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Psicopatología

Resumen de la segunda parte de la materia

Cátedra: Baumgart

2007

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21º conferencia. Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales.

Las perversiones de los adultos son fenómenos de la vida sexual. Sexualidad y reproducción no coinciden, todos ellos desmienten la meta de la reproducción. Debemos admitir algo "sexual" que no es "genital" ni que tiene que ver con la reproducción.

Le confiere carácter sexual a la práctica perversa, a pesar de la ajenidad de su objeto y de sus metas, que el acto de satisfacción perversa desemboca en un orgasmo.

Por más que se la contraponga a la práctica sexual normal, esta comporta un rasgo perverso. El beso es un acto perverso, consiste en la unión de dos zonas bucales erógenas en lugar de los dos genitales y cuando es muy intenso termina en la descarga genital y el orgasmo. Para uno palpar y mirar son condiciones del goce sexual, otro muerde y pellizca en el ápice de la excitación sexual, y el estado de excitación en los amantes no siempre es provocado por los genitales, sino por otra región corporal del objeto. Lo esencial de las perversiones no consiste en la trasgresión de la meta sexual, ni la sustitución de los genitales, ni en la variación del objeto, sino en que estas desviaciones se consuman de manera exclusiva (fijeza), dejando de lado el acto sexual al servicio de la reproducción. Las acciones perversas dejan de ser tales cuando se integran en la producción del acto sexual normal. Así se achica la distancia entre la sexualidad normal y la perversa. La sexualidad normal nace de algo que la preexistió, desechando rasgos aislados e inutilizables y reuniendo los otros para subordinarlos a la meta de la reproducción.

La sexualidad perversa está centrada, una pulsión parcial tiene la primacía y todas las acciones presionan hacia una única meta. La diferencia entre la sexualidad perversa y la normal es la diversidad de las pulsiones sexuales dominantes y de las metas sexuales. La sexualidad infantil carece de centramiento y organización, y sus diversas pulsiones parciales persiguen por cuenta propia el logro del placer. Ambos tipos de sexualidad, perversa y normal, han nacido de lo infantil. El infantilismo de la vida sexual se produce en aquellos en que numerosas pulsiones parciales han persistido en sus metas.

En las prácticas perversas y en los síntomas histéricos los fenómenos de estimulación, sensaciones e inervaciones que son propios de los genitales se desplazan hacia otras regiones del cuerpo alejadas de estos. Debemos extender la designación "sexual" a las prácticas de la primera infancia que aspiran al placer de órgano. Llamamos sexuales a las prácticas placenteras de la primera infancia porque el análisis nos lleva a ellas desde los síntomas pasando por un material sexual.

Ya desde el tercer año de vida el niño empieza a excitar sus genitales y quizá sobrevenga un período de masturbación infantil. Los niños entre tres y ocho años han aprendido a ocultar los propósitos "sensuales" de su ternura. Las metas sexuales de este período de la vida se entraman con la investigación sexual infantil. El carácter perverso de algunas de estas metas depende de la inmadurez constitucional del niño, quien no ha descubierto aún la meta del coito (por ello elabora teorías sexuales)

Desde el sexto al octavo año de vida se observa una detención y un retroceso en el desarrollo sexual, el período de latencia, este puede no ser una interrupción completa de las prácticas y intereses sexuales. Las vivencias y mociones anímicas anteriores son víctimas de la amnesia infantil. Los comienzos de la vida sexual contenidos en ella proporcionan el motivo de ese olvido, resultado de la represión.

La sexualidad del niño muestra semejanza con la del adulto, pero se diferencia de esta por la falta de una organización bajo el primado de los genitales, los rasgos perversos y la intensidad menor de la aspiración en su conjunto (sexualidad perversa polimorfa)

El primado de los genitales se prepara en la primera época infantil, anterior al período de latencia, y se organiza a partir de la pubertad. En esta prehistoria hay una organización pregenital. Se sitúan en primer plano las pulsiones parciales sádico-anales, la oposición masculino y femenino no desempeña ningún papel y ocupa su lugar la oposición activo y pasivo. Lo que nos parece masculino en esta fase es expresión de la pulsión de apoderamiento que desborda hacia lo cruel. Aspiraciones de meta pasiva se anudan a la zona erógena del orificio anal. La pulsión de ver y la pulsión de saber despiertan con fuerza y los genitales participan en su papel de órganos para la excreción. En esta fase las pulsiones parciales no coinciden en un solo objeto. La organización sádico-anal precede a la fase del primado de los genitales (Luego Freud agregó una fase "fálica" entre la sádico-anal y la genital) Por detrás de la fase sádico-anal se encuentra la etapa de organización oral, pues la zona erógena que desempeña el papel principal es la boca y la práctica sexual es el chupeteo.

La función libidinal recorre una serie de fases sucesivas, es un desarrollo retomado varias veces. El punto de síntesis de ese desarrollo es la subordinación de las pulsiones parciales bajo el primado de los genitales y el sometimiento de la sexualidad a la reproducción. Antes de ello hay una práctica autónoma de las diversas pulsiones parciales que aspiran a un placer de órgano y unos esbozos de organizaciones "pregenitales", la más primitiva es la fase oral y luego la sucede la fase sádico-anal.

El primer objeto de los componentes orales de la pulsión sexual es el pecho materno, que satisface la nutrición del lactante. En el chupeteo se vuelven autónomos los componentes eróticos que se satisfacen al mamar, el objeto se abandona y se sustituye por una parte del cuerpo propio. La pulsión oral se vuelve autoerótica, como son las pulsiones anales y las otras pulsiones erógenas. El resto del desarrollo tiene dos metas: permutar el objeto situado en el propio cuerpo por un objeto ajeno y unificar los objetos de las pulsiones parciales en un objeto único, que sólo puede lograrse cuando dicho objeto es un cuerpo total parecido al propio y cuando cierto número de mociones pulsionales autoeróticas se releguen por inutilizables.

En la infancia, antes del período de latencia, el objeto hallado es casi idéntico al primer objeto de la pulsión oral, no es el pecho sino la madre el primer objeto de amor (destacamos el aspecto anímico de las aspiraciones sexuales y empujamos a segundo plano a los requerimientos pulsionales de carácter sexual) Para esta época ya ha empezado en el niño el trabajo psíquico de la represión, que sustrae de su saber una parte de sus metas sexuales. Esta elección de la madre como objeto de amor se anuda con el "complejo de Edipo".

Edipo condenado a matar a su padre y a tomar por esposa a su madre, hace todo lo posible por sustraerse de la sentencia del oráculo, y al enterarse de que, sin saberlo, ha cometido esos dos crímenes, se castiga cegándose. El espectador reacciona como si él se acordara horrorizado de sus deseos de eliminar al padre y de tomar por esposa a su madre. Aun cuando el hombre haya reprimido en el inconsciente estas mociones sufrirá esta responsabilidad como sentimiento de culpa.

El complejo de Edipo es una de las fuentes más importantes de la conciencia de culpa que hace penar a los neuróticos. En Tótem y tabú conjetura que quizá la humanidad adquirió en el complejo de Edipo la conciencia de culpa, fuente de la religión y de la eticidad.

En la observación de los niños el niño quiere tener a la madre para él, siente molesta la presencia del padre y exterioriza su contento cuando no está. En otras oportunidades muestra gran ternura hacia el padre, estas actitudes afectivas ambivalentes coexisten en el niño y después hallan sitio en el inconsciente. El interés egoísta del niño apuntala a la aspiración erótica, pues el pequeño ya muestra curiosidad sexual hacia su madre. La madre tiene igual atención con sus hijas sin provocar ese efecto, y el padre rivaliza con ella en sus cuidados hacia el varón, sin lograr la misma importancia que la madre. La niña tiene una actitud tierna hacia el padre y la necesidad de eliminar a la madre para ocupar su lugar (su coquetería ya trabaja con los recursos de la posterior femeneidad) Cuando nacen otros niños el perjuicio egoísta apuntala para que sean recibidos con antipatía y sean eliminados en el deseo. El niño desplazado y casi aislado de la madre difícilmente olvidará este relegamiento y le nacen sentimientos de grave inquina. La experiencia vital del niño suele anudarse a la investigación sexual, con todas sus consecuencias.

La primera elección de objeto es incestuosa: el hombre se dirige a la madre y a las hermanas y se necesitan prohibiciones para que no se haga realidad esa inclinación infantil. Entre los pueblos primitivos los ritos de pubertad tienen el sentido de cancelar el vínculo incestuoso con la madre y de reconciliarlo con el padre. El incesto con la madre y el parricidio son los crímenes de Edipo. También prohibidos por el totemismo.

Cada uno de los neuróticos fue a su vez un Edipo, el odio hacia el padre, los deseos de que muera y la ternura hacia la madre que confiesa su meta de poseerla como mujer. Descubrimos que el odio hacia el padre es reforzado por motivos provenientes de épocas y vínculos más tardíos y que los deseos sexuales hacia la madre se vuelcan al niño en formas que le son todavía ajenas. El núcleo infantil del complejo de Edipo y sus elementos accesorios, en mayor o menor medida, quedan en pie.

En la época de la pubertad, cuando la pulsión sexual plantea sus exigencias con toda fuerza, los viejos objetos incestuosos son retomados e investidos libidinalmente. La elección infantil de objeto es preludio de la elección de objeto de la pubertad. Se despliegan procesos afectivos intensos, que siguen el camino del complejo de Edipo o que se enfrentan a él. Estos procesos deben permanecer alejados de la conciencia pues sus premisas se han vuelto insoportables. Desde esta época en adelante el hijo tiene la tarea de desasir de la madre los deseos libidinosos para emplearlos en la elección de un objeto de amor ajeno, y en reconciliarse con el padre si siguió siéndole hostil o en liberarse de su presión si se le sometió como reacción frente a la sublevación infantil. Pero los neuróticos no alcanzan esta solución, el hijo permanece sometido al padre y no puede transferir su libido a un objeto ajeno.

En los sueños los deseos que lo forman son de naturaleza perversa e incestuosa o delatan hostilidad hacia parientes queridos. Estas mociones son unas colocaciones de la libido y unas investiduras de objeto de la primera infancia, hace tiempo resignadas en la vida conciente, que durante la noche demuestran estar presentes y ser capaces de operar en cierto sentido. Los normales también han recorrido la vía de desarrollo que pasa por las perversiones y las investiduras de objeto del complejo de Edipo (vía del desarrollo normal) y los neuróticos nos muestran aumentado y ampliado lo que el análisis de los sueños nos revela también en las personas sanas.

23º conferencia. Los caminos de la formación de síntoma.

Importa distinguir los síntomas de la enfermedad, tras la eliminación de aquellos la enfermedad es la capacidad para formar nuevos síntomas. Los síntomas son actos perjudiciales o inútiles, que la persona realiza contra su voluntad, y conllevan displacer o sufrimiento. Su perjuicio es el gasto anímico que ellos cuestan y que se necesitan para combatirlos. Sí la formación de síntoma es extensa puede empobrecer a la persona en cuanto a energía anímica disponible. Interesa la cantidad de energía requerida, por lo que "estar enfermo" es un concepto práctico. Desde el punto de vista teórico todos somos neuróticos, pues las condiciones para la formación de síntomas también están en las personas normales.

Los síntomas neuróticos resultan de un conflicto en torno a una nueva modalidad de satisfacción pulsional. Las dos fuerzas opuestas coinciden en el síntoma (compromiso de la formación) por eso es tan resistente. Una de las dos partes es la libido insatisfecha, denegado (frustrado) su objeto en la realidad, busca otros caminos para su satisfacción. Emprende el camino de la regresión y aspira a satisfecerse en una de las organizaciones superadas o por medio de uno de los objetos resignados. La libido es cautivada por la fijación que ha dejado tras de su desarrollo.

Sí las regresiones no despiertan contradicción del yo, no sobrevendrá la neurosis, y la libido alcanzará una satisfacción real no normal (perversión) El conflicto se plantea si el yo no acuerda con estas regresiones. La libido intenta drenar su investidura energética, según el principio de placer, y tiene que sustraerse del yo. Las fijaciones que recorre en sentido regresivo y de las cuales el yo se protegió a través de represiones, le permiten drenaje. La libido inviste las posiciones reprimidas y se sustrae del yo y de sus leyes, bajo la frustración externa e interna. Las representaciones sobre las cuales la libido transfiere su investidura pertenecen al sistema Icc y están sometidas a los procesos de condensación y desplazamiento. Se establecen formaciones similares a las de la formación del sueño. El sueño es el cumplimiento de una fantasía Icc de deseo que entra en transacción con un fragmento de actividad Pre-cc, esta ejerce la censura y permite la formación del sueño manifiesto como compromiso. La subrogación de la libido en el interior del Icc tiene que contar con el poder del yo Pre-cc. La contradicción del yo contra ella la persigue como "contrainvestidura" y la fuerza a escoger una expresión que al mismo tiempo sea la suya. El síntoma se engendra como un retoño del cumplimiento de deseo Icc, desfigurado y provisto de dos significados que se contradicen. La diferencia entre la formación de sueño y la del síntoma es que el propósito Pre-cc del sueño es preservar el dormir y tolera más la moción de deseo Icc porque el estado del dormir bloquea la salida a la realidad.

La libido escapa en el conflicto gracias a la preexistencia de fijaciones. La investidura regresiva de estas lleva a sortear la represión y a la satisfacción de la libido bajo las condiciones del compromiso. Por el rodeo a través del Icc y las fijaciones, la libido logra alcanzar una satisfacción real, aunque restringida y apenas reconocible. Lo dicho vale exclusivamente para la formación de síntoma en el caso de la neurosis histérica.

Las prácticas y vivencias sexuales infantiles pueden dejar fijaciones libidinales en los afanes parciales abandonados y en los objetos resignados. Hacia ellos revierte la libido. En la infancia se manifestaron por primera vez las orientaciones pulsionales que el niño traía en su disposición innata y las vivencias infantiles le activaron por primero vez otras pulsiones. Unas vivencias de la infancia son capaces de dejar como secuela fijaciones libidinales y las disposiciones constitucionales son la secuela que dejaron las vivencias de nuestros antepasados.

La predisposición por fijación libidinal del adulto se nos descompone en constitución sexual hereditaria y en predisposición adquirida en el vivenciar infantil. La constitución sexual forma con el vivenciar infantil otra "serie complementaria" semejante a la formada entre predisposición y vivenciar accidental del adulto. Las regresiones vuelven a etapas más tempranas de la organización sexual.

La libido de los neuróticos vuelve a las vivencias sexuales infantiles regresivamente después que fue expulsada de sus posiciones tardías. Pero estas vivencias libidinales no tuvieron en su momento importancia alguna y sólo la cobraron regresivamente. La investidura libidinal de las vivencias infantiles es reforzada por la regresión de la libido. Existen neurosis infantiles en las que el diferimiento temporal no cumple ningún papel y la enfermedad se contrae como consecuencia directa de vivencias traumáticas. Las neurosis de los niños son muy frecuentes y en la mayoría de los casos se presentan como una histeria de angustia. Sí en períodos más tardíos estalla una neurosis, el análisis revela, que es la continuación directa de aquella enfermedad infantil velada. Hay casos en los que esa neurosis infantil prosigue como un estado de enfermedad que dura toda la vida. A menudo el análisis de una neurosis contraída en la adultez nos permite reconstruir la neurosis infantil de esa persona.

La fijación en determinados puntos del desarrollo sólo cobra valor en la inmovilización de un determinado monto de energía libidinosa. Hay casos en los que el peso de la causación recae en las vivencias sexuales infantiles, sin necesidad del apoyo de la constitución sexual y su inmadurez. Hay otros casos en los que el acento recae sobre los conflictos posteriores y la insistencia en las impresiones infantiles, obra de la regresión. En un extremo la "inhibición del desarrollo" y en el otro la "regresión" y entre ellos todos los grados de conjugación de ambos factores.

Los síntomas crean un sustituto para la satisfacción frustrada, por medio de la regresión de la libido a estadios anteriores del desarrollo, en la elección de objeto o en la organización. El neurótico quedó adherido a un punto de su pasado, a un período en donde satisfacía su libido, aunque para ello tenga que retroceder hasta su lactancia. El síntoma repite aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia, desfigurada por la censura que nace del conflicto y mudada en sufrimiento que lleva a contraer la enfermedad. La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta es irreconocible para la persona, pues siente la presunta satisfacción como sufrimiento, y esta mudanza es parte del conflicto psíquico bajo cuya presión se formó el síntoma. Lo que fue para el individuo satisfacción está destinado a provocar hoy su resistencia o repugnancia. P.e. el niño que ha mamado del pecho materno años más tarde manifiesta una fuerte renuncia a beber leche o repugnancia cuando la leche se halla cubierta de nata.

Los síntomas como medio de satisfacción libidinosa prescinden del objeto y resignan el vínculo con la realidad exterior, consecuencia del extrañamiento respecto del principio de realidad y del retroceso al principio de placer. También hay un retroceso a una suerte de autoerotismo ampliado, como el que ofreció las primeras satisfacciones a la pulsión sexual. Reemplazan una modificación en el mundo exterior por una modificación en el cuerpo, vale decir, una acción exterior por una interior. El síntoma figura algo como cumplido: una satisfacción a la manera de lo infantil, por medio de la condensación esa satisfacción puede comprimirse en una inervación única y por medio de desplazamiento puede circunscribirse a un pequeño detalle del complejo libidinoso.

Las vivencias infantiles en que la libido está fijada y desde las cuales se crean los síntomas no siempre son verdaderas. Las vivencias infantiles construidas en el análisis o recordadas son una mezcla de verdad y falsedad. Los síntomas son ora la figuración de vivencias reales y a las que puede atribuirse una influencia sobre la fijación de la libido, ora la figuración de fantasías del enfermo.

Cuando el enfermo nos presenta el material que, por detrás de los síntomas, lleva hasta situaciones de deseo calcadas de las vivencias infantiles, al comienzo debemos dudar si se trata de realidades o fantasías. Durante largo tiempo no comprenderá el designio de equiparar fantasía y realidad y de no preocuparnos por saber si esas vivencias son lo uno o lo otro. El enfermo se ha ocupado de esas fantasías, ese hecho no tiene menor importancia para su neurosis que si hubiera vivenciado en la realidad el contenido de sus fantasías. Ellas poseen realidad psíquica, en oposición a una realidad material, en el mundo de las neurosis la realidad psíquica es la decisiva.

Entre los acontecimientos que retornan en la historia del neurótico hay algunos de particular importancia: la observación del comercio sexual entre los padres, la seducción por una persona adulta y la amenaza de castración. El niño pequeño puede ser testigo del comercio sexual entre adultos y comprender con posterioridad esta impresión. Pero cuando este acto es descrito con detalles precisos o como ejecutado por atrás, esa fantasía se apuntala en la observación del comercio sexual entre animales y en su insatisfecho placer de ver. La seducción entre niños es más frecuente que la seducción por un adulto y en el caso de las niñas aparece con regularidad el padre. Con la fantasía de seducción el niño encubre el período autoerótico de quehacer sexual y se ahora la vergüenza de la masturbación fantaseando un objeto anhelado. El niño se compone esa amenaza de castración sobre la base de indicios, ayudado por su saber de que la satisfacción autoerótica está prohibida, y bajo la impresión de su descubrimiento de los genitales femeninos.

Estos hechos de la infancia pertenecen al patrimonio de las neurosis, si la realidad no los ha concedido se los establece a partir de indicios y se los completa mediante fantasía. No hay diferencia alguna por el hecho de que en esos sucesos infantiles tenga mayor participación la fantasía o la realidad. La fuente de tales fantasías está en las pulsiones y en todos los casos tienen idéntico contenido por que estas fantasías primordiales son un patrimonio filogenético. El individuo rebasa su propio vivenciar hacia el vivenciar de la prehistoria. Es posible que lo que hoy es fantasía haya sido realidad en los tiempos originarios humanos y que el niño fantaseador haya llenado las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica.

El hombre es educado para apreciar la realidad y obedecer al principio de realidad por influencia del apremio exterior. Tiene que renunciar a diversos objetos y metas de su aspiración sexual -no sólo sexual- Pero es difícil para el hombre abandonar ese placer y por eso en el fantasear concede a estas fuentes de placer resignadas y a estas vías abandonadas de la ganancia de placer una supervivencia (existencia emancipada de la realidad y del "examen de realidad") El demorarse en los cumplimientos de deseo de la fantasía trae consigo una satisfacción, aunque se sabe que no se trata de una realidad. En el fantasear el hombre sigue gozando de la libertad de la compulsión exterior, esa libertad a la que renunció en la realidad.

Las producciones de la fantasía son los "sueños diurnos", unas satisfacciones imaginadas de deseos eróticos, que florecen más cuanto más la realidad llama a moderarse. Su esencia es la ganancia de placer con independencia de la aprobación de la realidad. Los sueños diurnos pueden ser cc o Icc, estos últimos son fuente tanto de los sueños nocturnos como de los síntomas neuróticos.

La importancia de la fantasía para la formación de síntoma. Con la frustración la libido inviste regresivamente las posiciones abandonadas, a las que quedaron con ciertos montos. Los objetos y orientaciones de la libido resignados, ellos o sus retoños, son retenidos en representaciones de la fantasía con cierta intensidad. La libido vuelve a las fantasías para hallar desde ellas el camino a cada fijación reprimida. Esas fantasías son toleradas por que, aunque sean opuestas al yo, cumplen con una condición cuantitativa. Pero el aflujo libidinal eleva la investidura energética de las fantasías (exigen su realización) y se produce el conflicto entre ellas y el yo. Si estas eran Pre-cc o cc son reprimidas por el yo y atraídas al Icc. Desde las fantasías Icc la libido vuelve a migrar hasta sus propios puntos de fijación.

La retirada de la libido a la fantasía es un estadio intermedio en el camino hacia la formación de síntoma. La introversión es el extrañamiento de la libido respecto de la satisfacción real y la sobreinvestidura de las fantasías que hasta entonces eran inofensivas. El carácter irreal de la satisfacción neurótica y la indiferencia entre fantasía y realidad están determinados por la permanencia en el estadio de la introversión.

Desde el punto de vista económico, el conflicto entre dos aspiraciones no estalla antes de que hayan alcanzado ciertas intensidades de investidura, por más que preexistan las condiciones de contenido. La importancia patógena de los factores constitucionales depende de cuánto más de una pulsión parcial respecto de otra esté presente en la disposición, en términos de proporciones cuantitativas. Interesa el monto de libido que la persona puede conservar flotante y la cuantía de la fracción de su libido que es capaz de desviar de lo sexual hacia metas de sublimación. La meta final, que desde lo cualitativo aspira a la ganancia de placer y a evitar el displacer, desde lo económico consiste en dominar los volúmenes de excitación que operan en el aparato psíquico e impedir su estasis generadora de displacer.

Todo hasta aquí se refiere a la formación de síntoma en el caso de la histeria. Las contrainvestiduras frente a las exigencias pulsionales pasan a primer plano en la neurosis obsesiva y, por medio de las "formaciones reactivas", dominan el cuadro clínico.

Existe un camino de regreso de la fantasía a la realidad y es el arte. El artista, como cualquier insatisfecho, se extraña de la realidad y transfiere su libido a las formaciones de deseo de su fantasía. Es probable que su constitución incluya una vigorosa facultad para la sublimación y cierta flojera de las represiones para el conflicto. El artista elabora sus sueños diurnos de modo que pierdan lo personal y chocante, para que los extraños puedan gozarlos, y no deja traslucir sus fuentes prohibidas. Da forma al material hasta que se convierte en reflejo de la representación de su fantasía y después anuda a esta figuración de su fantasía Icc una ganancia de placer tan grande que doblega temporalmente a las represiones. Posibilita a los otros que extraigan alivio de las fuentes de placer de su propio Icc.

Inhibición, síntoma y angustia. Cap. VII

En las zoofobias infantiles el yo debe proceder contra una investidura de objeto libidinosa del ello (del complejo de Edipo positivo o negativo) por que ha comprendido que ceder a ella le aparejaría el peligro de la castración. En Hans (Edipo positivo) la corriente tierna hacia la madre es erótica pura. La agresiva depende de la pulsión de destrucción y en la neurosis el yo se defiende de las exigencias de la libido. Tras la formación de la fobia la ligazón-madre tierna ha como desaparecido, tramitada por represión, y la formación sintomática se ha consumado en torno de la moción agresiva. En el "hombre de los lobos" la moción reprimida es una moción erótica, la actitud femenina frente al padre y en torno a ella se consuma la formación sintomática.

De la doctrina de las pulsiones seguimos las organizaciones de la libido desde el estadio oral, pasando por la sádico oral, hasta el genital, y equiparamos todos los componentes de la pulsión sexual. Después el sadismo se nos apareció como subrogado de la pulsión tanática (de muerte), opuesta al Eros (pulsión de vida) Nunca hay mociones pulsionales puras, sino con ligas de ambas pulsiones en diversas proporciones de mezcla. La moción agresiva hacia el padre puede ser objeto de represión al igual que la moción tierna hacia la madre. La represión tiene un vínculo particular con la organización genital de la libido y el yo recurre a otros métodos de defensa en otros estadios de la organización.

Tan pronto como discierne el peligro de castración, el yo de la señal de angustia e inhibe el proceso de investidura amenazador en el ello, por medio de la instancia placer-displacer. Se consuma la fobia. La angustia de castración recibe otro objeto y una expresión desfigurada: ser mordido por el caballo, en vez de ser castrado por el padre. La formación sustitutiva tiene dos ventajas: esquiva el conflicto de ambivalencia, pues el padre es un objeto amado, y permite al yo suspender el desarrollo de angustia. La angustia de la fobia sólo emerge cuando su objeto es percibido, allí está presente la situación de peligro. Al padre se lo sustituye por el animal, sólo se evita su visión, para quedar exento de peligro y de angustia. Hans produce la inhibición de salir para no encontrarse con caballos.

En la fobia se produce una proyección pues sustituye un peligro pulsional interno por un peligro de percepción externo (del peligro exterior puede protegerse mediante la huida y la evitación de la percepción, pero la huida no vale frente al peligro interno) La exigencia pulsional conlleva a un peligro externo, el de la castración. En la fobia, en el fondo se ha sustituido un peligro externo por otro. Que el yo pueda sustraerse de la angustia por medio de una evitación o de un síntoma-inhibición armoniza con la concepción de que esa angustia es sólo una señal-afecto, y de que nada ha cambiado en la situación económica.

La angustia de las zoofobias es una reacción afectiva del yo frente al peligro, y el peligro frente al cual se emite la señal es el de la castración. La diferencia con la angustia realista es que aquí el contenido de la angustia permanece inconsciente y sólo deviene conciente en una desfiguración.

El agorafóbico impone una limitación a su yo para sustraerse de un peligro pulsional, la tentación de ceder a sus concupiscencias eróticas, lo que le haría convocar el peligro de la castración. En la agorafobia el yo no se conforma con una renuncia, hace algo más para quitar a la situación su carácter de peligroso. Hace una regresión temporal a los años de la infancia y emerge como la condición bajo la cual se puede omitir la renuncia. El agorafóbico puede andar por la calle si una persona de su confianza lo acompaña.

La fobia se establece por regla general después que se vivenció un primer ataque de angustia. La angustia reaparece toda vez que no se puede observar la condición protectora. El mecanismo de la fobia presta servicios como medio de defensa y exhibe una inclinación a la estabilidad.

En la neurosis obsesiva el motor de la formación de síntoma es la angustia del yo frente a su super yo. La hostilidad del super yo es la situación de peligro de la cual el yo se ve precisado a sustraerse. Es un peligro interiorizado. El yo teme al super yo el castigo, eco del castigo de castración. La angustia frente a la castración se ha trasmutado en angustia social indeterminada o angustia de la conciencia moral. El yo se sustrae de ella ejecutando mandamientos, preceptos y acciones expiatorias que le son impuestos. Tan pronto como esto le es impedido emerge un malestar penoso, equivalente de la angustia. La angustia es la reacción frente a la situación de peligro, se la ahorra si el yo hace algo para evitar la situación o sustraerse de ella. Los síntomas son creados para evitar la situación de peligro que es señalada mediante el desarrollo de angustia. Ese peligro es el de la castración o algo derivado de ella.

La neurosis traumática es secuela de un peligro mortal, consecuencia directa de la angustia de supervivencia o de muerte, dejando de lado los vasallajes del yo y la castración. Es improbable que una neurosis venga sólo por el hecho objetivo de un peligro mortal, sin que participen los estratos inconscientes del aparato anímico. La representación de la castración se vuelve representable por medio de la experiencia de la separación de las heces y la pérdida del pecho materno, pero nunca se ha experimentado nada semejante a la muerte. La angustia de muerte debe concebirse como un análogo de la angustia de castración, y la situación frente a la cual reacciona es la de ser abandonado por el super yo protector. En la neurosis traumática la protección contra estímulos exteriores es quebrada y en el aparato ingresan volúmenes hipertróficos de excitación. La angustia no se limita a ser una señal-afecto, sino también es producida a partir de las condiciones económicas de la situación.

El yo se pondría sobre aviso de la castración a través de pérdidas de objeto repetidas, vemos una nueva condición de angustia. Si hasta ahora la considerábamos una señal-afecto de peligro, nos parece que se trata del peligro de castración como reacción frente a una pérdida, una separación. La primera vivencia de angustia es el nacimiento, la separación de la madre podría compararse a una castración de la madre (ecuación pene = hijo) Sin embargo el nacimiento no es vivenciado subjetivamente como una separación de la madre, pues es ignorada como objeto por el feto narcisista.

 

22º conferencia. Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología.

El desarrollo de la función libidinal acarrea dos peligros: el de la inhibición y el de la regresión. Podrá suceder que no todas las fases preparatorias se superen completamente, partes de la función quedarán retrasadas en estadios primeros y cierto grado de inhibición se mezclará en el desarrollo total.

Es posible que partes de cada aspiración sexual queden retrasadas en estadios anteriores del desarrollo, por más que otras puedan alcanzar la meta última. Representamos cada aspiración como una corriente continua que descomponemos artificialmente en oleadas separadas y sucesivas. La fijación (de la pulsión) es una demora de una aspiración parcial en una etapa anterior.

La regresión consiste en que las partes que van avanzando pueden retroceder hasta una de esas etapas anteriores. La aspiración será movida a una regresión cuando el logro de la satisfacción se tope con obstáculos externos de un nivel evolutivo superior. Mientras más fuertes sean las fijaciones en el transcurso del desarrollo, más la función esquivará los obstáculos externos a través de una regresión hacia ellas y mostrará una menor resistencia frente los obstáculos que se oponen a su curso.

Para la comprensión de las neurosis es importante pesquisar el nexo entre fijación y regresión. Existen regresiones de dos clases: retroceso a los primeros objetos incestuosos de la libido y retroceso de toda la organización sexual a estadios anteriores. La primera es un rasgo regular en los neuróticos. Debemos caracterizar regresión y represión para tener claros los vínculos entre estos procesos. Represión es el proceso por el cual un acto que pertenece al sistema Prec, se vuelve inconsciente y es relegado al sistema Icc. También es represión sí al acto anímico inconsciente no se lo admite en el sistema Prec rechazado por la censura. El concepto de represión no tiene vínculo con la sexualidad. Designa un proceso psicológico tópico, que se relaciona con los sistemas psíquicos del aparato anímico, y dinámico, ya que un acto anímico es retenido en el estadio más bajo, el del inconsciente. La represión es un concepto tópico-dinámico y la regresión es un concepto descriptivo. Cuando hablamos de regresión en relación a la fijación hacemos referencia al retroceso de la libido a estaciones anteriores de su desarrollo, algo distinto a la represión en cuanto a su naturaleza e independiente de ella.

Histeria y neurosis obsesiva son los principales exponentes de las neurosis de transferencia:

- En la histeria hay regresión de la libido a los objetos primarios incestuosos, pero nada parecido a una regresión a una etapa anterior de la organización sexual, y el principal mecanismo recae en la represión. La unificación de las pulsiones parciales bajo el primado de los genitales se ha cumplido, pero sus resultados chocan con la resistencia del sistema Prec. La organización genital rige para el inconsciente, pero no para el preconciente y esta repulsa produce un cuadro parecido al estado anterior al del primado genital.

- En la neurosis obsesiva se produce la regresión de la libido a la organización sádico-anal, por lo que el impulso de amor tiene que enmascararse como impulso sádico. Al mismo tiempo se produce la regresión en cuanto al objeto, de manera que ese impulso se dirige a las personas más próximas y amadas. Que explica el horror que estas representaciones obsesivas provocan en el enfermo. La represión participa en el mecanismo de estas neurosis. Una regresión de la libido sin represión nunca da por resultado una neurosis sino una perversión.

Los seres humanos contraen una neurosis cuando se les quita la posibilidad de satisfacer su libido por una "frustración" y sus síntomas son el sustituto de la satisfacción frustrada. El factor de la frustración no revela todo el secreto de la etiología de las neurosis sino una condición indispensable.

La frustración produce efectos patógenos cuando recae sobre la única forma de satisfacción que la persona posee. Muchas vías soportan la privación de la satisfacción libidinosa sin enfermar por ello. Las mociones pulsionales de carácter sexual son plásticas, una puede tomar sobre sí la intensidad de las otras, cuando la satisfacción de una es frustrada por la realidad, la de otra puede ofrecer un resarcimiento pleno. Las pulsiones parciales de la sexualidad como la aspiración sexual que las compendia pueden mudar su objeto por otro. Esta proclividad para el desplazamiento y para adoptar subrogados contrarrestan el efecto patógeno de una frustración. Hay entre estos procesos uno que alcanza importancia cultural: la aspiración sexual abandona la meta dirigida al placer y adopta otra meta social que se relaciona con la resignada. La sublimación es el apuntalamiento de unas aspiraciones sexuales en otras no sexuales.

El grado de libido insatisfecha que los seres humanos pueden tolerar es limitado. La plasticidad o libre movilidad de la libido no se conserva intacta en todos y la sublimación sólo puede tramitar una cierta porción de la libido. La movilidad de la libido hace depender la satisfacción del individuo del logro de escasas metas y objetos. Un desarrollo libidinal incompleto que deja tras de sí múltiples fijaciones, a fases anteriores de la organización y del hallazgo del objeto, que no pueden lograr una satisfacción real, permiten discernir en la fijación libidinal, conjugada con la frustración, la causa de la enfermedad. La fijación libidinal es el factor interno, predisponente, y la frustración es el factor externo, accidental.

Las neurosis ¿son provocadas por la fijación libidinal (y el resto de la constitución sexual) o por la presión de la frustración? Las dos condiciones son indispensables. Con respecto a la causación, los casos de contracción de neurosis se ordenan en una serie dentro de la cual dos factores -constitución sexual y vivencia o fijación libidinal y frustración- aparecen de tal modo que uno aumenta cuando el otro disminuye. En los casos ubicados entre ambos extremos, un más y un menos de constitución sexual predisponente se conjuga con un más o un menos de exigencias vitales dañinas. A las series de esta clase las llamamos series complementarias.

La tenacidad o viscosidad con que la libido se adhiere a determinadas orientaciones y objetos es un factor importante para la etiología de las neurosis y la hallamos como determinante en los perversos. Se descubrió en la anamnesis de los perversos que una impresión temprana provocó una orientación pulsional o una elección de objeto anormales, y a la que la libido permanece adherida por toda la vida. La fijación de la libido es indispensable para la causación de las neurosis, pero esta condición no es más decisiva que la frustración.

Un nuevo factor es tenido en cuenta en la serie etiológica: un conflicto psíquico. Un fragmento de la personalidad sustenta ciertos deseos, otro se revuelve y se defiende contra ellos. Se tienen que cumplir ciertas condiciones para que uno de estos conflictos se vuelva patógeno.

El conflicto se engendra por frustración, esta hace que la libido pierda su satisfacción y la obliga a buscar otros objetos y caminos. Estos otros objetos y caminos despiertan el enojo de una parte de la personalidad que veta la nueva modalidad de satisfacción. Desde aquí parte el camino hacia la formación de síntoma. Las aspiraciones libidinosas rechazadas logran imponerse dando ciertos rodeos, a través de desfiguraciones y atemperamientos. Los rodeos son los caminos de la formación de síntoma, los síntomas son la satisfacción sustitutiva que se hizo por la frustración.

Para que la frustración exterior tenga efectos patógenos es preciso que se le sume la frustración interior. La primera elimina una posibilidad de satisfacción y la segunda querría excluir otra por la cual después estalla el conflicto.

El conflicto patógeno se libra entre las pulsiones yoicas y las pulsiones sexuales, también se libra entre dos aspiraciones sexuales, una siempre acorde con el yo, mientras la otra convoca la defensa del yo. Sigue siendo un conflicto entre el yo y la sexualidad.

Dentro del desarrollo libidinal la sucesión de fases sigue un programa prescripto y puede que este decurso sea influido por el yo. Podríamos prever una correspondencia entre las fases evolutivas del yo y de la libido y que la perturbación de esta nos revele un factor patógeno. El yo, cuando su libido deja tras de sí una fuerte fijación, puede admitirla y volverse perverso o infantil. Pero también puede adoptar una conducta de repulsa frente a ese asiento de la libido y ejercer una represión donde la libido ha experimentado una fijación.

El tercer factor de la etiología de las neurosis es la inclinación al conflicto, que depende del desarrollo del yo como del de la libido. Primero tenemos la frustración, después la fijación de la libido, que la empuja en determinadas direcciones, y, en tercer lugar, la inclinación al conflicto, proveniente del desarrollo del yo, que ha rechazado esas mociones libidinales.

El desarrollo del yo y el de la libido son herederos de unas repeticiones abreviadas de la evolución que la humanidad ha recorrido. En el desarrollo libidinal se ve este origen filogenético, pero en el hombre está velado por que algo en el fondo heredado es vuelto a adquirir en el desarrollo individual. Influencias recientes pueden modificar y perturbar el curso de ese desarrollo prefigurado, ese poder es la frustración dictada por la realidad o el apremio de la vida.

Las pulsiones de autoconservasión aprender temprano a plegarse al apremio y a enderezar su evolución según la realidad, pues no pueden procurarse de otra manera los objetos que necesitan. Las pulsiones sexuales al principio no conocen ningún apremio de la vida, pues se apuntalan en otras funciones corporales y se satisfacen de manera autoerótica en el cuerpo propio.

Para apreciar el distingo entre los dos grupos pulsionales tenemos que introducir las consideraciones económicas. El propósito de nuestra actividad anímica es conseguir placer y evitar el displacer, regulado por el principio de placer. El placer se liga con la reducción de cantidades de excitación o de energía anímica que obran en el interior del aparato anímico, y el displacer, con su elevación. El aparato anímico sirve al propósito de domeñar y tramitar las cantidades de excitación que le llegan de adentro y de afuera. Las pulsiones sexuales trabajan, desde el comienzo hasta el final de su desarrollo, para la ganancia de placer. A lo mismo aspiran las pulsiones yoicas pero pronto aprenden a sustituir el principio de placer por una modificación. La tarea de evitar el displacer se equipara con la de ganar placer, el yo renuncia a una satisfacción inmediata, pospone la ganancia de placer, soporta un poco de displacer y resigna determinadas fuentes de placer. El yo así educado obedece al principio de realidad que en el fondo también quiere alcanzar el placer pero con un miramiento a la realidad.

El tránsito del principio de placer al principio de realidad es uno de los progresos más importantes en el desarrollo del yo. Las pulsiones sexuales se suman tardíamente y con renuencia a este tramo del desarrollo del yo y trae como consecuencia que la sexualidad se conforme un vínculo laxo con la realidad externa. Existen también "regresiones del yo" a fases más tempranas de su desarrollo que pueden cumplir un papel en la contracción de neurosis.

 

"Análisis de una fobia de un niño de 5 años"

I. Introducción

El tratamiento fue llevado a cabo por el padre del niño, ninguna otra persona habría conseguido tales confesiones de él. Además habrían sido insuperables las dificultades técnicas de un psicoanálisis a tan temprana edad. La reunión en una sola persona de la autoridad paterna y del médico posibilitó la aplicación del método que de lo contrario habría sido inapropiado. El psicoanalista que trata a un neurótico adulto llega a descubrir ciertos supuestos a cerca de la sexualidad infantil, en donde cree haber hallado las fuerzas pulsionales de los síntomas neuróticos. ¿Será posible averiguar en el niño aquellas mociones sexuales y formaciones de deseo que en el adulto exhumamos y que aseveramos que son patrimonio constitucional de todos y que en el neurótico se muestran reforzadas o deformadas? Con este propósito Freud insta a sus discípulos a compilar observaciones sobre la vida sexual de los niños. Los padres del pequeño Hans se encuentran entre sus partidarios y habían acordado no educar a su hijo con más compulsión que la requerida para mantener las buenas costumbres.

Hans no había cumplido los tres años cuando ya exteriorizaba interés particular por el "hace-pipí", cierta vez le preguntó a su madre si tenía y ella le contestó que sí. Este interés lo estimula a tocarse y a los 3 1/2 años la madre lo amenaza de que se lo cortarán si sigue haciendo eso (adquiere el "complejo de castración") A esa misma edad observa el hace-pipí de un león. La curiosidad sexual convierte a Hans en investigador, en la estación ferroviaria ve como una locomotora larga agua y pregunta dónde tiene hace-pipí. Luego distingue entre un ser vivo y uno inanimado por la posesión o no de este (perro y caballo sí, mesa y sillón no) Pregunta a sus padres sí tienen hace-pipí, la madre contesta "naturalmente" y él piensa que debería ser grande como el de un caballo.

A esa misma edad nace su hermana, conecta el gemir y el doctor con la llegada de la cigüeña, se ha afianzado en él la primera desconfianza hacia este relato. Cuando ve a la niña se sorprende de que no pueda hablar y se lo adjudica a que no tiene dientes. La observa mientras la bañan opina que tiene un hace-pipí chico y que cuando crezca le crecerá (adquirió la tesis universal de pene, la madre le corrobora esta convicción en las personas que no ha podido ver, no abandona su logro por una observación en la hermana y juzga que el hace-pipí es todavía pequeño y que ya crecerá, desmentida) A los 3 3/4 años sueña que está en Gmunden con Mariedl. En el verano de 1906 estuvo allí, pasado un tiempo de la mudanza le afloraron recuerdos y fantasea que juega con Olga, Berta y Fritzl. Ahora llama a las niñas "mis hijas" y dice que también las trajo la cigüeña, le da quehacer el problema del origen de los hijos y exterioriza una duda interior.

Han visitado una jirafa, el padre la dibuja y él le dibuja una raya larga que es su hace-pipí. Ve a un caballo y opina que tiene una hace-pipí abajo como el de él. Su interés por el hace-pipí lo mueve a "jugar" al inodoro en el gabinete de la leña. Los vínculos de amor con otros niños denotan una "elección de objeto" como la de un adulto. Va a patinar con las hijas de un colega del padre y luego pregunta insistentemente por ellas. Abraza y le dice te quiero a un primo que viene de visita. Desde el balcón observa a una niña del departamento de enfrente y cuando no la ve se inquieta. A los 4 1/2 años en la residencia de Gmunden juega con los hijos del propietario, su favorito es Fritzl aunque no le impide demostrarle su amor al resto de las niñas. También le gusta Mariedl y una noche quiere dormir con ella, como los padres suelen tenerlo en su cama, seguramente le han despertado sentimientos eróticos y el deseo de dormir con la muchacha tiene ese sentido. En la hostería se ha enamorado de una niña que ve, pregunta por ella, el padre la ha invitado a jugar con él, pero llueve y se suspende la visita. Hans es bañado por su madre, al entalcarle el pene le pregunta por que no le pasa el dedo ahí, aunque indecente le gusta.

A los 4 1/4 años sueña "Uno dice: ¿Quién quiere venir conmigo? Entonces alguien dice: yo. Entonces tiene que hacerlo hacer pipí" Imita al juego de las prendas y el condenado tiene que hacerlo hacer pis. Reemplaza "entonces alguien dice" por "entonces ella dice" En referencia a Berta u Olga. El padre lo lleva a hacer pis, no quiere que lo vean, afirma que el año pasado Berta y Olga lo han visto. El placer de exhibición sucumbe a la represión. Como el deseo que lo miren es reprimido aparece disfrazado en el sueño. Mira cómo bañan a su hermana, se ríe de su hace-pipí pero admite la diferencia entre el genital femenino y masculino.

II. Historial Clínico

Se le ha desarrollado una perturbación nerviosa producto de una hiperexcitación sexual por ternura de la madre, pero el padre no sabe indicar el excitador de la perturbación. Hans tiene miedo de que un caballo lo muerda por la calle entramado con el hecho de que un pene grande lo asusta. Él reparó en el pene del caballo y supuso que la madre tenía el hace pipí como el de un caballo. Muestra miedo a andar por la calle y desazón al atardecer. A los 4 3/4 años tiene un sueño de angustia: piensa que la madre está lejos y que no tiene ninguna mami para hacer cumplidos. En Gmunden, al anochecer, presentaba un talante muy sentimental y la madre lo acogía en su lecho. Va con la niñera por la calle, llora y quiere volver a hacer cumplidos con la madre. Al anochecer se angustia y quiere hacer cumplidos con la madre. Al otro día sale con la madre, llora y tiene miedo de que un caballo lo muerda. Al anochecer tiene otro ataque y pide hacer cumplidos. Dice tener miedo de que un caballo entre a su pieza. La madre pregunta si se pasa la mano por el hace-pipí, el responde que sí y se le previene que no lo haga.

La perturbación se introduce con unos pensamientos tiernos-angustiados y un sueño de angustia. La ternura hacia la madre se ha acrecentado enormemente (intentos de seducirla en el verano y el encomio de su genital) y se vuelca en angustia tras la represión. Todavía no se sabe de dónde proviene el empuje para la represión. Esta angustia, que corresponde a una añoranza erótica reprimida, carece al comienzo de objeto, es angustia y no miedo. Hans en el paseo con la niñera no sabe a qué tiene miedo, sólo sabe que le falta la mamá y que no quiere apartarse de esta. Al comienzo de la enfermedad no existía una fobia a andar por la calle, ni tampoco a los caballos. Al anochecer se angustia por que lo asalta la libido reforzada, cuyo objeto es la madre. En Gmunden en virtud de esos talantes la madre lo acogía en su lecho y a veces estaba solo con ella. Ahora al faltarle sus compañeros de juegos su libido pudo regresar entera a su madre. La angustia corresponde a una añoranza reprimida y permanece aunque la añoranza pudiera ser saciada, pues la libido es retenida en la represión. Como en el paseo con la madre, a pesar de lo cual tiene una añoranza de ella no saciada. La angustia se ve precisada de hallar un objeto y se exterioriza en el miedo a ser mordido por un caballo. Hans ha observado el hace-pipí de los caballos y supuso que la madre también lo tenía así, se creería que el caballo es el sustituto de la madre. ¿Pero qué significa el miedo al anochecer de que un caballo entre en su pieza? Hans confiesa que su pene le ocupa con fines de placer pero los estados de angustia no son provocados por una satisfacción. La lucha por deshabituarse armoniza mejor con la represión y la formación de síntoma. El padre inculpa a la madre por su ternura hipertrófica y su aquiescencia de recibir al niño en el lecho. Freud le aconseja decir a Hans que quería mucho a la madre y que pretendía ser recibido en el lecho por esta. Y que tiene miedo a los caballos por haberse interesado tanto en el hace-pipí de estos. Además le propone internarse en el camino del esclarecimiento sexual, pues la libido de Hans permanecía adherida al deseo de ver el hace-pipí de la mamá y él debía sustraerle de esa meta comunicándole que esta y Hanna no lo poseían.

Tras el esclarecimiento sigue un período de mejoría en la que puede salir de paseo y su miedo a los caballos es más una compulsión a mirarlos. Después de una influenza y una operación de amígdalas vuelve a reforzársele mucho la fobia. Hans dice que en Gmunden hay un caballo blanco que muerde. Recuerda que cuando Lizzi partió de viaje el padre le advirtió que no le pasara los dedos al caballo, de lo contrario lo morderá. El padre infiere que es al hace-pipí al que no se le debe pasar la mano. Hans dice que la tontería es intensa por que todas las noches sigue pasando la mano por su hace-pipí. Entra una nueva niñera en su casa, esta lo deja subirse a caballito mientras limpia, Hans la llama "mi caballo" y tomándola del vestido le grita "juoo". Dice a la niñera que si hace esto o aquello se tendrá que sacar la ropa (castigo tras el que se discierne el deseo), ella responde que se hará a la idea, a lo que Hans responde que es una chanchada y que entonces a uno se le ve el hace-pipí (la antigua curiosidad se vuelca al nuevo objeto encubierta en una tendencia moralizante producto de la represión)

El padre le explica que la madre y Hanna no tienen un hace-pipí como el suyo. Durante el día está contento pero al atardecer se desazona y tiene miedo a los caballos. Hans dice que se a pasado un poquito el dedo por el hace-pipí y que ha visto a la madre en camisa, que le ha dejado ver su hace-pipí, le ha mostrado a Grete lo que hace su madre y su hace-pipí. Y que entonces ha sacado la mano. Es una fantasía onanista que le sirve justificación pues si la madre lo muestra, él también puede. A través de podemos averiguar que: la reprimenda de la madre surtió un intenso efecto sobre él y que no acepta el esclarecimiento de que las mujeres no tienen pene.

Informe semanal del padre.

El padre lo invita a ir a la casa de Freud y este sólo acepta cuando se le dice que tiene una nenita. En el zoológico tiene miedo a los animales grandes, que antes miraba con gusto, mientras se divierte con los pequeños. El padre infiere que le tiene miedo al hace-pipí grande, por comparación con el del caballo. Hans se consuela con que el hace-pipí crece con él y que cuando sea grande ya estará crecido, por sus comparaciones ha quedado insatisfecho con su tamaño y los animales grandes le recuerdan su déficit. Esa ilación de pensamiento no es conciente, la sensación penosa se muda en angustia y esa angustia se edifica sobre el placer de antaño como sobre el displacer actual. La represión avanza, las representaciones portadoras de afecto, que habían sido concientes, son empujadas a lo inconsciente y todos los afectos pueden mudarse en angustia. "Ya está crecido" hace pensar en la vieja amenaza de la madre, de que le cortarían el hace-pipí si continuaba ocupándose de él, la amenaza de castración adquiere vigencia con efecto retardado. El esclarecimiento de que las mujeres no poseen hace-pipí tuvo por resultado el conmoverle su confianza en sí mismo y despertarle el complejo de castración.

Hans sueña que en la habitación había una jirafa grande y una jirafa arrugada, y que la grande había gritado por que él le había quitado la arrugada. Luego dejó de gritar y él se ha sentado encima de la arrugada. El padre infiere que la jirafa grande es él o el pene grande y que la jirafa arrugada es la madre o su miembro. Es la reproducción de una escena que ocurre todas las mañanas, Hans va a la habitación de los padres, la madre lo toma en el lecho por unos minutos y el padre le replica que lo no tome. Entonces Hans permanece un retito con ella. El "sentarse encima" es la figuración de "tomar posesión" y es una fantasía anudada a la satisfacción por el triunfo sobre la resistencia paterna. Se discierne que la angustia de Hans de no gustarle a la mamá es porque su hace-pipí no puede medirse con el del padre. El padre en broma saluda a la madre "adiós jirafa grande", Hans pregunta por qué, él responde que la mami es la jirafa grande, a lo que Hans responde que era cierto y que Hanna era la arrugada (coloca a la madre en la posición de madre fálica) El padre le explica la fantasía de las jirafas y que él es la jirafa grande pues el cuello largo le ha recordado a un hace-pipí. Hans dice que es correcto pero que también la madre tiene un cuello como una jirafa.

Hans se ha pensado que ha estado junto a su padre junto a los carneros, que se han colado por debajo de la cuerda y que el guardián los ha atrapado. Luego ha pensado que ha viajado con el padre en tren, que han roto una ventanilla y que el guarda los ha llevado. Hans vislumbra que está prohibido ponerse en posesión de la madre, choca con la barrera del incesto. En las picardías prohibidas que él realiza en su fantasía está su padre, opina que este hace lo prohibido enigmático con la madre, que él sustituye por algo violento (romper ventanilla, penetrar un recinto cerrado)

En el consultorio de Freud se descubrió que le molestaba lo que los caballos tienen ante los ojos y lo negro alrededor de la boca. Le preguntó a Hans si los caballos llevan gafas y si lo de alrededor de la boca quería significar el bigote, le reveló que tenía miedo al padre por querer él tanto a su madre. Le dijo que el padre no le tenía rabie sino cariño y que podía confesarle todo sin miedo. El padre le preguntó por qué creía que le tenía rabia. Hans dice por que le ha pegado. El padre recuerda que Hans lo chocó con la cabeza en el vientre y que le dio un golpe con la mano. Ahora lo entiende como expresión de la disposición hostil del pequeño hacia él.

Se comprueba la primera mejoría sustancial, permanece una hora ante la puerta de calle y corre adentro cuando ve venir un carruaje. Hans le dice al padre que cuando está con él tiene miedo y que hasta que no tenga más miedo, no irá más a la habitación. Da a entender que luchan en él el amor al padre con la hostilidad hacia él a consecuencia de su papel de competidor ante la madre. Hans tiene cariño a la madre y quiere sacar del medio al padre, para ocupar su lugar. Este deseo hostil sofocado se convierte en angustia por el padre, y va a la habitación para ver si se ha ido. Tiene miedo de que no vuelva a casa y después del desayuno le dice: "¡Papi, no te trotes de mí!" Esta pieza de la angustia de Hans es de doble articulación: angustia ante el padre (proviene de la hostilidad) y angustia por el padre (del conflicto entre ternura y hostilidad)

Llega a la puerta de calle, pero no se aleja de la casa por que tiene miedo de no hallar a los padres en ella por haberse alejado de ellos. Se apega a la casa por amor a la madre, el miedo de que su padre se aleje obedece a los deseos hostiles hacia él, pues entonces Hans sería el padre. El deseo reprimido de que el padre viaje, así él queda solo con la madre, deviene angustia ante el partir de los caballos. Ahora puede estar en la puerta y solo siente angustia ante algunos carruajes. Hans tiene particular miedo cuando salen o entran al patio de la Aduana carruajes, teme que los caballos se tumben cuando el carruaje da la vuelta. Hans planea cruzar al patio de la Aduana, donde ha visto jugar a unos chicos, pero tiene miedo cuando los carros cargados se ponen en movimiento desde la rampa por que él tiene planeado treparse por un carro hasta ella. Quiere cruzar por que quiere treparse en los equipajes como unos muchachos que vio. Su deseo no alcanza cumplimiento. Tiene que haber entrado en referencia simbólica, sustitutiva, con otro deseo del cual todavía no ha exteriorizado nada.

Hans tiene más miedo a los caballos con algo en la boca, a un carro mudancero y a una diligencia por que una vez vio que un caballo de un carruaje se tumbó y pensó que todos los caballos de diligencia y de carro de mudanza se tumbarán. También afirma en esa época haber cogido la tontería y temer que el caballo se tumbe y lo muerda (que el caballo lo muerda a causa de su deseo de que se tumbe) Se asustó tanto porque él hizo un "barullo" con la patas y por que pensó que había muerto. Además es posible que haya pensado en el padre cuando se cayó el caballo. La angustia no valía para los caballos, fue transportada estos en un segundo momento y se fijo en aquellos lugares del complejo caballo que resultaron apropiados para ciertas transferencias. La ocasión actual tras la cual estalló la fobia fue cuando Hans vio caerse a un caballo grande y pesado, en ese momento sintió el deseo de que el padre se cayera y quedase muerto. Desde algún tiempo Hans juega en al casa al caballo y repetidas veces se abalanza sobre el padre y lo muerde. Él es el caballo, él muerde al padre y así se identifica con el padre.

El padre le pregunta qué aspecto tiene eso negro, dice que a un hierro negro, el color le hace acordar a un bigote y dice que es como un bozal. Cuando un carruaje se acerca a la puerta es presa de angustia pues el caballo escarcea, le angustia que el caballo haga un "barullo con los pues". Hans aumenta su radio de acción, todo el miedo que le resta se entrama con la diligencia o el carro mudancero a los que ve parecidos. Hans hace barullo con los pies cuando tiene una rabieta o cuando debe hacer Lumpf o pipí y quiere seguir jugando. El pataleo del caballo pudo hacerle acordar a su propia reacción cuando retenía orina. Ahora sólo los vehículos con carga le producen angustia.

La madre ha comprado unos calzones amarillos, Hans dice "¡Puf!", se arroja al piso y escupe. Siempre ha tenido dificultades para deponer las heces y en este último tiempo la constipación se ha hecho frecuente. Hans dice que ha visto los calzones amarillos y los negros, y que le han dado asco. Dice que la madre ha tenido puestos los negros hoy, que cuando ha salido se los ha sacado y que cuando ha venido se los ha puesto. Cosas que antes le daban mucho placer, luego de la represión, le avergüenzan y asquean mucho. El ponerse y quitarse los calzones pertenecen al contexto del Lumpf, pues Hans estuvo presente cuando la madre ha ido al baño.

En Gmunden Hans ha jugado al caballito con otros niños (él el caballo y Berta el cochero) y le parece ahí haber cogido "la tontería" (Porque ellos siempre decían "por causa del caballo" y "por causa del caballo", y yo quizá por que ellos dijeron tanto "por causa del caballo", yo quizá cogí la tontería) Afirma que ha contraído la tontería en conexión con ellos.

Tiene curiosidad de saber cómo es el hace-pipí de Berta, de Hanna y de la madre, Berta lo ha mirado cuando hacía pipí y él ha querido verla pero ha ido al baño. Ha deseado que la niña lo hiciera hacer pipí y que le pasara la mano por el hace-pipí (muchas veces) Le da asco cuando ve calzones nuevos, pero no cuando la madre se los pone o saca. Le gusta mucho estar en el baño cuando la madre hace pipí o Lumpf, por que cree que verá su hace-pipí. En Lainz se asusta cuando hacen bajar el agua, lo gusta oír un barullo fuerte, que le hace acordar a hacer Lumpf en el baño, y afirma que el caballo de la diligencia tiene el mismo color de un Lumpf.

Hans cuenta dos fantasías: "Yo estoy en la bañadera, entonces viene el mecánico y la destornilla. Entonces toma un gran taladro y me lo mete en la panza". "Viajamos en tren a Gmunden. En la estación nos ponemos la ropa, pero todavía no estamos listos y el tren parte con nosotros ". Ha visto a los caballos haciendo Lumpf, que hacer un barullo con las patas y le hace acordar a cuando el Lumpf cae en la bacinilla. El padre infiere que: el caballo de la diligencia que se tumba y mete barullo con las patas es un Lumpf que cae y el miedo a los carruajes con pesada carga es miedo a una panza muy cargada. En Gmunden Hans protesta cuando lo llevan a una casa de baños. En Viena tiene miedo a caerse en la bañadera grande, que la madre saque las manos y que él caiga con la cabeza en el agua. Luego asiente que ha deseado que la madre suelte a Hanna para que ella caiga dentro de la bañadera.

A Hans le dan asco asientos negros de cuero, calzones y caballos negros, hacer Lumpf, y cualquier cosa que en su forma le recuerde a un Lumpf (hígado, croquetas) Ha visto en la madre algo negro (pelos negros) que lo han asustado. Vuelve a tener miedo cuando salen caballos del portón de enfrente, ya que se parece un trasero y que los caballos le recuerdan a un Lumpf. Ha pensado que Hanna se ha caído del balcón, y ha manifestado que la cigüeña no debe traer ningún niño más de la gran cesta donde están los niños. Hans dice que Hanna ha viajado en cesta a Gmunden, que han comprado una cesta grande donde hay puros niños, y que en la bañadera ellos se sientan (por que en la cesta se empacó una pequeña bañadera) La cesta y la bañadera son subrogaciones del espacio donde se encuentran los hijos. Hans ha inventado que sacaron a Hanna de la cesta él y su madre, que la subieron a un carruaje y que Hanna monto al caballo, pero que la madre lo ha olvidado. Es la parodia que hace Hans de su padre y la venganza que se toma sobre él pues el ya ha notado el vientre grande de la madre cuando viajaron a Gmunden. Expresa su angustia de ver repetida la gravidez para el próximo verano, en virtud del cual habría perdido el gusto por el viaje a Gmunden (segunda fantasía)

El padre le pide que cuente cómo llegó Hanna, tras su nacimiento, a la cama de la madre. Así Hans puede desatarse y embromar al padre. Cuenta que la Sra. Kraus la puso en la cama, no... que la cigüeña la puso en la cama, que se puso el sombrero y se fue, no... no tenía sombrero. Hans hubiera preferido que Hanna no viniera, por eso ha pensado que la madre le saque las manos en la bañadera para que se caiga y se muera. Un muchacho bueno no puede desear eso "pero tiene permitido pensarlo". Afirma que a Hanna la ha traído la cigüeña, en la cesta de la cigüeña, y que es pequeña como un Lumpf. Freud le anticipa al padre que la fobia del pequeño se reconduciría a los pensamientos y deseos ocasionados por el nacimiento de su hermanita, pero que había omitido alertarlo que un hijo es un Lumpf para la teoría sexual infantil y que Hans debería pasar por el complejo excremental.

Hans continúa afirmando que Hanna viajó a Gmunden en la cesta grande, que el año anterior ella ya estaba en el mundo, que la cigüeña estuvo antes de que viajara en la cesta y que incluso él la había acompañado dentro de la cesta. Hans manifiesta tener miedo a que cuando un carro este estacionado, él embrome a los caballos (echar pestes contra ellos) y que ellos se tumben y hagan barullo con las patas. También afirma que le gustaría fustigarlos y que le gustaría pegarle a la madre con el batidor de alfombras. Hans le manifestó al padre que diligencias, carros mudanceros y carros carboneros eran carruajes de cesta de cigüeña. El arranque sádico puede tener algún nexo con el tema. Hans ha deseado que el padre descalzo se tropiece con una piedra, sangre y así él pueda estar un poquito solo con la madre. Cuando Fritzl se cayó él pensó que ojalá el padre volara con una piedra. Freud afirma que el deseo de Hans de embroma al caballo es de articulación doble, está compuesto por una concupiscencia sádica sobre la madre y un esfuerzo de venganza sobre el padre. Dentro del complejo de gravidez, este no podía ser reproducido antes que la concupiscencia no apareciera primero en la serie.

Hans ha jugado toda la mañana con una muñeca de goma, por una abertura le mete un cuchillito y luego le abre las piernas para hacerlo caer (en este juego intenta figurarse cómo nació su hermana) El padre le explica que los pollos ponen huevos y que de los huevos salen pollos y Hans dice que él ha puesto un huevo y que de allí ha saltado un pollo. Los padres vacilaban en esclarecerlo y él en esta acción sintomática se representa un nacimiento. Después que el padre le relató la génesis de los pollos su desconfianza y su mejor saber se aúnan en una parodia en alusión al nacimiento de la hermanita. Hans quiere tener una nena, el padre le explica que sólo las mamis tienen hijos y que él le pertenece a la madre y a él. ¿Y Hanna? El padre responde a mami (pareciera que sólo depende del deseo de la madre) finalmente pertenece al padre, a la madre y a Hans. El niño no entenderá las relaciones sexuales mientras no descubra los genitales femeninos.

Hans es esclarecido los padres le dicen que los hijos crecen en la mami y que son traídos al mundo por medio de una presión, como un Lumpf. Le ha sobrevenido un alivio, corre tras los carruajes, pero no se atreve a ir más allá de las cercanías de la puerta de calles. En Gmunden cuando estaba en la cama con la madre se pensaba que era el padre. Cuando Fritzl se cayó pensó que ojalá le pasara al padre y cuando el corderito lo topó pensó que ojalá lo topara al padre. Sigue temiendo a los carros con carga por que teme que la madre vuelva a estar toda cargada (vuelva a tener otro niño) La madre le ha contestado que sí no quiere ningún hijo, no tendrá ninguno, pero el padre le ha contestado que no tendrá otro sí el buen Dios ni quiere. A Hans le gustaría ser el papi y estar casado con su madre. Y que si no quiere ningún hijo el buen Dios tampoco lo querrá. La felicidad en la fantasía se le estropea por la incerteza del papel del padre y la duda sobre quién gobierna la obtención de los hijos.

Hans ha fantaseado con sus hijos, en la fantasía es madre y le reparte a ellos las ternuras que ha vivenciado. Llama a una hija "Lodi", obtuvo el nombre de un Saffalodi (salchicha) que es redondo como un Lumpf. Hans ha pensado que sentado en la bacinilla, le ha venido un Lumpf y que, entonces, ha tenido un hijo. Ha pensado que el carruaje se veía como una cesta de hijos y que cuando el caballo se tumbó era como cuando uno tiene un hijo, además el barullo que realizó con las patas le hizo acordar cuando él no quiere sentarse en la bacinilla por que quiere seguir jugando y hace un barullo así con los pies. Hans hoy juega a cargar y descargar cestas de equipaje. La angustia ha desaparecido casi por completo, sólo quiere permanecer en la proximidad de la casa para tener un camino de regreso si hubiera de atemorizarse. Hans antes pensaba que era la madre de sus hijos y ahora dice que es el papi. Dice que la madre de los niños es la mami, que el padre es el abuelo y que la abuela de Lainz es la abuela. El pequeño Edipo halla una solución más feliz que la prescripta por el destino. En lugar de eliminar al padre lo designa abuelo y lo casa con su propia madre. Hans ha dicho que va con sus hijos al inodoro, que primero hace Lumpf y pipí y ellos lo miran, y que luego ellos hacen Lumpf y pipí y él les limpia el trasero con papel (en esta fantasía se observa que el placer en Hans se ha anudado a las funciones excrementicias)

Fantasía: "Ha venido un instalador y con unas tenazas me ha quitado primero el trasero y después me ha dado otro, y después el hace-pipí". Hans dice que el instalador le ha dado un hace-pipí y un trasero más grandes, como los de su padre, y que le gustaría tener el bigote y el pelo en el pecho como el padre. La fantasía relatada de la bañadera se rectifica: la bañadera grande significa el "trasero", el taladro o el destornillador es el "hace-pipí". El miedo de Hans a la bañadera grande significa que le desagrada que su "trasero" sea demasiado grande para la bañadera grande.

Con la última fantasía de Hans queda superada la angustia del complejo de castración, la expectativa penosa daba vuelta hacia la dicha. En efecto el instalador viene, quita el pene, pero sólo para dar a cambio uno más grande. Nuestro pequeño investigador ha hecho la experiencia de que todo saber es un fragmento y de que en cada estadio queda un resto no solucionado.

Conferencia Nº 33: "La feminidad".

Podría intentarse caracterizar psicológicamente la feminidad diciendo que consiste en la predilección por metas pasivas. Desde luego, esto no es idéntico pasividad; puede ser necesaria una gran dosis de actividad para alcanzar una meta pasiva.

Con el ingreso en la fase fálica, las diferencias entre los sexos retroceden en toda la línea ante las concordancias. Ahora tenemos que admitir que la niña pequeña es como un pequeño varón. Esta fase se singulariza en el varón por el hecho de que sabe procurarse sensaciones placenteras de su pequeño pene, y conjuga el estado de excitación de esta con sus representaciones de comercio sexual. Lo propio hace la niña con su clítoris, aún más pequeño. En la fase fálica de la niña el clítoris en la zona erógena rectora. Pero no está destinada a seguir siéndolo; con la vuelta hacia la feminidad el clítoris debe ceder en todo o en parte a la vagina su sensibilidad y con ella su valor, y ésta sería una de las dos tareas que el desarrollo de la mujer tiene que solucionar, mientras que el varón, no necesita sino continuar en la época de la madurez sexual lo que ya había ensayado durante su temprano florecimiento sexual. La segunda tarea que gravita sobre el desarrollo de la niña es el objeto de amor. El primer objeto de amor del varón en la madre, quien lo sigue siendo también en la formación del complejo de Edipo y durante toda su vida. También para la niña tiene que ser la madre el primer objeto; esto se da porque las primeras investiduras de objeto se producen por apuntalamiento en la satisfacción de las grandes y simples necesidades vitales, y las circunstancias de la crianza son las mismas para los dos sexos. Ahora bien, en la situación edipica es la madre quien ha devenido objeto de amor para la niña, y esperamos que en un desarrollo de curso normal está encuentre, desde el objeto-padre, el camino hacia la elección definitiva de objeto. Con la alternancia de los períodos la niña de trocar zona erógena y objeto, y mientras que el varóncito retiene ambos. Así nace el problema de averiguar cómo pasa la niña de la madre a la ligazón con el padre o, en otras palabras, de su fase masculina a la femenina, que su destino biológico.

Se sabía que había existido un estadio previo de ligazón madre, durante ese período el padre es sólo un fastidioso rival; en muchos casos la ligazón-madre dura hasta pasado el cuarto año. Casi todo lo que más tarde hallamos en el vínculo con el padre preexistió en ella, y fue transferido de ahí al padre. Se llega al convencimiento de que no se puede comprender a la mujer si no se pondera esta fase de ligazón-madre preedipica.

Los vínculos libidinosos de la niña con la madre son diversos atraviesan por las tres fases de la sexualidad infantil, cobran los caracteres de cada una de ellas, se expresan mediante deseos orales, sádico-anales y fálicos.

En la prehistoria preedípica encontramos la fantasía de seducción en la cual la seductora es por lo general la madre. Aquí la fantasía toca el terreno de la realidad, pues en la madre quien a raíz de los cuidados corporales provocó sensaciones placenteras en genitales de su hijo.

¿A raíz de que se va a pique esta potente ligazón-madre de la niña? Sabemos que ese es su destino habitual: esta destinada a dejar sitio a la ligazón-padre. En este paso de desarrollo no se trata de un simple cambio de vía de objeto. El extrañamiento respecto de la madre se produce bajo el signo de la hostilidad, la ligazón-madre acaba en odio. Ese odio puede ser muy notable y perdurar toda la vida. De esos reproches a la madre, el que se remonta mas atras es el de haber suministrado poca leche a el niño, lo cual es explicado como falta de amor. La próxima acusación a la madre se aviva cuando el siguiente hijo aparece en su cuna. Esto es igual tanto para el niño como para la niña. Si no se halla algo que sea específico para la niña y no se presente en el varón no podemos explicar el desenlace de la ligazón- madre en aquélla. Ese factor específico reside en el complejo de castración. Y en efecto, la diferencia anatómica (entre los sexos) no puede menos que imprimirse en consecuencias psíquicas. La mujer hace responsable a la madre de su falta de pene y no le perdona ese perjuicio. A la mujer le atribuimos un complejo de castración pero no puede tener el mismo contenido que en el varón. En este, el complejo de castración nace después que por la visión de uno genitales femeninos se enteró de que el miembro tan estimado por el no es completamente necesario del cuerpo. Entonces se acuerda de las amenazas que obtuvo por ocuparse de su miembro, empieza a prestarles creencia, y a partir de ese momento cae bajo el influjo de la angustia de castración, que pasa a ser el más potente motor de su ulterior desarrollo. El complejo de castración de la niña se inicia con la visión de los genitales del otro sexo. Enseguida nota la diferencia y su significación. Se siente gravemente perjudicada, a menudo expresa que le gustaría "tener también algo así" y entonces cae presa de la envidia del pene, que deja huellas imborrables en su desarrollo y en la formación de su carácter, y aún en el caso más favorable no se superará sin un serio gasto psíquico. La niña se aferra por largo tiempo al deseo de llegar a tener algo así, el análisis puede demostrar que después de largo tiempo este deseo se ha conservado lo icc y ha retenido una considerable investidura energética.

El descubrimiento de su castración es un punto de viraje en el desarrollo de la niña. De ahí parten tres orientaciones del desarrollo: una lleva a la inhibición sexual o a la neurosis; la siguiente, a la alteración del carácter en el sentido de un complejo de masculinidad, y la tercera, a la feminidad normal.

El contenido esencial de la primera es que la niña pequeña, que hasta ese momento había vivido como varón, sabía procurarse placer por excitación de su clítoris y relacionaba este quehacer con sus deseos sexuales, con frecuencia activos, referidos a la madre, ve estropearse el goce de su sexualidad fálica por el influjo de la envidia del pene. La comparación con el varón, mejor dotado, es una afrenta a su amor propio; renuncia a la satisfacción masturbatoria en el clítoris, desestima su amor por la madre y entonces no es raro que reprima una buena parte de sus propias aspiraciones sexuales. Es cierto que el extrañamiento respecto de la madre no se produce de un golpe, pues la muchacha al comienzo considera su castración como una desventura personal, sólo después la extiende a otras personas del sexo femenino y por último también a la madre. Su amor se había dirigido a la madre fálica; con el descubrimiento de que la madre es castrada se vuelve posible abandonarla como objeto de amor suerte que pasan a prevalecer los motivos de hostilidad que durante largo tiempo se habían ido reuniendo.

Cuando la envidia del pene a despertado un fuerte impulso contrario al onanismo clitorideo y éste, no quiere ceder, se entabla una violenta lucha por liberarse; en esa lucha la niña asume ella misma, por así decir, el papel de la madre ahora destituida y expresa todo su descontento con el clítoris inferior en la repulsa a la satisfacción obtenida en él.

Con el abandono de la masturbación clitorídea se renuncia a una porción de actividad. Ahora prevalece la pasividad, la vuelta hacia el padre se consuma predominantemente con ayuda de mociones pulsionales pasivas. El deseo con que la niña se vuelve hacia el padre es el deseo del pene que la madre le ha denegado y ahora espera del padre. Sin embargo, la situación femenina sólo se establece cuando el deseo del pene se sustituye por el deseo del hijo, y entonces, siguiendo una antigua equivalencia simbólica, el hijo aparece en lugar del pene.

Con la transferencia del deseo hijo-pene al padre, la niña ha ingresado en la situación del complejo de Edipo. La hostilidad a la madre, que no necesita ser creada como si fuera algo nuevo, experimenta ahora un gran refuerzo, pues deviene la rival que recibe del padre todo lo que la niña anhela de él. El complejo de Edipo de la niña nos impidió ver la ligazón-madre preedipica que e muy importante y deja como secuela fijaciones muy duraderas.

En la relación del complejo de Edipo con el de castración salta a la vista una diferencia entre los sexos.

El complejo de Edipo del varón, dentro del cual anhela a su madre y querría eliminar a su padre como rival, se desarrolla desde luego a partir de la fase de su sexualidad fálica. Ahora bien, la amenaza de castración lo constriñe a resignar esta postura. Bajo la impresión del peligro de perder el pene, el complejo de Edipo es abandonado, reprimido, en el caso más normal radicalmente destruido y se instaura como su heredero un severo superyó.

Lo que acontece en la niña es casi lo contrario, el complejo de castración prepara al complejo de Edipo en vez de destruirlo; por el influjo de la envidia del pene, la niña es expulsada de la ligazón-madre y desemboca en la situación edipica como un puerto. Ausente la angustia de castración, falta el motivo principal que había esforzado al varón a superar el complejo de Edipo. La niña permanece dentro de él por un tiempo indefinido, sólo después lo deconstruye y aún entonces lo hace de manera incompleta. En tales constelaciones tiene que sufrir menoscabo la formación del superyó, no puede alcanzar la fuerza y la independencia que le confiere su significatividad cultural.

Hemos llamado "libido"a la fuerza pulsional de la vida sexual. La vida sexual está gobernada por la polaridad masculino-femenino; esto nos sugiere considerar la relación de la libido con esa oposición. Existe sólo una libido, que entra al servicio de la función sexual tanto masculina como femenina. No podemos atribuirle sexo alguno; si de acuerdo con la equiparación convencional entre actividad y masculinidad queremos llamar la masculina, no debemos olvidar que subroga también aspiraciones de metas pasivas. Como quiera que sea, la expresión "libido femenina" carece de todo justificativo.

Adjudicamos a la feminidad un alto grado de narcisismo, que influye también sobre su elección de objeto, de suerte que para la mujer la necesidad de ser amada es más intensa que la de amar. En la vanidad corporal de la mujer sigue participando el efecto de la envidia del pene, pues ella no puede menos que apreciar tanto más sus encantos como tardío resarcimiento por la originaria inferioridad. La vergüenza la atribuimos al propósito originario de ocultar el defecto de los genitales. Las condiciones de la elección de objeto de la mujer se producen a menudo siguiendo el ideal narcisista del varón que la niña había deseado devenir. Si ésa ha permanecido dentro de la ligazón-padre elige según el tipo paterno.

La identificación-madre de la mujer permite discernir dos estratos: el pre-edípico, que consiste en la ligazón tierna con la madre y la toma por arquetipo, y el posterior, derivado del complejo de Edipo, que quiere eliminar a la madre y sustituirla junto al padre.

La fase de la ligazón preedipica tierna y es la decisiva para el futuro de la mujer; en ella se prepara la adquisición de aquellas cualidades con las que luego cumplirá su papel en la función sexual y costeará sus inapreciables rendimientos sociales.

El descubrimiento de la castración por la niña lleva a tres tipos de desarrolla:

- Inhibición sexual o neurosis.

- Complejo de Masculinidad.

- Feminidad Normal.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de "neurosis de angustia"

Nota introductoria

Distingue entre excitación sexual somática y "libido sexual, el placer psíquico". La libido se concibe como exclusivamente "psíquico", aunque no parece trazar claro distingo entre "psíquico" y "conciente". En un resumen que Freud preparó años después acepta la libido potencialmente inconsciente y que la angustia neurótica es libido sexual traspuesta.

Introducción

Para la neuropatología es beneficioso que se intente separa la neurastenia propiamente dicha de las perturbaciones neuróticas cuyos síntomas, por una parte, muestran enlace con los síntomas neurasténicos típicos (presión intracraneal, irritación espinal, dispepsia con flatulencia y constipación) y, por la otra, muestran en su etiología y su mecanismo diferencias con la neurosis neurasténica típica.

Decide separar de la neurastenia el complejo de síntomas que llamó "neurosis de angustia", todos sus componentes se agrupan alrededor del síntoma principal de la angustia.

I. Sintomatología clínica de la neurosis de angustia.

La neurosis de angustia se observa en forma más completa o más rudimentaria, aislada o combinada con otras neurosis.

El cuadro clínico de la neurosis de angustia comprende los siguientes síntomas:

1. Irritabilidad general (constante y con significación, indica acumulación de excitación o incapacidad para tolerarla) Se expresa mediante hiperestesia auditiva (hipersensibilidad auditiva) causa de insomnio.

2. Expectativa angustiada, síntoma nuclear de la neurosis, hay un quantum de angustia flotante que gobierna la selección de las representaciones y siempre se conecta con el contenido que le convenga. Abarca desde "estado de angustia", "inclinación a una concepción pesimista de las cosas" hasta un estado de compulsión. Referida a la propia salud se designa hipocondría. Se exterioriza en la inclinación a la angustia de la conciencia moral, a la escrupulosidad y meticulosidad pedante, hasta la manía de duda.

3. Ataque de angustia es el estado de angustia que irrumpe en la conciencia. Puede consistir en el sentimiento de angustia solo o mezclado con una interpretación, o bien el sentimiento de angustia se contamina con una parestesia o se conecta con una perturbación de una o varias funciones corporales.

4. Ataques de angustia rudimentarios y equivalentes del ataque de angustia, diversos:

a. Ataques de angustia con perturbaciones de la actividad cardiaca.

b. Ataques de angustia con perturbaciones de la respiración.

c. Ataques de oleadas de sudor nocturnos.

d. Ataques de temblores y estremecimientos.

e. Ataques de hambre insaciable.

f. Diarreas que sobrevienen como ataques.

g. Ataques de vértigo locomotor.

h. Ataques de "congestiones".

i. Ataques de parestesias.

5. Terror nocturno con angustia, diseña, sudor, segunda forma de insomnio.

6. Vértigo locomotor o de coordinación (malestar específico con sensaciones que el piso oscila, las piernas desfallecen, no puede mantenerse en pie, las piernas pesan, tiemblan o se doblan las rodillas) Puede estar subrogando un ataque de desmayo profundo.

7. Sobre la base de la expectativa angustiada y la inclinación a los ataques de angustia con vértigo se desarrollan dos grupos de fobias:

El primero referido a las amenazas fisiológicas comunes (serpientes, tormentas, oscuridad, etc) Una fobia compulsiva se forma después que se ha sumado a ello la reminiscencia de una vivencia por la cual esa angustia pudo exteriorizarse, esas impresiones sólo son vigentes en personas con "expectativa angustiada".

El segundo referido a la locomoción, contiene la agorafobia, tras un ataque de vértigo sin angustia la locomoción se acompaña por la sensación de vértigo, y bajo ciertas condiciones la locomoción se deniega cuando al ataque de vértigo se le suma angustia.

En estas fobias como en las fobias de la neurosis obsesiva una representación vuelve compulsiva por el enlace con un afecto disponible. Pero en la neurosis de angustia el afecto es siempre la angustia y no proviene de una representación reprimida, no es susceptible de reducción ni tratable mediante psicoterapia. Es frecuente que el contenido de una fobia de neurosis de angustia sea sustituido por otra representación (medidas protectoras contra la fobia) con posterioridad.

8. La actividad digestiva tiene perturbaciones (ganas de vomitar, náuseas, hambre insaciable, inclinación a la diarrea) En casos mixtos se presentan alternancia entre diarrea (Ns. de A.) y constipación (neurastenia)

9. Parestesias pueden acompañar al ataque de vértigo o de angustia.

10. Varios síntomas pueden presentarse de manera crónica. La sensación angustiada pasa inadvertida en el ataque de angustia, las diarreas, el vértigo y las parestesias.

II. Producción y etiología de las neurosis de angustia. En una neurosis se hallan como factores de eficacia etiológica nocividades e influjos que parten de la vida sexual.

En el sexo femenino sobreviene:

a. Como angustia virginal o de los adolescentes, ante la revelación brusca de lo hasta entonces velado. Se combina con histeria.

b. Como angustia de las recién casadas, cuando en las primeras cópulas han permanecido anestésicas.

c. Como angustia de las señoras cuyo marido tiene eyaculación precoz o poca potencia.

d. Cuyo marido practica coito interrumpido. Si el hombre irrumpe el coito si cuidar el decurso excitatorio de la mujer, esta enferma; si el hombre espera la satisfacción de la mujer este enferma.

e. Como angustia de las viudas y abstinentes voluntarias.

f. Como angustia del climaterio.

En el sexo masculino sobreviene:

a. Angustia de abstinentes voluntarios con síntomas de defensa (repr/s obs., histeria)

b. Angustia por excitación frustránea o porque se conforman con mirar y tocar.

c. Angustia de los varones que practican coito interrumpido.

d. Angustia de la senescencia (potencia declinante y libido creciente)

Casos que valen para ambos sexos:

a. Neurasténicos a consecuencia de masturbación, cuando abandonan la modalidad de satisfacción sucumben en la neurosis de angustia.

b. También se generan por trabajo excesivo, empeño agotador, etc.

El factor etiológico es más frecuente que su efecto, para este último se requieren otras condiciones (predisposición, sumación de etiología específica, refuerzo por influjos nocivos banales) En la disección de casos muestra significatividad el factor sexual.

1. En señoras jóvenes la neurosis no constituida viene en oleadas, se remonta a coitos de satisfacción faltante, y la angustia es removida al sustituirlos por un comercio normal.

2. Se descubre que la oscilación entre aparición y desaparición del estado íntegro coincide con los embarazos de la mujer, donde no había que adoptar prevenciones.

3. Los síntomas de la Ns. de A revelaron otra neurosis, se comprobó que antes del cambio de vía sobrevino un cambio en la modalidad de influjo sexual nocivo.

En ciertos casos está presente la etiología sexual pero se interpola un prolongado intervalo entre esta y su efecto y unos factores de naturaleza no sexual. La neurosis de angustia estalla cuando a la predisposición del factor sexual se suma al efecto de otro influjo nocivo banal. Según cual sea la predisposición del individuo, hará falta más o menos tiempo antes que se patentice el efecto de sumación.

III. Esbozos para una teoría de la neurosis de angustia.

Se trata de una acumulación de excitación, la angustia que está en la base de los fenómenos de la neurosis de angustia no admite ninguna derivación psíquica y se conjuga con el aminoramiento de la libido sexual, del placer psíquico. Se trata de una acumulación de excitación sexual somática y apareada con una mengua de la participación psíquica en los procesos sexuales. El mecanismo de la neurosis de angustia ha de buscarse en la excitación sexual somática desviada de lo psíquico y utilizada en un empleo anormal.

En el varón la excitación sexual somática aumenta, alcanza la corteza cerebral y deviene estímulo psíquico. Dota de energía un grupo de representación sexual de la psique y genera un estado de tensión libidinosa que lleva el esfuerzo de cancelar esa tensión a través de la acción específica o adecuada. Tiene que ocurrir aquello que libera a las terminaciones nerviosas de la presión sobre ellas y así cancela a la excitación sexual somática existente.

En la mujer la excitación sexual somática aumenta, esa excitación deviene estímulo psíquico, libido, y provoca el esfuerzo hacia la acción específica a la que se anuda el sentimiento de voluptuosidad.

Se genera neurastenia toda vez que el aligeramiento adecuado es sustituido por uno menos adecuado (masturbación o polución espontánea) Se genera neurosis de angustia toda vez que factores estorban el procesamiento psíquico de la excitación sexual somática. Entonces la excitación sexual somática, desviada de la psique, se gasta en reacciones de ningún modo adecuadas.

* La abstinencia voluntaria es la denegación de la acción específica que sigue a la libido. Puede ocurrir que la excitación sexual se acumule y sea desviada por otros caminos que prometan un aligeramiento, la libido descenderá y la excitación se exteriorizará como angustia. Si la libido no disminuye, o la excitación se gasta en poluciones o se agota por refrenamiento, no se genera neurosis de angustia.

* El coito reservado con miramiento por la mujer perturba el apronte psíquico para el decurso sexual pues introduce una tarea distractora y poco a poco desaparece la libido.

* En la senescencia y el climaterio la libido no cede, pero la psique deviene insuficiente para dominar la excitación somática acrecentada.

* En la angustia virginal no se ha desarrollado el grupo de representación psíquica donde se enlaza la excitación sexual somática.

* En las recién casadas anestésicas la angustia aparece cuando los primeros coitos han despertado una medida suficiente de excitación somática.

*En la eyaculación precoz y el coito interrumpido desaparece la libido para ese acto insatisfactorio y la excitación despertada se gasta.

* En los masturbadores neurasténicos, la inclinación a la angustia se explica por que caen en estado de "abstinencia".

* En el trabajo excesivo la psique, por desviación, deviene insuficiente para dominar la excitación sexual somática y la libido desciende.

Los síntomas de la neurosis de angustia son unos subrogados de la acción específica omitida que sigue a la excitación sexual. La psique cae en afecto de la angustia cuando se siente incapaz de tramitar la excitación endógenamente generada. Se comporta como si proyectara la excitación hacia afuera. El afecto es la reacción ante una excitación exógena y la neurosis es la reacción ante una excitación endógena. El afecto es pasajero porque la excitación exógena actúan como un golpe único y la neurosis es crónica por que la excitación endógena es una fuerza constante. El sistema nervioso reacciona en la neurosis ante una fuente interna de excitación con el afecto correspondiente a una excitación de fuente externa.

IV. Nexo con otras neurosis.

Es frecuente la producción de síntomas de angustia junto con otros de neurastenia, histeria, representaciones obsesivas, melancolía. Toda vez que se presenta una neurosis mixta, se puede demostrar una contaminación entre varas etiologías específicas.

* La multiplicidad de factores etiológicos puede producirse por azar (un nuevo influjo nocivo agrega sus efectos a los de un preexistente)

* Puede suceder que uno de los factores ponga en vigencia a otro.

* Puede ocurrir que la misma condición etiológica provoque las dos neurosis.

Las condiciones etiológicas para la producción de síntomas son multívocas, pero los factores etiológicos (aligeramiento inadecuado, insuficiencia psíquica, defensa con sustitución) poseen un nexo específico con la etiología de cada neurosis.

La neurosis de angustia con la neurastenia comparte que la fuente de excitación reside en el ámbito somático, mientras en la histeria y en la neurosis obsesiva reside en el ámbito psíquico. Los síntomas de la neurosis de angustia expresan un "empobrecimiento de excitación" y los de la neurastenia una "acumulación de excitación".

Si se considera el mecanismo de la neurosis de angustia y de la histeria podrá verse a la primera como el correspondiente somático de la segunda. Hay una acumulación de excitación y una insuficiencia psíquica, por la cual se producen unos procesos somáticos anormales. En vez de un procesamiento psíquico interviene una desviación de la excitación hacia los somático, la excitación que se exterioriza en la neurosis es somática y en la histeria es psíquica. Ambas se combinan regularmente.

23º conferencia. Los caminos de la formación de síntoma.

Importa distinguir los síntomas de la enfermedad, tras la eliminación de aquellos la enfermedad es la capacidad para formar nuevos síntomas. Los síntomas son actos perjudiciales o inútiles, que la persona realiza contra su voluntad, y conllevan displacer o sufrimiento. Su perjuicio es el gasto anímico que ellos cuestan y que se necesitan para combatirlos. Sí la formación de síntoma es extensa puede empobrecer a la persona en cuanto a energía anímica disponible. Interesa la cantidad de energía requerida, por lo que "estar enfermo" es un concepto práctico. Desde el punto de vista teórico todos somos neuróticos, pues las condiciones para la formación de síntomas también están en las personas normales.

Los síntomas neuróticos resultan de un conflicto en torno a una nueva modalidad de satisfacción pulsional. Las dos fuerzas opuestas coinciden en el síntoma (compromiso de la formación) por eso es tan resistente. Una de las dos partes es la libido insatisfecha, denegado (frustrado) su objeto en la realidad, busca otros caminos para su satisfacción. Emprende el camino de la regresión y aspira a satisfecerse en una de las organizaciones superadas o por medio de uno de los objetos resignados. La libido es cautivada por la fijación que ha dejado tras de su desarrollo.

Sí las regresiones no despiertan contradicción del yo, no sobrevendrá la neurosis, y la libido alcanzará una satisfacción real no normal (perversión) El conflicto se plantea si el yo no acuerda con estas regresiones. La libido intenta drenar su investidura energética, según el principio de placer, y tiene que sustraerse del yo. Las fijaciones que recorre en sentido regresivo y de las cuales el yo se protegió a través de represiones, le permiten drenaje. La libido inviste las posiciones reprimidas y se sustrae del yo y de sus leyes, bajo la frustración externa e interna. Las representaciones sobre las cuales la libido transfiere su investidura pertenecen al sistema Icc y están sometidas a los procesos de condensación y desplazamiento. Se establecen formaciones similares a las de la formación del sueño. El sueño es el cumplimiento de una fantasía Icc de deseo que entra en transacción con un fragmento de actividad Pre-cc, esta ejerce la censura y permite la formación del sueño manifiesto como compromiso. La subrogación de la libido en el interior del Icc tiene que contar con el poder del yo Pre-cc. La contradicción del yo contra ella la persigue como "contrainvestidura" y la fuerza a escoger una expresión que al mismo tiempo sea la suya. El síntoma se engendra como un retoño del cumplimiento de deseo Icc, desfigurado y provisto de dos significados que se contradicen. La diferencia entre la formación de sueño y la del síntoma es que el propósito Pre-cc del sueño es preservar el dormir y tolera más la moción de deseo Icc porque el estado del dormir bloquea la salida a la realidad.

La libido escapa en el conflicto gracias a la preexistencia de fijaciones. La investidura regresiva de estas lleva a sortear la represión y a la satisfacción de la libido bajo las condiciones del compromiso. Por el rodeo a través del Icc y las fijaciones, la libido logra alcanzar una satisfacción real, aunque restringida y apenas reconocible. Lo dicho vale exclusivamente para la formación de síntoma en el caso de la neurosis histérica.

Las prácticas y vivencias sexuales infantiles pueden dejar fijaciones libidinales en los afanes parciales abandonados y en los objetos resignados. Hacia ellos revierte la libido. En la infancia se manifestaron por primera vez las orientaciones pulsionales que el niño traía en su disposición innata y las vivencias infantiles le activaron por primero vez otras pulsiones. Unas vivencias de la infancia son capaces de dejar como secuela fijaciones libidinales y las disposiciones constitucionales son la secuela que dejaron las vivencias de nuestros antepasados.

La predisposición por fijación libidinal del adulto se nos descompone en constitución sexual hereditaria y en predisposición adquirida en el vivenciar infantil. La constitución sexual forma con el vivenciar infantil otra "serie complementaria" semejante a la formada entre predisposición y vivenciar accidental del adulto. Las regresiones vuelven a etapas más tempranas de la organización sexual.

La libido de los neuróticos vuelve a las vivencias sexuales infantiles regresivamente después que fue expulsada de sus posiciones tardías. Pero estas vivencias libidinales no tuvieron en su momento importancia alguna y sólo la cobraron regresivamente. La investidura libidinal de las vivencias infantiles es reforzada por la regresión de la libido. Existen neurosis infantiles en las que el diferimiento temporal no cumple ningún papel y la enfermedad se contrae como consecuencia directa de vivencias traumáticas. Las neurosis de los niños son muy frecuentes y en la mayoría de los casos se presentan como una histeria de angustia. Sí en períodos más tardíos estalla una neurosis, el análisis revela, que es la continuación directa de aquella enfermedad infantil velada. Hay casos en los que esa neurosis infantil prosigue como un estado de enfermedad que dura toda la vida. A menudo el análisis de una neurosis contraída en la adultez nos permite reconstruir la neurosis infantil de esa persona.

La fijación en determinados puntos del desarrollo sólo cobra valor en la inmovilización de un determinado monto de energía libidinosa. Hay casos en los que el peso de la causación recae en las vivencias sexuales infantiles, sin necesidad del apoyo de la constitución sexual y su inmadurez. Hay otros casos en los que el acento recae sobre los conflictos posteriores y la insistencia en las impresiones infantiles, obra de la regresión. En un extremo la "inhibición del desarrollo" y en el otro la "regresión" y entre ellos todos los grados de conjugación de ambos factores.

Los síntomas crean un sustituto para la satisfacción frustrada, por medio de la regresión de la libido a estadios anteriores del desarrollo, en la elección de objeto o en la organización. El neurótico quedó adherido a un punto de su pasado, a un período en donde satisfacía su libido, aunque para ello tenga que retroceder hasta su lactancia. El síntoma repite aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia, desfigurada por la censura que nace del conflicto y mudada en sufrimiento que lleva a contraer la enfermedad. La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta es irreconocible para la persona, pues siente la presunta satisfacción como sufrimiento, y esta mudanza es parte del conflicto psíquico bajo cuya presión se formó el síntoma. Lo que fue para el individuo satisfacción está destinado a provocar hoy su resistencia o repugnancia. P.e. el niño que ha mamado del pecho materno años más tarde manifiesta una fuerte renuncia a beber leche o repugnancia cuando la leche se halla cubierta de nata.

Los síntomas como medio de satisfacción libidinosa prescinden del objeto y resignan el vínculo con la realidad exterior, consecuencia del extrañamiento respecto del principio de realidad y del retroceso al principio de placer. También hay un retroceso a una suerte de autoerotismo ampliado, como el que ofreció las primeras satisfacciones a la pulsión sexual. Reemplazan una modificación en el mundo exterior por una modificación en el cuerpo, vale decir, una acción exterior por una interior. El síntoma figura algo como cumplido: una satisfacción a la manera de lo infantil, por medio de la condensación esa satisfacción puede comprimirse en una inervación única y por medio de desplazamiento puede circunscribirse a un pequeño detalle del complejo libidinoso.

Las vivencias infantiles en que la libido está fijada y desde las cuales se crean los síntomas no siempre son verdaderas. Las vivencias infantiles construidas en el análisis o recordadas son una mezcla de verdad y falsedad. Los síntomas son ora la figuración de vivencias reales y a las que puede atribuirse una influencia sobre la fijación de la libido, ora la figuración de fantasías del enfermo.

Cuando el enfermo nos presenta el material que, por detrás de los síntomas, lleva hasta situaciones de deseo calcadas de las vivencias infantiles, al comienzo debemos dudar si se trata de realidades o fantasías. Durante largo tiempo no comprenderá el designio de equiparar fantasía y realidad y de no preocuparnos por saber si esas vivencias son lo uno o lo otro. El enfermo se ha ocupado de esas fantasías, ese hecho no tiene menor importancia para su neurosis que si hubiera vivenciado en la realidad el contenido de sus fantasías. Ellas poseen realidad psíquica, en oposición a una realidad material, en el mundo de las neurosis la realidad psíquica es la decisiva.

Entre los acontecimientos que retornan en la historia del neurótico hay algunos de particular importancia: la observación del comercio sexual entre los padres, la seducción por una persona adulta y la amenaza de castración. El niño pequeño puede ser testigo del comercio sexual entre adultos y comprender con posterioridad esta impresión. Pero cuando este acto es descrito con detalles precisos o como ejecutado por atrás, esa fantasía se apuntala en la observación del comercio sexual entre animales y en su insatisfecho placer de ver. La seducción entre niños es más frecuente que la seducción por un adulto y en el caso de las niñas aparece con regularidad el padre. Con la fantasía de seducción el niño encubre el período autoerótico de quehacer sexual y se ahora la vergüenza de la masturbación fantaseando un objeto anhelado. El niño se compone esa amenaza de castración sobre la base de indicios, ayudado por su saber de que la satisfacción autoerótica está prohibida, y bajo la impresión de su descubrimiento de los genitales femeninos.

Estos hechos de la infancia pertenecen al patrimonio de las neurosis, si la realidad no los ha concedido se los establece a partir de indicios y se los completa mediante fantasía. No hay diferencia alguna por el hecho de que en esos sucesos infantiles tenga mayor participación la fantasía o la realidad. La fuente de tales fantasías está en las pulsiones y en todos los casos tienen idéntico contenido por que estas fantasías primordiales son un patrimonio filogenético. El individuo rebasa su propio vivenciar hacia el vivenciar de la prehistoria. Es posible que lo que hoy es fantasía haya sido realidad en los tiempos originarios humanos y que el niño fantaseador haya llenado las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica.

El hombre es educado para apreciar la realidad y obedecer al principio de realidad por influencia del apremio exterior. Tiene que renunciar a diversos objetos y metas de su aspiración sexual -no sólo sexual- Pero es difícil para el hombre abandonar ese placer y por eso en el fantasear concede a estas fuentes de placer resignadas y a estas vías abandonadas de la ganancia de placer una supervivencia (existencia emancipada de la realidad y del "examen de realidad") El demorarse en los cumplimientos de deseo de la fantasía trae consigo una satisfacción, aunque se sabe que no se trata de una realidad. En el fantasear el hombre sigue gozando de la libertad de la compulsión exterior, esa libertad a la que renunció en la realidad.

Las producciones de la fantasía son los "sueños diurnos", unas satisfacciones imaginadas de deseos eróticos, que florecen más cuanto más la realidad llama a moderarse. Su esencia es la ganancia de placer con independencia de la aprobación de la realidad. Los sueños diurnos pueden ser cc o Icc, estos últimos son fuente tanto de los sueños nocturnos como de los síntomas neuróticos.

La importancia de la fantasía para la formación de síntoma. Con la frustración la libido inviste regresivamente las posiciones abandonadas, a las que quedaron con ciertos montos. Los objetos y orientaciones de la libido resignados, ellos o sus retoños, son retenidos en representaciones de la fantasía con cierta intensidad. La libido vuelve a las fantasías para hallar desde ellas el camino a cada fijación reprimida. Esas fantasías son toleradas por que, aunque sean opuestas al yo, cumplen con una condición cuantitativa. Pero el aflujo libidinal eleva la investidura energética de las fantasías (exigen su realización) y se produce el conflicto entre ellas y el yo. Si estas eran Pre-cc o cc son reprimidas por el yo y atraídas al Icc. Desde las fantasías Icc la libido vuelve a migrar hasta sus propios puntos de fijación.

La retirada de la libido a la fantasía es un estadio intermedio en el camino hacia la formación de síntoma. La introversión es el extrañamiento de la libido respecto de la satisfacción real y la sobreinvestidura de las fantasías que hasta entonces eran inofensivas. El carácter irreal de la satisfacción neurótica y la indiferencia entre fantasía y realidad están determinados por la permanencia en el estadio de la introversión.

Desde el punto de vista económico, el conflicto entre dos aspiraciones no estalla antes de que hayan alcanzado ciertas intensidades de investidura, por más que preexistan las condiciones de contenido. La importancia patógena de los factores constitucionales depende de cuánto más de una pulsión parcial respecto de otra esté presente en la disposición, en términos de proporciones cuantitativas. Interesa el monto de libido que la persona puede conservar flotante y la cuantía de la fracción de su libido que es capaz de desviar de lo sexual hacia metas de sublimación. La meta final, que desde lo cualitativo aspira a la ganancia de placer y a evitar el displacer, desde lo económico consiste en dominar los volúmenes de excitación que operan en el aparato psíquico e impedir su estasis generadora de displacer.

Todo hasta aquí se refiere a la formación de síntoma en el caso de la histeria. Las contrainvestiduras frente a las exigencias pulsionales pasan a primer plano en la neurosis obsesiva y, por medio de las "formaciones reactivas", dominan el cuadro clínico.

Existe un camino de regreso de la fantasía a la realidad y es el arte. El artista, como cualquier insatisfecho, se extraña de la realidad y transfiere su libido a las formaciones de deseo de su fantasía. Es probable que su constitución incluya una vigorosa facultad para la sublimación y cierta flojera de las represiones para el conflicto. El artista elabora sus sueños diurnos de modo que pierdan lo personal y chocante, para que los extraños puedan gozarlos, y no deja traslucir sus fuentes prohibidas. Da forma al material hasta que se convierte en reflejo de la representación de su fantasía y después anuda a esta figuración de su fantasía Icc una ganancia de placer tan grande que doblega temporalmente a las represiones. Posibilita a los otros que extraigan alivio de las fuentes de placer de su propio Icc.

 

Angustia.

Conferencia 25: “La Angustia”

La angustia es un estado afectivo.

Al principio es posible designar a la angustia sin considerar para nada el estado neurótico. Freud la designara como angustia realista por oposición a la angustia neurótica.

Angustia Realista:

Aparece como algo muy racional y comprensible. De ella diremos que es la reacción frente a la percepción de un peligro exterior, es decir de un daño esperado, previsto; va unida al reflejo de la huida, y es lícito ver en ella un reflejo de la pulsión de autoconservacion. Las oportunidades en que se presente la angustia dependerán del estado de nuestro saber y de nuestro sentimiento de poder respecto del mundo exterior.

Hay que decir que el juicio según el cual la angustia realista resulta racional y adecuada debe revisarse a fondo.

La única conducta adecuada frente a un peligro que se cierne seria la fría evaluación de las propias fuerzas comparadas con la magnitud de la amenaza, y el decidirse, sobre esa base, por lo que promete un mejor desenlace: si la huida o la defensa, o aun el ataque, llegado el caso. Pero en una situación así no hay lugar alguno para la angustia.

Si la angustia alcanza una fuerza desmedida, resulta inadecuada en extremo: paraliza toda acción. Aun la de la huida. La reaccion frente al peligro consiste en una mezcla de afecto de angustia y acción de defensa. El animal aterrorizado se angustia y huye, pero lo adecuado en ese caso es la huida, no el angustiarse. El desarrollo de angustia nunca es adecuado.

Si descomponemos con mayor cuidado la situación de angustia lo primero que encontramos es el apronte para el peligro, que se exterioriza en un aumento de la atención sensorial y en una tensión motriz. En el se origina por un lado la acción motriz (huida, defensa, ataque) y lo que sentimos como estado de angustia.

El apronte angustiado es lo mas acorde al fin y el desarrollo de angustia lo mas inadecuado.

Freud diferencia tres afectos:

· Angustia: se refiere al estado y prescinde de objeto.

· Miedo: dirige la atención al objeto

· Terror: pone de resalto el efecto de un peligro que no es recibido con apronte angustiado.

La angustia es un estado afectivo. Un afecto incluye en primer lugar determinadas inervaciones motrices o descargas, en segundo lugar, ciertas sensaciones que son de dos clases: las percepciones de la acciones motrices ocurridas y las acciones directas de placer y displacer que prestan al afecto su tono dominante.

En el caso de algunos afectos creemos ver mas hondo y advertir que el núcleo que mantiene unido ese ensamble es la repetición de una determinada vivencia significativa, ha de situarse en la prehistoria de la especie. En cuanto al afecto de angustia Freud indica la impresión temprana como el acto del nacimiento en el que se produce ese sentimiento de agrupaciones displacenteras, mociones de descarga y sensaciones corporales que se han convertido en el modelo para los efectos de un peligro mortal y desde entonces se ha repetido por nosotros como estado de angustia. El enorme incremento de los estímulos sobrevenido al interrumpirse la renovación de la sangre fue en ese momento la causa de angustia, por tanto la primera angustia fue una angustia toxica.

Admitiremos también como significativo que ese primer estado de angustia se origina en la separación de la madre.

El acto de nacimiento es la fuente y modelo del afecto de angustia.

 

Angustia Neurótica: Freís plantea distintos tipos de angustia.

· Angustia libremente flotante: Estado general de angustia. Esta dispuesta a prenderse del contenido de cualquier representación pasajera; influye sobre el juicio, escoge expectativas, acecha la oportunidad de justificarse. Llamamos a este estado angustia expectante. Un grado llamativo de angustia expectante corresponde a una afección neurótica que Freud ha llamado neurosis de angustia y que las incluye entre las neurosis actuales.

· Angustia psíquicamente ligada: Se encuentra ligada a ciertos objetos o situaciones. Es la angustia de las fobias. Es sugerente diferenciar tres grupos:

1) muchos de los objetos temidos tienen para las personas normales una dimensión de peligro y por eso tale fobias no nos parecen inconcebibles, aunque si muy exageradas en su fuerza. (ejemplo: fobia a las víboras)

2) sigue habiendo una dimensión de peligro pero solemos minimizar y no anticipar ese peligro. Entre ellos se encuentra la mayoría de las fobias a una situación. (ejemplo: probabilidad de sufrir un accidente de avión)

3) son las fobias que están por completo fuera de toda comprensión. (ejemplo: cuando la angustia impide a un hombre fuerte atravesar una calle tan familiar para él)

Las dos formas de angustia descritas aquí (la expectante, libremente flotante y la unida a fobias, psíquicamente ligada) son independientes entre si. No es que uno sea una etapa superior de la otra.

Muchas de las fobias se adquieren solo a la edad madura, otras como la angustia a la oscuridad parecen haber existido desde el comienzo.

Las del primer tipo tienen la dimensión de enfermedades graves; las segundas aparecen mas bien como rarezas. Freud incluye estas fobias en la histeria de angustia, las considera como muy parecidas a la conocida histeria de conversión.

· La tercera de las formas de angustia neurótica plantea la perdida total de vista del nexo entre la angustia y la amenaza de un peligro. La totalidad del ataque puede estar subrogada por un síntoma único, intensamente desarrollado: temblor, vértigo.

Si existe angustia tiene que haber algo frente a lo cual uno se angustie.

De la observación clínica se obtienen varias indicaciones para la comprensión de la angustia neurótica.

A)la angustia expectante (libremente móvil) mantiene estrecha dependencia con determinados procesos de la vida sexual. El caso mas simple se presenta en las personas expuestas a la llamada excitación frustránea, es decir, aquellas en que unas violentas excitaciones sexuales no experimentan descarga suficiente. La excitación libidinosa desaparece y en su lugar emerge angustia. Podrá examinarse que la neurosis de angustia desaparece cuando se elimina ese mal habito sexual.

B)Nos proporciona un segundo indicio el análisis de las psiconeurosis, en general de la histeria. En esta afección la angustia aparece a menudo acompañando a los síntomas, pero se exterioriza también como ataque o como estado crónico, una angustia no ligada. Los enfermos no saben decir que es eso ante lo cual se angustia y mediante una inequívoca elaboración secundaria, lo enlazan con las fobias que tienen mas a mano.

Cuando estamos frente a un estado de angustia histérica, su correlato inconciente puede ser una moción de similar carácter, es decir, de angustia, vergüenza, pero también una excitación libidinosa positiva, o una agresiva, de hostilidad, como la furia y el enojo. Esta angustia es la moneda corriente por el cual se cambian o pueden cambiarse todas las mociones afectivas cuando el correspondiente contenido de representación ha sido sometido a represión.

C) una tercera forma la proporcionan los enfermos que padecen de acciones obsesivas, notablemente extintos de angustia, en apariencia. Si impedimos que ejecuten sus acciones obsesivas (ejemplo: lavarse las manos), una angustia horrible los fuerza a obedecer a la compulsión. La angustia estaba encubierta por la acción obsesiva, y esta no se ejecutaba sino para evitar aquella. Los síntomas solo se forman para sustraerse a un desarrollo de angustia que de lo contrario seria inevitable. Esta concepción sitúa, por así decir, en el centro de nuestro interés en cuanto a los problemas de las neurosis.

 

El desarrollo de angustia es la reacción del yo frente al peligro y la señal para que se inicie la huida; esto nos sugiere la siguiente concepción: en el caso de la angustia neurótica, el yo emprende un idéntico intento de huida frente al reclamo de su libido y trata este peligro interno como si fuera externo. Así se cumple nuestra expectativa de que ahí donde aparece angustia tiene que existir algo frente a lo cual uno se angustia.

 

Angustia en niños:

Al comienzo el niño pequeño se angustia ante las personas extrañas, el niño no se angustia frente a estos extraños porque les atribuya malas intenciones, se angustia porque espera ver a la madre. Son su desengaño y añoranza lo que se traspone en angustia. Difícilmente será casual que en esta situación arquetípica de la angustia infantil se repita la condición del primer estado de angustia durante el acto del nacimiento (la separación de la madre)

El niño sobrestima inicialmente sus fuerzas y actúa exento de angustia porque no conoce los peligros. Es por entero obre de la educación que por fin despierte en el la angustia realista, pues no puede permitírsele que haga por si mismo la aleccionadora experiencia.

La angustia del niño tiene muy poco que ver con la angustia realista y se emparenta de cerca con la angustia neurótica de los adultos. Como esta, se genera a partir de una libido no aplicada y sustituye alo objeto de amor, que se hecha de menos, por un objeto externo o una situación.

Fobias:

En ellas ocurre lo mismo que en la angustia infantil: una libido que permanece inaplicable se trasmuda a una aparente angustia realista y, de ese modo, un minúsculo peligro externo se erige como subrogación de los reclamos libidinales.

Toda fobia histérica se remonta a una angustia infantil y la continua, aun si tiene un contenido diverso. La diferencia entre ambas afecciones reside en el mecanismo. En el adulto, para la mudanza de la libido de angustia no basta que aquella en calidad de añoranza , se haya vuelto momentáneamente inaplicable.

Pero cuando la libido pertenece a una moción psíquica que ha experimentado la represión, se restablece una situación parecida a la del niño que todavía no posee ninguna separación entre conciente e inconciente. Y por la represión a la fobia infantil se habre el desfiladero a través del cual puede consumarse la mudanza en la libido de angustia.

Cuando hablamos de la represión no hicimos sino perseguir el destino de la representación que había de ser reprimida. En todo momento dejamos de lado lo que acontece en el afecto con el afecto adherido a la representación reprimida y solo ahora nos enteramos de que el destino mas inmediato de ese afecto es el de ser mudado en angustia. Esta mudanza de afecto es la parte mas importante del proceso represivo.

Una representación sigue siendo la misma, salvada la diferencia de que sea CC o ICC. Pero cuando en un afecto es un proceso de descarga y ha de ser objeto de un juicio muy diverso que una representación. Freud indica que la mudanza en angustia es el destino mas inmediato de la libido afectada por la represión. No el único ni el definitivo.

En el caso de las fobias es posible diferenciar nítidamente dos fases del proceso neurótico. La primera tiene a su cargo la represión y el trasporte de la libido a la angustia que es ligada a un peligro exterior. La segunda consiste en la edificación de todas aquellas precauciones y aseguramientos destinados a evitar un contacto con ese peligro considerado como algo externo. La represión corresponde a un intento de huida del yo frente a la libido sentida como peligro. La fobia puede compararse a un atrincheramiento contra el peligro externo que subroga ahora a la libido temida.

 

Inhibición, síntoma y angustia. Cap. IV

Una zoofobia histérica infantil, Hans se niega a salir a la calle porque le dan miedo los caballos ¿Cuál es el síntoma? ¿Dónde está la satisfacción que Hans se prohíbe? El miedo incomprensible a los caballos sería el síntoma y la incapacidad de salir a la calle, una restricción que el yo se impone para no despertar el síntoma de angustia. Hans tiene un miedo angustioso a que un caballo le muerda. Este contenido trata de sustraerse a la conciencia y queda sustituido por la fobia indeterminada en la cual sólo aparecen ya la angustia y su objeto. Hans, dominado por el complejo de Edipo, se halla colocado en una situación de celos y hostilidad con respecto al padre, al que quiere, en cuanto no entra en consideración la madre, causa de discordia (conflicto de ambivalencia) Su fobia tiene que ser una tentativa de solución de este conflicto. El impulso instintivo que sucumbe a la represión es un impulso hostil contra el padre. Hans ha visto caer a un caballo y, en otra ocasión, ha visto caer y herirse a un compañero con el que jugaba a los caballitos. Tiene un impulso optativo que es el deseo de que su padre se caiga y se hiera como el caballo o el compañerito (la intención de la supresión del padre es el impulso asesino del complejo de Edipo)

Si Hans está enamorado de su madre, mostrara miedo a su madre. Lo que hace de esta reacción una neurosis es la sustitución del padre por el caballo. Este desplazamiento es lo que puede calificarse de síntoma y permite la solución del conflicto de ambivalencia sin el auxilio de la formación reactiva. El conflicto de ambivalencia no queda resuelto en una sola persona, sino es esquivado por medio de un rodeo, desplaza uno de los dos impulsos que lo integra sobre un objeto sustitutivo.

Hans indicaba como contenido de su fobia el miedo angustioso a ser mordido por un caballo (sustituto del padre) Un joven ruso a partir de un sueño que tuvo cuando era niño desarrollo el miedo a ser devorado por el lobo. El hecho de que el padre de Hans hubiera jugado con éste a los caballos determinó la elección del animal tenido. Es muy probable que en el segundo caso el padre del sujeto haya jugado a ser un lobo que lo amenazaba. La representación de ser devorado por el padre es la expresión, regresivamente rebajada, de un impulso de amor pasivo, del ansia de ser amado por el padre en el sentido del erotismo genital. La represión no es el único medio de que dispone el yo para defenderse de un impulso indeseado. Cuando consigue forzar el instinto a una regresión logra un resultado más dañino del que alcanzaría por medio de la represión. A veces emplea la represión luego de la regresión.

En el caso del ruso y en el de Hans el impulso hostil contra el padre queda reprimido por el proceso de transformación en su contrario. En lugar de la agresión contra el padre surge la agresión del padre contra el sujeto. La fase sádica de la libido integra tal agresión no precisa ya esta última, sino de un descenso al grado oral, en Hans aparece por el temor a ser mordido y en el ruso por el temor a ser devorado. Además a sucumbido a la represión el amor pasivo hacia el padre, impulso que había alcanzado el nivel de la organización genital (fálica) de la libido. En Hans la formación de su fobia ha suprimido la carga de libido correspondiente a la madre como objeto amoroso. Hans el proceso de represión recae sobre los componentes del complejo de Edipo, sobre el impulso hostil y el amoroso hacia el padre y el amoroso hacia la madre.

Hans descarga por medio de su fobia los dos impulsos principales del complejo de Edipo: el agresivo contra el padre y el amoroso hacia la madre, el impulso amoroso hacia el padre desempeña su papel en la represión de su contrario, aunque no es suficiente para provocar una represión. En el caso del ruso, en su sueño se descubre poca agresión contra el padre, la represión se refiere a la disposición amorosa pasiva respecto al mismo. El motivo de la represión es el miedo a la castración. Por miedo a la castración abandona Hans la agresión contra su padre. Su miedo puede completarse afirmando que era miedo a que un caballo le mordiese en los genitales. Por miedo a la castración renuncia el ruso a ser amado por el padre como objeto sexual, pues comprende que tal relación implicaría el sacrificio de sus genitales.

En ambos casos es el miedo a la castración el motivo de la represión. Las ideas angustiosas de ser mordido por un caballo y ser devorado por un lobo son sustitutos deformados de ser castrado por el padre. El afecto angustioso de la fobia no procede de la instancia represora misma. El miedo angustioso de la zoofobia es el miedo a la castración, miedo a un peligro que es juzgado como real. La angustia causa aquí la represión y no la represión causa la angustia. El miedo angustioso de las zoofobias es el miedo del yo a la castración, la mayoría de las fobias provienen de tal miedo del yo ante las exigencias de la libido. Es siempre lo primario la disposición del yo a la angustia y el impulso a la represión. La angustia no nace nunca de libido reprimida. Suponíamos haber descubierto el proceso metapsicológico de una transformación directa de libido en angustia, cosa que ya no podemos sostener. En el estudio de las neurosis actuales, la excitación queda coartada, detenida o desviada en su curso a la satisfacción, como la excitación sexual es la expresión de impulsos instintivos libidinosos, suponíamos que la libido se transformaba en angustia bajo el influjo de tales perturbaciones. ¿Cómo es posible conciliar tal estudio con que la angustia sentida en las fobias es una angustia del yo, y nace en él en vez de nacer de la represión, la provoca?