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Pens. Científico Resumen para el Segundo Parcial 2º Cuat. de 2013 Altillo.com

Documento de Cátedra: “Ciencia, Tecnología y Sociedad”
1. La constitución del campo de estudios Ciencia, Tecnología y Sociedad. Su relación con la epistemología.
1.1. Enfoques internalista y externalista
Los primeros estudios sobre CTS se desarrollaron entre 1930 y 1940. Los estudiosos lo hacían desde dos perspectivas rivales, internalismo y externalismo.
El enfoque internalista consideraba al conocimiento como independiente de cualquier influencia social o que dicha influencia sería mínima y tocaría áreas de escasa significación. Ponían el acento en los elementos teóricos y en la lógica del método científico. Afirmaban que quien deseara una aproximación al desarrollo científico moderno y contemporáneo debía emanciparse de los factores sociales, éticos, políticos y económicos.
El externalismo consideraba que la comprensión del fenómeno de la ciencia se lograría desde la mirada que los historiadores y los sociólogos tuvieran de la época y de la sociedad en que se generaba. Debía emanciparse en relación a la comunidad científica con el poder político, las relaciones económicas y los aspectos socioculturales. Los elementos metodológicos pasaban a un segundo plano.
1.2. Robert Merton y el enfoque de los estudios sociales de la ciencia
Robert Merton fue un sociólogo funcionalista norteamericano, con una posición externalista crítico. Merton consideraba que, desde el punto de vista epistemológico, la ciencia constituye un sistema autónomo de pensamiento cuyo método riguroso permanece inmune a toda la influencia del entorno. El sistema mertoniano se interroga y responde a la cuestión de la ciencia como institución social pero ignora intencionalmente todo aquello que se relacione con los procesos de validación del conocimiento científico.
Mannheim sostenía que la sociología podía renovar la epistemología tomando como objeto de estudio lo que habría de denominarse “contexto de descubrimiento” pero consideraba que los procedimientos de justificación no debían formar parte de esos estudios sociológicos.
Merton sigue la tesis de Weber abordando la relación entre en puritarismo, la acumulación de capital y la actividad científica. Su preocupación central es profundizar la investigación de la estructura social de la ciencia sin entrometerse en cuestiones epistemológicas.
1.3 La nueva filosofía de la ciencia de Kuhn y las corrientes actuales de estudios CTS:
A partir de Kuhn irrumpen una serie de grupos de estudio y escuelas que postulan nuevas visiones críticas que ya no se ocuparán tan solo de la estructura organizativa de la ciencia como institución, sino también de los propios contenidos y métodos científicos. Mencionaremos algunos de ellos y rescataremos sus coincidencias en las críticas formuladas a la postura mertoriana y en sus propuestas constructivistas para superar la dualidad internalismo-externalismo: Bloor, Latour, Knorr-Cetina, Callon, Woolgar, Barnes y Collins.
Mediante la observación participativa, aportaron una nueva perspectiva diametralmente opuesta, tanto a la de la filosofía clásica de la ciencia como a la de la sociología mertoriana. Negaron la distinción entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación y sostuvieron que la actividad científica debía ser estudiada en su propio ámbito de producción y no, solamente, sus resultados finales. Concibieron al laboratorio como un sistema de construcción social de hechos. Criticaron duramente al sistema mertoriano por limitar su campo de estudio y llegaron a la conclusión de que no hay ningún límite trascendente del conocimiento que resida en alguna naturaleza especial que pudiera sostenerse en nombre de una supuesta racionalidad, validez lógica y verdad objetiva.
La creencia en la objetividad y en la neutralidad de la ciencia se viene abajo. Estos autores consideran que el conocimiento científico tiene un carácter instrumental, es producido y evaluado en términos de un interés. El interés de la gente ajena a los laboratorios por lo que pasa allí adentro es el resultado del trabajo de los científicos que tratan de enrolarlos; aquellos científicos que son capaces de traducir los intereses de los demás a su propio lenguaje obtienen más éxito. La sociedad dirige la atención rápidamente hacia cualquiera que afirme que tiene la solución para sus problemas, pero es muy rápida para retirarla cuando advierte que tienen muy poco que ofrecer. Estos autores creen que en los estudios de laboratorio, no solo encontraran la clave para una comprensión sociológica de la ciencia, sino también la clave para una compresión sociológica de la sociedad misma. Cuestionan radicalmente la separación artificial entre “interior de la ciencia” y “contexto social externo”.
Lo natural es repensado desde una reconstrucción contextual en la cual el interior y el exterior del laboratorio ya no están más separados. Los investigadores establecen verdaderas alianzas con los agentes, con el fin de imponer sus enunciados y convertirlos en “hechos”. Para que los “hechos” fabricados dentro de los laboratorios pasen a la sociedad, hay que construir redes muy costosas y cuando el producto está terminado resulta difícil identificar a los actores realmente significativos durante el proceso.
2. Ciencia, tecnología y política científica
2.1. La relación entre la ciencia y la tecnología desde el punto de vista histórico.
En las culturas ancestrales prehelénicas, las técnicas se caracterizaban por su simplicidad. La tecnología se constituía en un elemento fundamental de la cultura. En la Grecia antigua se produce un florecimiento de las ciencias parecido al que se dará a partir del Renacimiento en Europa y que desembocará en la revolución industrial. Sin embargo, la diferencia fundamental entre ambos procesos se da en que la ciencia griega no hizo aportes de importancia a una tecnología científica. El avance vertiginoso de las ciencias operado a partir del Renacimiento ha sido calificado por algunos autores como “revolución científica”.
La revolución industrial no solo no se produjo como consecuencia de los nuevos conocimientos académicos científicos disponibles con anterioridad a la misma, sino que obedeció a factores sociales, políticos y económicos propios de una sociedad en proceso de transformación. El aporte decisivo de la ciencia al desarrollo tecnológico moderno es posterior a la primera revolución industrial cuando los artefactos diseñados sin base científica comienzan a ser perfeccionados con el concurso del conocimiento científico. Más tarde, un nuevo gran impulso a la tecnología moderna lo dan las dos guerras mundiales del siglo XX y la competencia de las grandes potencias por el dominio tecnológico. El progreso de la ciencia moderna nunca dejó de estar vinculado a la demanda social de su transferencia al terreno práctico.
2.2. Dimensión ética de las cuestione científico-tecnológicas
Se tiende, erróneamente, a concebir a la tecnología como algo que evoluciona en forma unidireccional, como la consecuencia “natural” e inevitable del proceso científico. Se percibe a la tecnología como algo que sucede externamente a los usuarios, como algo en que no tienen participación. Una de las consecuencias de esta visión, es la aparición de una corriente de pensamiento crítico que cuestiona a la tecnología y a la ciencia y en última instancia a esos valores propios de la cultura que les dio origen.
Desde el punto de vista del Positivismo y también desde la postura externalista de Merton, la ética de la investigación se limitaría al respeto de ciertas normas. Para Merton dicha normatividad reposa en un conjunto de valores y reglas, estas son: universalismo, comunismo, desinterés y escepcionismo organizado. La pretensión mertoriana es la obtención de la “verdad científica” por procedimientos confiables no contaminados por deseos personales. Para Merton, a pesar de no ser positivista, la investigación científica es neutral y objetiva. Desde otra perspectiva teórica y coyuntural, hoy podemos afirmar que ni estas supuestas “desviaciones” ni la ciencia occidental europea y norteamericana eran neutrales ni objetivas.
El epistemológico Bunge considera que la ciencia misma puede constituirse en un modelo de ética pues el hombre de ciencia al buscar la verdad desinteresadamente ejerce una acción moralizante ante la sociedad. El científico no tendría más responsabilidad moral que aplicar correctamente el método científico y cumplir con las normativas de ethos al que pertenece, mientras que el tecnólogo debe responder por la aplicación práctica de las teorías científicas. Estos criterios restringen el concepto de responsabilidad ética al comportamiento individual del científico y del tecnólogo.
El empeño de ciertos pensadores contemporáneos de mantener a la ciencia dentro de una especie separado de la realidad social parece esconder una intencionalidad política: evitar que la comunidad en general participe y decida acerca de la viabilidad y conveniencia de los proyectos de investigación. Sin embargo, los epistemólogos consideran insostenible dicha postura.
Hoy es insostenible la concepción que señalaba la división tajante entre una ciencia neutral y una tecnología a la que se le pueden adjudicar responsabilidades éticas. Ciencia y tecnología comparten responsabilidades en la medida en que no son dos ámbitos separados. La tecnología no es la mera aplicación de conocimiento científico sino que posee un carácter complementario a la ciencia. Como consecuencia se producen transformaciones en la ciencia como cambios de enfoques y hasta el abandono de teorías y su reemplazo por otras más aptas.
2.3. Políticas públicas en ciencia y tecnología
2.3.1. La institucionalización de la ciencia en la Europa moderna
El desarrollo de políticas públicas en el área comienza recién en el siglo XX. Sin embargo creen ver antecedentes de las mismas en la Europa moderna, en la denominada etapa de la institucionalización de la ciencia.
Desde sus orígenes constitutivos se fueron perfilando dos modelos institucionales que se desarrollaron luego, también, en otros países:
- El fuertemente centralizado con financiamiento y control estatal, y
- El privado en manos de los propios científicos, a veces con financiamiento parcial del Estado y, otras veces, tan solo con supervisión de sus actividades.
Sin embargo en ningún ámbito de la sociedad se cuestionaba la libertad de investigación de sus miembros y mucho menos nadie se sentía autorizado a entrometerse en las cuestiones metodológicas inherentes a la observación y experimentación que desarrollaban.
Los hombres de ciencia de la modernidad parecían inspirarse, ya sea que trabajaran en los palacios o en las nuevas instituciones académicas, en la sentencia del filósofo y político Bacon: “el saber el poder”. Vemos cómo se va formando un marco político-institucional de la ciencia de la modernidad y cuál es la procedencia de las fuentes de financiamiento de las investigaciones que son observadas con buenos ojos por quienes tienen algo para beneficiarse con ellas. Se va reforzando con convencimiento la imagen de una ciencia neutral, ajena a cualquier interés sectorial mezquino.
2.3.2. Diseño de políticas públicas en ciencia y en tecnología en el siglo XX. Un caso paradigmático: el informe de Vannevar Bush, “Ciencia, la frontera sin fin”
Los historiadores y sociólogos de la ciencia utilizan la expresión “big science” para dar cuenta de los grandes cambios operados en el aparato productivo y en los dispositivos de defensa militar de algunas naciones durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Este modelo se caracterizó por el acelerado progreso de las investigaciones científicas y por el enorme desarrollo tecnológico que reposaban en proyectos de gran escala financiados, sin reservas, por los gobiernos involucrados en el conflicto bélico y, luego, durante la posterior “guerra fría”. El Proyecto Manhattan fue un desarrollo científico tecnológico llevado a cabo por los Estados Unidos y su finalidad era la urgente construcción de una bomba atómica antes de que la Alemania nazi lo lograra. La inmensa mayoría de toda la gente que trabajó en este proyecto desconocía la naturaleza del proyecto en el cual trabajaba y, muchas veces, violando principios éticos elementales, no se respetó su salud y se expuso su vida a grandes riesgos por la contaminación ambiental.
Según Bush el progreso científico es esencial para la sociedad norteamericana y considera que el conocimiento científico solo puede ser obtenido a través de la investigación básica. No obstante advierte que la ciencia por sí sola no puede resolver todos los problemas. Reclama extender el apoyo financiero a la investigación científica básica en universidades. Exhorta al gobierno a incentivar las investigaciones, contribuir a la profesionalización del científico mediante becas y fuerte apoyo presupuestario sin mezquindades.
El Plan Marshall supone que hay un pasaje lineal desde la investigación básica a la aplicada y de esta al desarrollo de tecnologías que sean utilizadas por el aparato productivo de las naciones para satisfacer las demandas del mercado. Bush enmarca al mismo dentro de una fuerte presencia del Estado como elemento fundamental de planificación de las políticas científico-tecnológicas y financiamiento de la actividad en dichas áreas.
2.4. La investigación básica, la investigación aplicada y los desarrollos experimentales
En el sector de investigación y desarrollo (I+D), podrían identificarse tres ámbitos donde se realizan distintas actividades que están interconectadas de tal manera que conforman una red.
La investigación básica está constituida por trabajos teóricos y experimentales que se emprenden para obtener nuevos conocimientos acerca de la explicación de fenómenos y hechos observables, sin darle una aplicación o utilización determinada. Quienes llevan a cabo la investigación básica son los científicos.
Muchos especialistas en la materia llaman a la investigación básica, también investigación estratégica, porque, en la mayoría de los casos, la investigación básica está orientada hacia grandes áreas de interés general.
En términos ideales, se considera que el producto de la investigación básica debería ser de libre circulación, pero por motivos de seguridad nacional o secreto comercial quienes financian este tipo de investigaciones impiden su difusión o la postergan hasta asegurar su registro de propiedad intelectual.
La investigación aplicada está dirigida hacia objetivos prácticos específicos. Se emprende para considerar los posibles usos de los resultados de la investigación básica o para tomar en cuenta nuevos métodos para solucionar problemas concretos. El producto de una investigación aplicada es un prototipo que se puede patentar.
Los desarrollos experimentales consisten en trabajos sistemáticos basados en los conocimientos existentes obtenidos de la investigación científica y/o de la experiencia práctica. Los mismos se orientan a la generación de nuevos materiales, productos o dispositivos; al establecimiento de nuevos procesos, sistemas y servicios, o a la mejora de los ya existentes.
2.5. La teoría de la neutralidad valorativa de la ciencia y su crítica
2.5.1. El ideal de una ciencia neutral, objetiva y universal. El modelo lineal.
El modelo clásico de investigación científico-tecnológica concibe que hay un pasaje lineal desde la ciencia básica a la ciencia aplicada y de estas a la tecnología, por eso recibe el nombre de modelo lineal. Este reposa, en buena medida, en la teoría de la neutralidad valorativa de la ciencia. Bunge concibe que la ciencia es neutral, carece de ideología, no sirve a otro fin que el propio conocimiento que lo piensa como un bien intelectual que eleva el nivel de ilustración de la población.
Los atributos más importantes del ideal de la ciencia moderna eran la universalidad, la objetividad y la neutralidad. El conocimiento se convierte en repetición: la reproducción de lo mismo se convierte en esquema de perpetuación del pensamiento. En este modelo no puede entrar la subjetividad.
Según Bunge los científicos que hacen la investigación básica no son moralmente responsables por el uso que pueda hacerse de sus investigaciones. Esta postura sostiene que esa producción científica es neutral; en cambio, la tecnología sería la aplicación práctica con fines utilitarios de los principios científicos y son estas aplicaciones las que carecen de neutralidad. Esta diferenciación absoluta no se da en la auténtica práctica social de las investigaciones. Los políticos y empresarios son los responsables de que la ciencia y la tecnología se empleen en beneficio de la humanidad.
2.5.2. Crítica a la teoría de la neutralidad valorativa de la ciencia
Se destinan millones de dólares en proyectos científico-tecnológicos con fines predeterminados. Científicos y tecnólogos trabajan conjuntamente en proyectos. La tecnología no es meramente aplicación utilitaria de conocimiento científico, la tecnología no está predeterminada por la ciencia. No se puede hablar de un pasaje lineal desde la investigación básica a la tecnología. Todos los agentes intervinientes son ética y socialmente responsables de los productos y sus efectos.
La ciencia, para Klimovsky, será simplemente un instrumento que puede ser bien o mal utilizado, una herramienta neutral.
2.6. Políticas científico-tecnológicas cientificistas y su superación histórica
2.6.1. El cientificismo como política científico-tecnológica en América Latina.
Se han desarrollado desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, en los cuales hubo algún desarrollo considerable de las investigaciones científicas.
El modelo cientificista sostenía que el desarrollo económico sería la consecuencia natural del trabajo de investigaciones básicas por parte de calificados hombres de ciencia.
El cientificismo adolecía de graves defectos: por sí misma la ciencia no garantiza el desarrollo, pues, la sola investigación científica no puede desarrollar industrialmente a ningún país. La ciencia requiere de una sociedad, condiciones económicas, políticas y sociales que ella misma no puede crear.
Las políticas cientificistas se dan en el contexto de la llamada “división internacional del trabajo”.
El modelo cientificista es un proyecto diseñado para sostener un sistema pedagógico centrado en investigaciones básicas de relativa importancia que no contribuyera a industrializar a los países periféricos y, en consecuencia, pudiera amenazar al perfil agro-exportador de los mismos.
Por otra parte, el modelo cientificista era elitista porque en aquella época tan solo una capa minoritaria de la población podía acceder a la educación universitaria y a la investigación científica.
El cientificismo se caracterizó por un optimismo epistemológico positivista, la creencia en el que la ciencia podría resolver todos los males sociales y cubrir todas las necesidades económicas. Una de las características de este modelo es la creación de instituciones científicas. El modelo cientificista es descentralizado: la ciencia es cosa de científicos.
No debemos olvidar que como la política cientifico-tecnologica no está desconectada de la política y de la economía nacional, regional, e internacional, ha tenido también, una íntima relación con alineamiento dentro de estas áreas.
2.6.2. Fundamentos teóricos críticos a la política cientificista en América Latina.
Disparadores de las severas críticas al cientificismo: por un lado, el fenómeno de la big science y el proyecto Manhattan que vinculó la ciencia con la tecnología; y por el otro, una vez derrumbado el proyecto agroexportador en nuestro país la experiencia del despegue industrial y el desarrollo tecnológico impulsado por el Estado que tuvo lugar entre 1943 y 1955, y su vinculación en algunos casos, o carencia de ella en otros según las áreas, con los proyectos científicos.
Estas reflexiones se realizaron al amparo de las llamadas “teorías de la dependencia y el desarrollo” que, en síntesis, consideraban que los países periféricos no estaban simplemente en una etapa de retraso evolutivo de su desarrollo ni tampoco tenían auténticas posibilidades de estar en vías de desarrollo frente a los países centrales, desarrollados, sino que había una situación estructural de dependencia, iniciada en el siglo XIX, que impedía su desarrollo.
Para algunos pensadores, se suponía que la tecnología no está predeterminada por la ciencia. Si la tecnología fuera simplemente la aplicación práctica con fines útiles de los principios de la ciencia, nuestro país debería tener mejor tecnología y un aparato productivo más desarrollado que el de Japón. No hay pasaje lineal de la ciencia pura a la aplicada y de estas a la tecnología y al sector industrial. Nuestro país constituye el mejor empleo histórico de lo que estamos diciendo: hasta mediados del siglo XX, momento en que se derrumba el modelo agroexportador y el Estado toma la decisión política de industrializar el país, acompañada con planes económicos adecuados, la Argentina no se había desarrollado tecnológicamente a pesar de haber tenido muy buenas universidades y muy buenos hombres de ciencia.
La política científico-tecnológica nunca debe planificarse escindida de la política social y económica de un país.
Oscar Varsavsky cuestiona duramente la existencia de una supuesta libertad de investigación. Aquellos científicos comprometidos con los grandes problemas nacionales pero de escasa importancia para empresas internacionales, nunca son ascendidos en el escalafón.
Rolando García cuestiona la supuesta neutralidad, objetividad y universalidad de la universalidad de la investigación científica. No hay un normal desarrollo de las investigaciones en una única dirección posible bajo la guía del “método científico”.
Amílcar Herrera entiende la noción de autonomía en relación con la decisión política soberana de diseño de los proyectos científico-tecnológicos y no necesariamente de utilización de recursos autónomos. El objetivo prioritario es la satisfacción de las necesidades básicas de la población con el propósito de erradicar la marginalidad social. El desarrollo de la región debe reposar, en la medida de lo posible, en sus propios recursos y con la participación comunitaria de sus propios habitantes.
Por supuesto, Herrera no ignora que para poder implementar un proyecto de tal naturaleza, los gobiernos de los países latinoamericanos debían tener la decisión política de ponerlos en práctica, que también hacían falta planes económicos que acompañaran tales desarrollos y, además, que era fundamental lograr la integración regional de estas naciones.
2.6.3. La investigación y el Desarrollo (I+D) en el desarrollo social de América Latina.
La denominada Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo planteaba la necesidad y la obligación de que los países de América Latina participaran activamente en el desarrollo científico y tecnológico mundial.
El documento “La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina” hace referencia a políticas científico-tecnológicas de profundas raíces sociales e históricas. La investigación científico-tecnológica como una poderosa herramienta de transformación social y advertía que la nación que descartara esa tarea corría el riesgo de quedar marginada de la historia.
La ciencia y la tecnología ofrecen infinitas posibilidades como medios al servicio del bienestar a que aspiran los pueblos. Pero en los países latinoamericanos este acervo del mundo moderno y su potencialidad distan mucho de alcanzar el desarrollo y el nivel requeridos.
Argumentos que sostenían la tesis de que en nuestros países debíamos realizar investigación científico-tecnológica en forma seria, sostenida y permanente:
- Para importar tecnologías es necesario que el país receptor tenga una estructura científico-tecnológica sólida, una estructura que es institucional y que, además, debe mantenerse y progresar a través de la investigación propia.
- La utilización inteligente de los recursos naturales, la mano de obra, las materias primas, el capital y las economías de escala, requieren, sin duda, de investigaciones científicas que se ajustarán a las necesidades de cada país.
- Transformar las economías de la región, para industrializar y exportar productos manufacturados, depende casi exclusivamente de un alto grado de desarrollo del potencial científico y tecnológico.
- La ciencia y la tecnología son promotoras del cambio social.
Uno de los factores decisivos que podrá conducir a la realización de un nuevo tipo de orden mundial en el año 2000, es la voluntad de las naciones latinoamericanas de lograr una plena participación, como sujetos activos, en el desarrollo social, político y cultural del mundo del futuro. Se trata de promover nuevas relaciones de igualdad entre las naciones y las regiones. Aplicando estas ideas al campo de la ciencia y la tecnología resulta entonces que América Latina, con escasa intervención en el pasado y en el presente en el desarrollo científico y tecnológico, deberá cambiar su papel pasivo de espectador por el activo de protagonista procurando conquistar la máxima participación.
La inserción de la ciencia y de la tecnología en la trama del desarrollo latinoamericano como un proceso político que, según Sábato, estaba constituido por la acción múltiple y coordinada de tres elementos fundamentales para el desarrollo de las sociedades contemporáneas:
- El gobierno,
- La estructura productiva y
- La infraestructura científico-tecnológica.
Mario Albornoz hace una descripción somera de este modelo triangular de Sábato:
• El vértice de la ciencia y la tecnología está constituido por el complejo científico-tecnológico, con sus instituciones, sistema educativo, centros de investigación, sistema de planificación y promoción de la actividad científica, las regulaciones jurídico-administrativas y las partidas presupuestarias para el financiamiento del sector;
• El vértice de la estructura política es el conjunto de sectores productivos de bienes y servicios que demanda la sociedad;
• El vértice del gobierno, está definido como el conjunto de roles institucionales que tienen como objetivo formular y movilizar recursos de y hacia los otros vértices a través de los procesos legislativos y administrativos.
Dentro de esta estructura, el gobierno cumple un rol promotor, tiene la tarea de diseñar e implementar las políticas en ciencia y tecnología, el sistema I+D, tiene el papel de generación de conocimientos y tecnología, y el sector productivo se encarga de incorporar y utilizar esos conocimientos científicos y esa tecnología con el propósito de incrementar la capacidad empresarial pública y privada.
Para Sábato, debe haber un flujo de interrelaciones entre los tres vértices del modelo triangular, proceso que implica demandas y acciones en todos los sentidos. El diseño de políticas científicas y tecnológicas, en el planteo de Sábato, está vigente, respecto a que las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, están caracterizadas por la bidireccionalidad y la interacción. En definitiva, desde el punto de vista de la política científica y tecnológica se tendrían que considerar las peculiaridades de cada uno de los países y regiones a la hora de diseñar estas políticas para no llevarse por el mimetismo.
3. Ciencia, Tecnología e innovación productiva.
3.1. El modelo lineal y el modelo interactivo de innovación.
El concepto de innovación se designa a la incorporación del conocimiento, propio o ajeno, científico o no, con el objeto de generar un proceso productivo. Es este proceso intervienen una cantidad de factores (económico-financieros, socio-culturales, ético-políticos, etc.) de naturaleza distinta e interrelaciones muy complejas.
Según el modelo lineal de innovación el cambio tecnológico se concibe como un proceso unidireccional que va desde la investigación científica básica, a las aplicaciones prácticas, a la generación de nuevos productos y, por último, a la comercialización de los mismos. Este modelo entiende a la innovación como ciencia aplicada, y simplifica al máximo el proceso de su difusión en la sociedad. Esto supone el esquema lineal de: ciencia – tecnología – sociedad y la caracterización que:
 La actividad científica es fuente impulsora de innovación,
 La tecnología es entendida solamente como ciencia aplicada y , por último,
 La sociedad sería la encargada de la difusión masiva del producto en el mercado.
El modelo lineal tiene connotaciones corporativas porque sus hombres y sus instituciones serán los beneficiarios de los fondos presupuestarios otorgados por los gobiernos o por empresas privadas.
AndrésLópez, en crítica al modelo lineal, puntualiza los siguientes aspectos:
 No necesariamente la ciencia precede a la tecnología
 El elemento “iniciador” de las actividades innovativas se vincula con el diseño necesario para el desarrollo y fabricación de nuevos productos y procesos
 La “ciencia pura” no es algo exógeno a la economía
 Los procesos innovativos consisten en procesos continuos.
El modelo lineal solo es válido para un mínimo porcentaje de las innovaciones. Este modelo niega las numerosas retroalimentaciones y solapamientos que se producen en estos procesos entre las distintas instancias, y con las distintas áreas sociales que forman parte de ellos.
Como contraposición al modelo lineal se haya el “modelo de enlaces de cadena” o “modelo interactivo del proceso de innovación”. Se destaca su marcado interés por las continuas interacciones y retroalimentaciones entre las distintas etapas y actividades que están involucradas. Las relaciones entre ciencia y tecnología son de “ida y vuelta”. Ningún circuito del proceso ni ninguna fase del mismo están desconectados del resto.
Enfatiza en el rol de la empresa como el motor de la innovación, prestando también atención a las actividades informales. La innovación comienza a ser vista como sistema. Se vincula más con la acción que con el pensamiento, su epicentro está más en la invención que en la investigación básica.
3.2. Concepción de un Sistema Nacional de Innovación.
Se concibió que los cambios tecnológicos dependieran, por un lado, de los cambios sociales y, por el otro, de la sensibilidad que los sistemas institucionales tuvieran frente a esos cambios. La teoría de los Sistemas de innovación se desarrolla tomando en cuenta una representación y concepción de la realidad social y de la práctica innovativa de esos países. Se pueden construir modelos que permiten analizar, comparar y replicar diferentes prácticas de innovación, tanto en un área de la industria como en una nación o a nivel regional.
Esta teoría sirve para realizar diagnósticos y comparaciones entre distintos países, y para diseñar y planificar políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación tecnológica.
Nuestro país y la mayoría de los países latinoamericanos han modificado la estructura de sus sistemas nacionales de investigación científica por la de sistemas nacionales de investigación e innovación productiva.
El incremento de las nuevas tecnologías han producido en los últimos años un gran aumento en toda la economía por los cambios operados en los productos y servicios. Esto está íntimamente relacionado con la capacidad de innovación.
3.2.1. El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en la Argentina actual.
En la Argentina, la investigación científica y tecnológica es llevada a cabo por entidades públicas. En los últimos años se han multiplicado las vinculaciones entre la industria y los centros de I+D.
3.2.1.1. Estructura institucional y marco legal.
El sector científico-tecnológico es el ámbito compuesto por instituciones, recursos humanos, equipos, instrumental científico, a través de los cuales se genera y circula el conocimiento y la tecnología.
Comprenden tanto la realización de investigación y desarrollo, formación de recursos humanos, difusión de conocimiento, innovación tecnológica, servicios y trasferencias de ciencia y de tecnología.
Actualmente, las competencias del Estado en materia de ciencia y de tecnología se localizan en los niveles federal y provinciales.
El gobierno nacional concentra los principales organismos políticos estratégicos. En el nivel provincial, algunos gobiernos tienen organismos específicos responsables de la promoción y coordinación de las actividades científico-tecnológicas.
Los principales organismos antárticos del sector público fueron creados y organizados mediante decretos del gobierno nacional, como el CNEA y el CONICET. Hacia 195 las actividades investigativas se hallaban concentradas en las universidades públicas. Pero a partir de aquellos años, la participación del Estado en el área fue extendiéndose mediante la creación de algunos organismos que darían lugar a las grandes instituciones del sistema actual.
3.2.1.2. Funcionamiento del complejo científico-tecnológico argentino.
Podemos dividir al sistema argentino de ciencia, tecnología e innovación en tres niveles:
I. El primer nivel funcional formula las políticas científicas y tecnológicas. Define las propiedades en investigación y la asignación de recursos presupuestarios. También en este primer nivel se encuentra el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva que establece políticas y coordina acciones orientadas a fortalecer la capacidad del país para dar respuestas a problemas sectoriales y sociales prioritarios, así como de contribuir a incrementar la competitividad del sector productivo.
II. El segundo nivel funcional es de promoción de iniciativas y se encuentra en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Eje de sus acciones: la carrera de investigador científico y tecnológico, la del personal de apoyo a la investigación, el otorgamiento de becas para estudios doctorales y posdoctorales, el financiamiento y el establecimiento de vínculos con organismos internacionales gubernamentales de similares características. El CONICET promueve la investigación científico-tecnológica en cuatro grandes áreas: agraria, ingeniería y de materiales; biológica y de la salud; ciencias exactas y naturales; y ciencias sociales y humanidades.
III. El tercer nivel funcional es el de ejecución de proyectos y programas científicos y tecnológicos. Participan de este nivel gran cantidad de instituciones antárticas del ámbito público:
- Comisión Nacional de EnergíaAtómica (CNEA): realiza actividades de investigación, desarrollo y servicios en las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear y lleva a cabo tareas para mejorar la calidad de vida en beneficio de la comunidad en las áreas de energía, salud, industria, agricultura, ganadería y medio ambiente.
- Instituto Nacional de TecnologíaAgrícola (INTA): el objetivo central es contribuir a la competitividad del sector agropecuario, forestar y agroindustrial en todo el territorio nacional en un marco de sustentabilidad ecológica y social.
- Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI): se centra en la mejora de la competitividad industrial, contribuyendo al desarrollo y la transferencia de tecnología, desde el diseño hasta el producto final con el fin de fortalecer los eslabones nacionales de las cadenas de vapor.
- Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE): su misión es entender, diseñar, ejecutar, controlar, gestionar y administrar proyectos, actividades y emprendimientos en materia espacial en todo el ámbito de nuestro país.
- Sistema Universitario Argentino: su objetivo es la investigación en las universidades.
Finalmente, podemos hacer referencia a otros agentes de este tercer nivel funcional como son las empresas públicas y privadas. Sin embargo, es necesario destacar que la Argentina no tiene una estructura productiva de alta complejidad tecnológica y, en consecuencia, relativamente demandante de conocimiento.
3.3. La inversión presupuestaria en Investigación y Desarrollo (I+D).
La expresión big science hace referencia al tránsito desde una ciencia practicada a una escala casi individual o artesanal, a emprendimientos científicos que comenzaron a requerir enormes inversiones que generalmente están solo al alcance de los gobiernos. La planificación de las actividades científicas y tecnológicas introdujo en el debate público problemas como la medición del grado de apoyo que reciben en términos del porcentajes de Producto bruto Interno destina a I+D.
En América Latina y en el Caribe, se observa un crecimiento en la inversión I+D a partir de mediados de los años 90, pero dicho crecimiento no fue sostenido debido a los desequilibrios económicos y financieros que se produjeron en los tres países más grandes de la región, México, Brasil y Argentina. E
Mientras que en los países de América Latina y el Caribe, se destina menos del 1% del PBI a la ciencia y a la tecnología, en Europa y en los EE.UU. se supera este porcentaje.
Desde aproximadamente la segunda mitad del siglo XX, uno de los elementos básicos de la políticas científico-tecnológica de cada país es la asignación de recursos para los proyectos de I+D, surgiendo la cuestión de quién o quiénes deben marcar las finalidades y objetivos de estos proyectos. Los distintos grupos de presión y los gobernantes influyen en la configuración de la ciencia y de la tecnología que se hace en un país en una época determinada en función de intereses sectoriales.
3.4. El sistema educativo y la evolución de la Investigación y Desarrollo.
Los valores del 1% del PBI como inversión en I+D y de tres investigaciones cada mil integrantes de la población económicamente activa, son las metas recomendadas internacionalmente como requisitos para lograr un desarrollo científico tecnológico sostenible en los denominados países emergentes.
Es necesario que los Estados lleven a la práctica políticas de mediano y largo plazo, tomando conciencia de que el avance de la ciencia y de la tecnología es una herramienta fundamental para el desarrollo.
La disponibilidad de un número suficiente de científicos, tecnólogos y otros profesionales altamente calificados se nos presenta como un desafíocrítico. Es necesario también un fortalecimiento de la educación superior, de grado y de posgrado, con un adecuado nivel de excelencia. En ese sentido, es importante considerar la llamada “fuga de cerebros”. Una opción deseable sería la repatriación de los que deseen reinsertarse en los sistemas científicos y tecnológicos nacionales, mediante el ofrecimiento de incentivos y condiciones dignas de trabajo similares a los que gozan en los países hacia los cuales han migrado. Pero mucho más importante aún es, para frenar este flujo migratorio, la creación de más oportunidades de inserción para los recién graduados.
En los últimos diez años, se observa un crecimiento, no solo en la cantidad sino en la calidad de la investigación nacional. Sin embargo, no siempre estos indicadores expresan una articulación entre esa producción y las demandas sociales y económicas de los países. Parece existir un “cuello de botella” en la aplicación de los conocimientos. La superación de estos problemas recurrentes requiere de políticas de mediano y de largo plazo tendientes a integrar el sistema educativo con el de producción y aplicación del conocimiento.
La ciencia y la tecnología son herramientas indisolublemente ligadas a la educación, para que los ciudadanos de un país podamos ejercer la reflexión crítica en la toma de decisiones y no dejar tan solo en manos de los expertos, algo que debe ser pensado entre todos. Los efectos nocivos para una sociedad de la supuesta neutralidad de los sujetos y de la despolitización de la política no son ajenos al ámbito de la ciencia y de la tecnología. Despolitizar la política nos aleja de nuestra condición de ciudadanos responsables con nuestros derechos y obligaciones, capaces de desarrollar un pensamiento crítico, y pasamos a ser solo consumidores.
Como hemos visto en la primera parte del texto consideraba que las cuestiones científicas eran problemas que debían solucionar los propios científicos. Esto contribuyó al desinterés público por la investigación científica y reforzó la imagen de neutralidad del conocimiento, despolitización y ausencia de compromiso ético.
La educación en ciencia y en tecnología, debería desarrollar una comprensión pública para que podamos ser ciudadanos responsables y comprometidos en una sociedad democrática, de manera tal que se fomente nuestra participación activa en la toma de decisiones científico-tecnológicas.