende lo anterior pasa a ser un enemigo de si mismo, a estropear su verdadera posibilidad de ser amado y respetado por el resto de sus compañeros humanos.

Si uno se hubiera amado de verdad a si mismo, debería haber intentado exteriorizar por medio de su conducta ese interior limpio y recto, su verdadero Yo.

El remordimiento aparece cuando uno es conciente. Si no uno fuese consciente no tendría por que sentir remordimientos de su conciencia. No hay peor castigo que darse cuenta de que uno está boicoteando con sus actos lo que en realidad quiere ser. Los remordimientos vienen de nuestra libertad. Si no fuésemos libres no podríamos sentirnos culpables de nada y evitaríamos los remordimientos.

Siempre queremos ser libres para atribuirnos el mérito de lo que logramos, pero preferimos confesarnos “esclavos de las circunstancias” cuanto nuestros actos no son precisamente gloriosos.

Lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables, cada acto libre que hago limita mis posibilidades al elegir y realizar una de ellas. Entonces lo que llamamos remordimiento no es más que el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad, es decir, cuando la hemos usado en contradicción con lo que de veras queremos como seres humanos.

Ser responsable es saberse auténticamente libre, para bien y para mal. Todos los que quieren dimitir de su responsabilidad creen en lo irresistible. Aquello que avasalla sin remedio, sea propaganda, droga, apetito, soborno, amenaza, forma de ser. En cuanto aparece lo irresistible deja uno de ser libre y se convierte en marioneta a la que no se le deben pedir cuentas. Lo irresistible no es más que una superstición inventada de los que le tienen miedo a la libertad. Por más que se nos vigile en todo sentido, siempre vamos a poder obrar mal, si es que queremos.

El tipo responsable es consciente de lo real de su libertad y el empleo de lo real en doble sentido de lo “autentico” o “verdadero” pero también de “propio de un rey”. Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco.