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Cs. Políticas Resumen para el Primer Parcial Cátedra: Mario Pecheny (ex - García Raggio) 1º Cuat. 2008 Altillo.com

UNIDAD 1 - ¿Qué es la política?


Texto 1 (“Democracia clásica, ciudadanía y polis” – Martín Unzué)


Introducción


Lo sucedido en Atenas del Siglo V A.C. es el objeto principal de estudio por los avances democráticos y de bienestar obtenidos por sobre las demás polis griegas.


Para el hombre griego, la felicidad no pasaba por las satisfacciones personales, íntimas o privadas.

Actualmente esta concepción no es válida, ya que es justamente en el ámbito de lo privado donde somos racionales, desarrollamos nuestras capacidades y ejercemos nuestra voluntad. Para nosotros, el espacio público es un ámbito dependiente, socialmente normado y en donde existen obligaciones.


Para el griego, los hombres desarrollan 3 actividades básicas:
• La Labor = Ligada a la supervivencia, es todo aquello que hacemos por el mero hecho de estar vivos (Comer, respirar, dormir, reproducirnos, etc.)
• El Trabajo = Ligado a lo mundano, todas las necesidades que tengo por vivir en una sociedad.

• La Acción = Ligado a aquello que me define como YO mismo, ya que está relacionado al concepto de Pluralidad (lo que nos hace distintos a otros). Tiene que ver con la comunicación entre los hombres, la creencia de que somos animales políticos.

Para “hacer política” necesitan darse 2 factores en conjunto: la Praxis (las acciones) y la Lexis (el habla, aquello que yo comunico respecto a mí accionar).


Los griegos, creían que la Lexis y la Praxis se ejercían en la esfera pública. Era para ellos el ámbito de libertad. Me encuentro con gente que piensa distinto de mí, pero de mi misma jerarquía, y por ende hago política.

En lo privado y lo doméstico, hay órdenes y normas, ya que el padre de familia subordinaba a todos los que integraban su núcleo familiar. Solo puedo satisfacer las necesidades ligadas a la labor y al trabajo.


Proceso de conformación democrática Ateniense


El ejercicio de la democracia fue producto de un duro proceso socio-histórico. La expansión de los derechos de los ciudadanos se asocia a la disputa entre los sectores aristocráticos y aquellos relegados.


Solón fue quién mostró los primeros indicios de querer instaurar la democracia como sistema político. Categorizó a la nobleza según la riqueza, y no según el origen familiar. De esta manera, la nueva clase social (la comerciante) pudo formar parte de la clase aristócrata porque aquella pertenencia ya no estaba ligada al apellido, sino al patrimonio.

Por otro lado, suprimió la esclavitud por deudas, por lo que una vez que se accedía a la cualidad de “ciudadano”, no se la perdía por este motivo.

Solón intentó abrir un espacio de igualdad entre la aristocracia y otros sectores ricos, pero los conflictos internos perduraron por una serie de cambios económicos y la constante disputa entre los pobres y los de elite. Por ello, el proceso de Solón se interrumpe y surgen una serie de gobiernos tiránicos.


Sin embargo, una nueva figura surge contra la tiranía, y propone otra serie de avances democráticos. Clístenes instaura una nueva división territorial, en la que Atenas es conformada por 10 demos habitados por personas de todas las clases sociales. Por lo tanto, la participación política ya no tenía que ver con el patrimonio o el apellido, sino por el territorio donde se habitaba. Por el mero hecho de ser ciudadano, puedo tener acceso a la política (entiéndase por ciudadano, todos los hijos varones de madre y padre ateniense, mayores de 21 años).


La Democracia en Atenas


La resistencia ante la invasión del imperio persa trajo un período dorado para Atenas (Siglo V A.C.). Conforma la “Liga de Délos”, con el fin de proveer protección a otras polis menores y sacar provecho tributario de ello.

Pericles le asegura a la polis Ateniense un dominio helénico en todos los aspectos, tanto económico, como social, bélico e intelectual. Su obra fue el punto culminante en la idea de una ciudadanía con derechos crecientes y en la superación de desigualdades: surge la idea de ciudadanía plena y el ejercicio de la democracia como modelo ideal.

Ese clima solo se ve corrompido cuando Esparta vence en la guerra del Peloponeso: no solo pone fin a este creciente proceso sino que la democracia y la igualdad terminan siendo rechazadas.


Cinco cuestiones esenciales sobre la democracia ateniense


• Democracia Directa: Si bien las decisiones de las polis no se tomaban con mediadores o intermediarios (por ejemplo, la Asamblea tomaba decisiones sin un gobierno que mediara), se mostraron también claros espacios de ejercicio indirecto del poder.

Por un lado, la elección del ejercicio de funciones públicas dentro de los demos era por sorteo. Este criterio azaroso demuestra una igualdad ante la política. Pero por otro lado, a medida que las tareas fueron siendo más complejas, se empezaron a requerir ciertos requisitos de formación, y por ende, esto significó una barrera para el pleno acceso al gobierno.

Además, es imposible pensar que todos los que tuviesen la cualidad de ciudadanos pudiesen acceder a los asuntos políticos. Primero, por cuestiones físicas (no se podría reunir a cientos de miles de personas en un mismo lugar); segundo, por la demanda de tiempo y esfuerzo que implicaba asistir a una asamblea (no todos tenian los medios para desplazarse hasta el lugar donde se realizaba ni podían dejar sus trabajos para asistir a la Asamblea).

No es real que el cuerpo de ciudadanos tomaba decisiones sin intermediarios porque solo una porción del total de los habitantes de esa polis podía acceder a las virtudes del sistema democrático.


• La igualdad de los ciudadanos: Solo 1/3 de la población ateniense cumplía con los criterios para ser considerados ciudadanos y por ende, tener acceso a los privilegios que derivan de ella.

El resto de los habitantes (los esclavos, extranjeros, los niños, las mujeres) no contaba con absolutamente ningún derecho político y hasta tenían grandes restricciones. En el caso de los extranjeros, eran obligados a pagar grandes tributos por habitar un suelo que no era el de su origen.

Inclusive, entre los propios ciudadanos existían grandes desigualdades económicas que seguían poniendo un freno en el pleno acceso a la democracia.


• La democracia privilegiada: El gran flujo de ingresos que trajo el triunfo contra el imperio persa, significó un período de grandes obras públicas y mejoras para la pobreza.

La forma que adopta la ciudadanía en Atenas está ligada a la enorme capacidad económica de la ciudad y el esfuerzo por hacer que aquellos frutos lleguen en mayor o menor medida a todos los ciudadanos.

Se había comprendido que no era posible sostener un sistema democrático, si la brecha entre los mas pobres y los mas ricos continuaba creciendo. Gracias a los subsidios y los puestos de trabajo que se repartieron entre los sectores bajos, se pudo legitimar que este sistema miraba las necesidades de todos. Fue clave para avanzar hacia un compromiso de defensa del espacio común y la inserción a la política.
Pero claro está que esto solo pudo ser sustentable gracias a la favorable situación Ateniense. Sin el factor económico, esta brecha nunca podría haberse estrechado, y las demás Polis griegas son ejemplo de ello. Los conflictos entre los sectores pobres (mayoritarios) y los ricos siempre perduraron e inclusive se acentuaron cuando llegó la crisis, ya que la economía se vio tan afectada que fue imposible seguir mirando a los sectores mas desdichados.


• Hombre público y hombre privado: El hombre griego encontraba en la esfera pública su lugar de plenitud y libertad, ya que la ley y el bien común de la polis eran las principales inquietudes del ciudadano. Sin embargo, hay ciertas cuestiones que demuestran que este ideal no se compartía en todas las polis, e inclusive en la misma Atenas.

Por un lado, la existencia de diferentes partidos políticos influenciaba las formas de gobierno según sus propias necesidades y beneficios.

En segundo lugar, la utilización de cargos públicos en beneficio privado era una práctica extendida. Cuando un funcionario terminaba su mandato, se lo sometía a una rigurosa investigación para corroborar su honestidad y servicio a la polis. Que existiera un procedimiento así, implica la existencia del problema anteriormente mencionado.

Por último, la crisis que trajo la guerra del Peloponeso terminó con cualquier ideal de compromiso con la esfera pública. La muerte de Pericles y de Sócrates, el empobrecimiento de gran parte de la población y el enriquecimiento de la clase aristócrata y los gobiernos tiránicos que sucedieron al democrático hizo que los ideales colectivos se apagaran. Comienza un período de rechazo hacia lo comunitario, con el surgimiento de los “Sofistas” como principales propulsores de la individualidad.


• Los pensadores griegos y la democracia: Los grandes pensadores atenienses son claramente antidemócratas. No se han encontrado documentos fehacientes de la defensa del sistema democrático, ya que sus partidarios no se ocuparon de asentar sus precedentes ni exaltarlo. Es por ello, que si se entiende que los pensadores son los indicados para ocuparse de las cuestiones gubernamentales, entonces la democracia no debe ser tan perfecta ni aplicable.

Platón escribe sus obras posteriormente a la crisis Ateniense, y por ende, sostiene que la democracia no es aceptable como sistema de organización. Propone principalmente que el ciudadano común no participe en el gobierno.

En su libro “República” apoya que la felicidad de los habitantes está ligada a que cada uno cumpla su función en la Polis, y que no debe haber una igualdad en el acceso a los cargos gobernantes. Más bien, debe establecerse una división de tareas en la que cada uno cumpla un rol específico según las necesidades de la sociedad. En tal caso, los reyes filósofos son los mejores para gobernar en su ideal de República y no todo el pueblo.



Texto 2 (“Vida pública y ciudadanía en los orígenes de la modernidad” – Sergio Emiliozzi)


Introducción


Para conceptualizar en la actualidad ciertas temáticas como la del espacio público, es necesario detenerse en el significado que ha tenido a lo largo de la historia.

Las transformaciones que se pueden apreciar en estos últimos tiempos coinciden con un desplazamiento del interés de lo público a lo privado, que afecta también el ejercicio de lo político y lo social.

La delimitación de lo público conlleva a una cuestión política fundamental, ya que intervienen la modalidad de democracia, ciudadano, libertad e igualdad que se aplicarán en la sociedad.


La Modernidad


Se inicia con el Renacimiento, cuando irrumpen las ideologías de libertad e individualidad. Significó una compleja transformación vinculada a lo nuevo y una ruptura con la tradición. Se emancipan esquemas preestablecidos y la autoridad comienza a legitimarse de otra manera.

El hombre moderno exalta el individuo, que está dotado de una libertad para rechazar cualquier obediencia que no pueda explicar a partir de la razón.

Por lo tanto, todos los ámbitos sufren fuertes cambios. A modo de ejemplo, en la esfera económica se visualiza el desapego a la tierra y la emergencia del comercio. En el ámbito político, se constituye el concepto de Estado-Nación. Pero por sobre todas las cuestiones, la Revolución Francesa implicó la exaltación de los derechos del hombre.

Las categorías de público y privado se remontan a la antigua Grecia, donde en la primera se sentían plenos y ejercían su vida política (polis) y en la segunda se ejercía la actividad doméstica y de dominación (oikos).


Origen histórico del mundo público ilustrado




• Las fisuras de un sistema de poder


A 1/2s del siglo XVIII gobernaban las monarquías absolutas. El rey poseía autoridad absoluta, tanto secular como religiosa, y en calidad de patriarca tiene poder sobre sus súbditos (aunque sea su deber protegerlos y velar por su bienestar).

Los monarcas encabezaban jerarquías de nobles terratenientes, que apoyadas sobre el poder de la iglesia y rodeadas de una serie de instituciones, dieron lugar al feudalismo.

Las rivalidades internacionales, las necesidades de cohesión y los impactos de la Rev. Industrial, condujeron a ciertos monarcas (posteriormente llamados “monarcas ilustrados”) a intentar programas de modernización económica, social, intelectual y administrativa. Pero se hizo muy poco para llevar estas cuestiones a la práctica.

Por otro lado, la creciente Burguesía comercial (que estaba conformada por una pujante clase media ilustrada) intenta buscar en el monarca el apoyo necesario para cumplir con sus expectativas. Sin embargo, al no recibir una respuesta favorable, este estrato social busca apoyo en las clases bajas y mayoritarias, para iniciar una búsqueda del bien común: un modelo que favoreciera a todos.

Confluían entonces 2 fuerzas: la de la vieja sociedad apoyada en la Edad Media, y la de la nueva sociedad burguesa emergente de las transformaciones económicas. El triunfo de una sobre la otra trajo consigo un cambio político institucional.


• La sociedad de los hombres libres

Como forma de ponerle fin a las guerras civiles y religiosas, el Estado absolutista avanza hacia un proceso de fuerte concentración del poder. El Rey continuaba siendo la autoridad mayor ante sus súbditos, pero propone que las cuestiones morales y religiosas quedaran en la conciencia del individuo mismo, siendo por ende el soberano de sus decisiones.

El hombre se ve liberado de la opresión que sentía con la autoridad del monarca, y empieza a desarrollar una libertad de conciencia con la que se desprende de los pensamientos impuestos y heredados, para conformar los suyos mismos.

Surge entonces el movimiento de la Ilustración, que tiene como objetivo combatir contra una forma de autoridad. No es un movimiento homogéneo, es más bien una mentalidad, una actitud espiritual y cultural, de crítica a la tradición e impulso de la razón como herramienta para dirigir el progreso de la vida. Sus mentores fueron los filósofos, y gran parte de la sociedad (especialmente la burguesía) comparten ese espíritu.

Tales objetivos comenzaron a tener viabilidad a partir de la publicación de ciertos libros que empezaron a ser consumidos por un público en condiciones de hacer uso de su “entendimiento”. Los integrantes mas destacados de este movimiento procedían de las clases intermedias de la sociedad, que tenía ideas revolucionarias con el objetivo de hacer libres a todos los hombres (el orden social producto de tal emancipación sería burgués y capitalista, que dispararía el progreso de la humanidad).


• La crítica ilustrada de la realidad

El debilitamiento de las bases de sustentación de la autoridad permitirá que se genere una esfera cultural diferenciada y autónoma.

Lo innovador y significativo del surgimiento de la esfera pública es que se retiran las instituciones tradicionales de la evaluación de las producciones artísticas. De esta manera, se amplía la participación en la crítica a diferentes manifestaciones culturales ya que crea una comunidad crítica que incluye a todas las personas privadas.

De todas maneras, esas “personas privadas” son las elites sociales e intelectuales, quienes se ven habilitadas para hacer un “uso público” de la razón. El “pueblo” se encuentra excluido de los conocimientos necesarios para participar de aquél ámbito.

Así, esta esfera pública se caracteriza inicialmente por ser la manifestación de los sectores ilustrados.

En ese contexto, surge una sociedad democrática, desjerarquizada y horizontal. Al desarrollar el hábito de la crítica, negaban los fundamentos del viejo orden, en donde el “análisis libre” no podía aplicarse a ningún campo del pensamiento o de la acción.

Este nuevo uso de la razón ampliará sus horizontes hacia otros ámbitos mucho más decisivos, como la política.


• El redescubrimiento de la vida privada

La emergencia de esta esfera pública sólo pudo ser posible en la medida que anteriormente se consolidara un espacio privado en donde pudiera ser cultivada la conciencia libre y el ejercicio de la actividad de juzgar.

Para que la vida privada se instituya fue indispensable un recorrido en el que el hombre se ha ido despegando paulatinamente de las redes comunitarias que obstaculizaban el desarrollo pleno de la intimidad. Ese proceso de individualización, coloca al sujeto como centro de la cultura occidental. Una serie de acontecimientos históricos dan sustento a esta situación:

Las nuevas formas de religiosidad (protestantismo por ejemplo) liberan al cristiano de obligaciones litúrgicas.
El desarrollo de hábitos de lectura silenciosa e individualizada
La generalización de la escritura personal, que permite el incremento del género crítico escrito.
La vida privada se convierte en un espacio conquistado al mundo público, un derecho donde muere la intervención del poder público y un muro en donde se construye una libertad.

El hombre comienza a aprovechar ese refugio para construir una subjetividad libre y encontrar la paz y la tranquilidad. Usa su privacidad para poder reflexionar y ejercer su intelectualidad, y establecer una plena comprensión del mundo. Es el espacio donde se entrena para el posterior encuentro con sus semejantes y es el ámbito de la libertad y el disfrute.


• La publicidad política

Comienza por la pretensión burguesa de cuestionar al monarca. El eje controversial se percibe en la crítica a la práctica del poder absoluto y todas las bases teóricas que justificaban estas prácticas. El “secreto de Estado” les había permitido a los monarcas gobernar indiscretamente argumentando que sus decisiones no necesitaban darse a conocer en público. La burguesía, por ende, propone un principio de publicidad en la que el soberano debe someterse a la transparencia de la ley y fundamentar su poder en ella (no se aceptaría la arbitrariedad y la voluntad personal).

La ley se fundamentaría sobre las bases de “la verdad” y la racionalidad. Esta apertura estatal viene justamente de ese ámbito privado incontrolable para el poder político.

Sin embargo, son pocos los que participan de este nuevo espacio: el “pueblo” está excluido, y solo quienes tienen la cualidad de enunciar un juicio racional pueden actuar como mandatarios. Ser la voz de los que no tienen voz y razonar en nombre de los que están impedidos de hacerlo, se traducirá luego en un movimiento que intentará transformar el interés burgués en el general. Por lo tanto, estos portavoces comienzan a convertirse en los políticos de esta nueva era, y harán ejercicio de esta representación de las mayorías que será desarrollada por los ilustrados.


Los “pensionistas de la historia”


• El escenario social

La historia de Europa desde el siglo XIV hasta el XVIII muestra un claro proceso de desarrollo en términos económicos. Sin embargo, la miseria siguió siendo un componente estructural esencial de las formaciones sociales ascendentes.

La existencia de una miseria de masas dependía de razones sociopolíticas como económicas.

Como se había podido controlar el hambre y las epidemias en muchas partes de Europa, se convertían en más numerosos y más pobres. No hay duda que esta revolución demográfica agravó la posición obrera debido a su multiplicación.


• Las protestas sociales

Si bien los sectores populares eran súbditos de sus señores (a quienes debían ser leales y prestar servicios), eso no significa que no hayan podido expresar su disconformidad.

En este período se presentaron 3 tipos de protesta social:

- “Movimientos Milenaristas” = de raíz católica, basados en la creencia de un futuro mejor planteando la destrucción de los poderes vigentes.

- “Bandolerismo social” = reacción conservadora y laica frente a poderes materiales superiores, independientemente de las instituciones de gobierno. Los había de 2 tipos: populistas (planteaban una redistribución, en la que las clases bajas también estuviesen incluidas) y las mafias (se distribuían en clanes en busca de justicia social).

-“Legitimismo populista” = forma de protesta violenta, no en nombre de un futuro mejor, sino para volver al orden establecido del que hicieron intencionado abuso quienes ejercen la autoridad. Por lo tanto, son los gobernantes y no el orden lo que hay que atacar. Este tipo de protesta social fue el más difundido entre las clases bajas, y anticipó la formación de una pertenencia ciudadana.


• El espacio público plebeyo

La Rev. Francesa fue ideada e impulsada por la burguesía que, junto al apoyo de las clases bajas, lograron triunfar frente al gobierno monárquico gracias a la organización de un movimiento revolucionario.

Los Sanz Culottes (movimiento de las clases bajas) en alianza con los Jacobinos (movimiento burgués) llegan al poder en 1793. Pero una vez logrado el objetivo, y debido a que sus intereses no eran los mismos, no se pudo sostener una verdadera integración ciudadana.

Algunas de las cuestiones que las clases bajas buscaban alcanzar eran una reforma agraria, la creación de una nueva Constitución Nacional, el derecho de insurrección y el sufragio universal. Sin embargo, la clase burguesa hizo caso omiso a estos pedidos, y luego de vencer al régimen monárquico le dieron la espalda a las clases bajas.

Pero estos últimos no iban a conformarse con un papel secundario. Si bien al principio fueron utilizados para vencer los intentos contrarrevolucionarios, posteriormente van a iniciar camino hacia una revolución social.

En este escenario, se alcanzó a delinear un espacio público plebeyo como oposición al espacio público burgués.


El Estado-Nación y la emergencia del ciudadano


El Estado post-feudal se caracterizó por ser el centro de la unidad política, del poder autónomo y de la soberanía. Además, fue un agente de integración social más allá de las diferencias de clase e inspirador de la lealtad y solidaridad de los conciudadanos.


• Sectores populares y ciudadanía

Bajo la autoridad del Estado nacional, cada ciudadano guarda una relación directa con el poder soberano de cada país. Un elemento central de la formación nacional es la codificación de los derechos y obligaciones. En principio, se excluyó de la ciudadanía a todas las personas social y económicamente dependientes, restricción que se fue poco a poco reduciéndose hasta abarcar a todos los adultos.

Se crea una tipología de los derechos:

Derechos Civiles = derechos necesarios para la libertad individual
Derechos Políticos = el sufragio, el derecho a elegir y ser elegido, etc.
Derechos Sociales = derecho a un mínimo bienestar, seguridad económica, etc.
Los derechos de ciudadanía aparecen con el establecimiento de la igualdad ante la ley, pero el incremento de la igualdad legal incrementó la desigualdad socioeconómica. En la sociedad medieval, las personas dependientes se encontraban protegidas contra los rigores de la vida por las costumbres paternalistas, aunque tuvieran que pagar como precio su sumisión personal. La nueva libertad acaba con toda protección de esa índole: las desigualdades sociales excluyen a una amplia mayoría del goce de sus derechos civiles. Entonces, si los derechos benefician más a los hombres de fortuna que a los trabajadores pobres, ¿cómo se insertarían estos en la comunidad?

1) El derecho de asociación y organización les permitió a los trabajadores unirse en sindicatos para mejorar sus condiciones laborales, ya que en la lucha económica, los individuos quedaban siempre en inferioridad de condiciones.

2) El derecho a una educación elemental significó para los sectores populares, la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida y allanar el camino para que los hijos de los trabajadores cuenten con mejores oportunidades.

3) La conquista del voto universal y secreto iguala a todos como electores y les permite organizarse y participar en el gobierno. Sin embargo, significó una extensa lucha.

La Rev. Francesa produjo un cambio radical: la unidad a representar comenzó a ser el individuo y el ámbito de ejercicio de la representación era integrada por legisladores.

Pero como era de esperar, esto no significó la concesión de sufragio universal a todos los ciudadanos adultos. Se presentaron una serie de diferentes criterios que terminaron dejando afuera a gran parte de la población. Por ejemplo, se decía que los trabajadores asalariados no podían formular un juicio político propio basado en criterios racionales y que, por lo tanto, corromperían la esencia del sistema vendiendo su voto o siendo influenciados por quienes quisieran sacar provecho de su ignorancia.

Recién a mediados del siglo XIX se pondrán en práctica los intentos más serios por conceder el sufragio a todas las clases.

La obtención de este último derecho permitirá a los sectores populares alcanzar un status de ciudadanía diferente a los conocidos, ya que podrán intervenir en todos los asuntos que le competen a su comunidad.


Texto 3 (“Lo político vs. La política” – Emilia Castorina)


Introducción


La cultura política occidental ha estado atravesada por una tensión entre “lo político” (espacio de ontología práctica, el poder del pueblo, la ley) y “la política” (ejercicio de una profesión especifica, el poder de los elegidos, los que saben).

Se intentará analizar dos momentos claves de dicha tensión que se manifestó en un plano ideológico y social y en una lucha de poder de dos grupos sociales antagónicos.


Lo político como democratización


• Productores y gobernantes

Durante la Edad Media, la división del trabajo y la estratificación de clases estaban ligadas a principios tradicionales que legitimaban el poder aristocrático.

La progresiva politización y democratización de la sociedad griega tuvo que ver con el desplazamiento de esos principios. De este modo, la ciudadanía reemplazó al parentesco, el sentimiento de igualdad a las jerarquías domésticas y la ley cívica a la voluntad arbitraria de unos pocos.

Los sectores medios y bajos encontraron en estas nuevas leyes una fuente de legitimación para reemplazar a la aristocracia como fuente única y exclusiva de la ley, la justicia y el mantenimiento del orden social. Gradualmente devino la fuente de poder político y económico de estos nuevos grupos sociales.

En este caso “lo político” se presenta como una nueva forma de asociación. Las formas tradicionales, las relaciones políticas de parentesco, las relaciones entre amo y sirviente y la voluntad arbitraria del patriarca fueron reemplazadas por lazos cívicos, una organización territorial y el gobierno de la ley. Estos nuevos preceptos se estructuraron bajo el orden social de un cuerpo de ciudadanos, que utilizaron como medio la razón y persuasión en lugar de la violencia y la arbitrariedad.

Marx definía a las sociedades pre-capitalistas como aquellas en las que se aplicaba la coerción y la dependencia jurídica y política (trabajo forzoso por deudas, servidumbre, explotación, etc.). Sin embargo, la democracia Ateniense aplació una nueva forma de organización en la que los latifundistas y los campesinos formaban una comunidad cívica y militar. El productor comenzó a tener una pertenencia y una relación con su apropiador nunca antes vista. Por este motivo, lo político comenzó a construirse sobre una base democrática, en tanto se instituyó como fuerza que limitaba la explotación de una clase sobre la otra.


• Sócrates y Platón contra los Sofistas y los trabajadores ciudadanos

La teoría y la filosofía política han distorsionado la historia de la polis ateniense al asumir que la esencia de la misma hay que encontrarla en el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles. Dichos filósofos e ideólogos expresaron una reacción conservadora y elitista frente a la invasión del hombre común en los asuntos públicos. Condenaron el igualitarismo de las opiniones entre ricos y pobres como decadencia moral de la polis.

Las filosofías de Platón, por ejemplo, no contienen doctrinas puras ni una postura neutral, sino una clara ideología antidemocrática

Sócrates y Platón apoyaron la postura elitista, afirmando que en tanto la política se había convertido en el ámbito en donde residía la mediocridad y lo vulgar, era mejor alejarse de ella y buscar la forma de volver a politizar la aristocracia.

En un célebre debate entre Sócrates y los Sofistas (defensores de la democracia), el primero pone en duda la virtud de los hombres comunes para gobernar. Sostiene que solo un grupo de expertos (los políticos) pueden dedicarse al manejo del Estado. La cuestión central radica en la división entre los que gobiernan y los que trabajan (excluyendo a estos últimos de la política), ya que la justicia y el bienestar solo puede garantizarse si cada uno ocupa el lugar que “le corresponde”.

Protágoras (Sofista) responde haciendo referencia a un pasaje mitológico, mediante el cual expone el principio democrático por el cual todos los miembros de la polis tienen derecho a hacer las leyes. Si todos los ciudadanos no estuvieran calificados para opinar sobre los asuntos que le competen, no habría sociedad posible.

Sostiene la racionalidad política de los muchos contra los pocos y postula la condición de existencia del Estado: una igual participación en la justicia y en la toma de decisiones. La definición de lo político ya no es un tipo especial de conocimiento reservado a unos pocos, sino el arte universal de la vida en común.

Para el Sofismo, el conocimiento que permite opinar sobre los asuntos del Estado es concebido a través de la misma participación ciudadana, de aprender sus leyes y a partir de las prácticas diarias. Por lo tanto, las normas son convenciones generadas por el conocimiento colectivo, sin la intervención de un experto más que como guía. De ahí que para Protágoras la democracia es la forma de polis más viable y estable ya que sus normas representan la expresión más directa de la sabiduría colectiva.

Sócrates y Platón elevan el conocimiento político al plano filosófico, donde solo los filósofos-políticos son aptos para gobernar. Son solo ellos los capaces de acceder a las verdades absolutas de la naturaleza para encontrar las mejores leyes que requiere la ciudad. La subjetividad que se involucra en un modelo como el democrático, no es mas que un preludio hacia una sociedad anárquica. La naturaleza ha dispuesto una jerarquía entre los hombres, en la cual los que se dedican al arte de la mente (filósofos) son superiores a aquellos que se dedican a las artes del cuerpo (trabajadores).

Protágoras, en cambio, afirma que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Esto involucra premisas fundamentales para comprender qué es “lo político”. Mediante esta frase, debemos asumir que la naturaleza y sus verdades inamovibles deben desterrarse como principio de autoridad o fundamento del orden político y social, puesto que el hombre está por sobre ella. Y también que todas las opiniones tienen el mismo valor, y por lo tanto la única posibilidad de construir política es a partir del debate y el consenso.


Los orígenes del capitalismo

La tensión entre lo político y la política toma un nuevo rumbo a partir del surgimiento del capitalismo. Si bien Sócrates y Platón fueron los primeros en postular que la política solo les compete a los políticos-filósofos y no a todo el demos, recién en la sociedad capitalista se pudo aplicar. Paradójicamente en cuanto al término, la doctrina moderna antidemócrata se llama “democracia liberal”. El desplazamiento de “lo político” a “la política”, no fue un invento capitalista, pero solo en la modernidad se hizo del principio socrático una máxima de la democracia, algo que para el ciudadano común ateniense resultaba una contradicción.


• La separación entre lo “político” y lo “económico” en el capitalismo

El capitalismo es un sistema social a través del cual los bienes y servicios son producidos para el intercambio. Un sistema donde todos los factores económicos dependen de un mercado, y en el que la vida social se rige por la competencia y la maximización de ganancias. Su objetivo es desarrollar los medios de producción para mejorar la productividad a través de la tecnología, y el grueso del trabajo es realizado por quienes no son dueños de esos medios de producción. Esta clase obrera debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para subsistir.

Según doctrinas convencionales, las fuerzas del mercado obligan a los actores económicos a obrar racionalmente. Pero esta concepción oculta un rasgo fundamental del capitalismo, que es la libertad.

Aunque en las sociedades pre-capitalistas existían los mercados, las relaciones y las prácticas económicas estaban inmersas en relaciones no económicas (de parentesco, religiosas, políticas, etc.). Las motivaciones que estructuraban la actividad económica eran otras muy distintas a los motivos económicos del beneficio y las ganancias materiales, como por ejemplo, el status y el prestigio. Sólo en la sociedad de mercado (distinta a las antiguas sociedades “con” mercado) hay un motivo específicamente económico, instituciones estrictamente económicas y relaciones distintas o separadas de las no económicas.

El capitalismo surge a través de una radical transformación de las relaciones y prácticas sociales.

Lo característico de las sociedades pre-capitalistas es que los campesinos productores siempre se habían mantenido en posesión de los medios de producción, por lo tanto, tenían un acceso directo a los medios necesarios para sobrevivir. El excedente de producción era apropiado a través de la coerción directa ejercida por los terratenientes o los Estados (dada su superioridad política, militar y jurídica). En cambio, en la actualidad, gracias a que los productores directos han sido desposeídos de los medios de subsistencia y dado que el acceso a los mismos es a través de la venta de su fuerza a cambio de un salario, el capitalismo puede apropiar excedente sin recurrir a la coerción directa (según Marx, esta es una diferencia fundamental entre las sociedades pre-capitalistas y las modernas).

Actualmente, la asignación social de recursos y fuerza de trabajo ya no tiene lugar por medio de la política, la deliberación comunal, el deber hereditario o las obligaciones religiosas, sino más bien a través de los mecanismos de intercambio de mercancías. Las relaciones económicas se basan en un contrato entre productores “libres” y un apropiador que tenga propiedad absoluta sobre los medios de producción.

Los poderes políticos directos que los propietarios capitalistas han perdido a favor del Estado, lo han ganado en el control directo de la producción y la explotación. Los poderes del apropiador ya no implican la obligación de llevar a cabo funciones sociales y públicas, de ahí que el capitalismo postula una total separación entre la apropiación privada y las obligaciones públicas. El capitalismo, por lo tanto, separó la esfera política de la económica.


La separación de lo político y lo económico redefinió la noción de ciudadanía en el capitalismo. La mayoría de los individuos que fueron desarraigados de sus comunidades y medios de producción, necesitaron acceder a la ciudadanía como condición de legalidad para vender su fuerza de trabajo en calidad de hombres “libres” e “iguales”. La adquisición de la ciudadanía les confirió nuevos poderes, derechos y facultades. Pero por otro lado, los alejó paulatinamente de la esfera política.

El concepto moderno de ciudadanía puede ser mas inclusivo y universalista que el ateniense, más indiferente a las particularidades de parentesco o etnia, pero al mismo tiempo implica una mayor distancia entre el “pueblo” y la acción política.


• El desplazamiento de “lo político” por “la política”


A partir de la modernidad, el poder del pueblo es reemplazado por el poder de los elegidos (“los que saben”) como mecanismo que suprime y expulsa a la voluntad popular de las decisiones.

En tanto se universaliza la ciudadanía, todos los hombres son libres e iguales, pero esta igualdad y libertad sólo existen en la teoría ya que esta libertad jurídica sirve para disimular una desigualdad real y efectiva de la explotación económica (Marx). Y en definitiva este mecanismo demanda un desplazamiento de “lo político” por “la política”.

Estudiando las 3 revoluciones modernas (Inglesa, Francesa y Americana) lograremos descubrir el proceso por el cual se diferenció la democracia en la que los mismos ciudadanos hacen la ley, y el actual régimen representativo en el cual se confía el ejercicio de poder a los representantes.

La Rev. Inglesa puso en manifiesto que la democracia moderna no se originó con el acceso de las clases subordinadas al poder, sino en el ascenso de la clase elitista en la transición del feudalismo al capitalismo. Este es el origen de los principios constitucionales modernos, las ideas de gobierno limitado, la separación de poderes, etc.

En la Rev. Francesa, la política de los representantes se había vuelto una forma deseable en contraposición a la política popular, y la superioridad de los primeros se debía a que se trataba de la mejor práctica para una sociedad de mercado, en la que los individuos están demasiado ocupados produciendo riqueza.

La Rev. Americana dio un paso decisivo en el desplazamiento del demos del poder efectivo. En un contexto donde el impulso hacia la democracia masiva era ya muy fuerte, los federalistas preservaron lo máximo que pudieron de la división entre la masa y la élite en el marco de un derecho político más democrático y una ciudadanía más activa. Diseñaron un conjunto de instituciones que abarcarían y al mismo tiempo reducirían el poder popular, ya que teniendo un cuerpo de ciudadanos inclusivo pero pasivo, podían aplacar sus ansias de participación.

La función principal de la democracia liberal capitalista es la de dejar intacta la explotación de una clase sobre la otra. Su tarea no es la de igualar a las clases sociales, sino asegurar que la facción mayoritaria (la clase trabajadora) no sean más numerosos que los propietarios. De ahí que se debe evitar la “tiranía de la mayoría”, que es en pocas palabras, el gobierno del pueblo.


Texto 4 (“Ciudadanía y política en el orden global emergente” – Ana García Raggio)


Introducción


En tanto comenzaron a erigirse los Estados Nación, devino conjuntamente el concepto de Ciudadanía, ligando a ambos términos de manera inseparable.

Pero en la actualidad, el Estado sufre cambios tan repentinos y abruptos, que es necesario reconceptualizar esta idea.

El avance de la globalización es un proceso complejo e incontrolable, ya que pareciera no estar en manos de nadie (descentrado), o bien, en manos de muchos centros diferentes alrededor del mundo. Los Estados pierden el control sobre sus ciudadanos debido a que los diferentes organismos internacionales (empresas privadas, organizaciones mundiales, etc.) deciden e inciden sobre las decisiones estatales. La pérdida de control del flujo migratorio, es otro ejemplo de este Estado fuera de control.
Por otro lado, es un sistema contradictorio, ya que al mismo tiempo genera oportunidades de integración y acceso a la información que no tiene precedentes.

Sin embargo, los organismos internacionales dictan pautas y los Estados deben acatarse a ellas, inclusive cuando se trate de un asunto dentro de su propio territorio. Inclusive ciertas empresas privadas (nacionales o internacionales) tienen un poder económico tan grande que son capaces de incidir directamente en las decisiones que toma un Estado respecto a sus ciudadanos.

Por lo tanto, la posibilidad de construir una ciudadanía en estas condiciones adquiere una nueva resonancia, ya que se produce en un contexto de debilitamiento de las soberanías nacionales.

En este escenario, la autora propone que debemos convivir con dos fuerzas irrefrenables. Por un lado, una fuerza que tiene que ver con este avance tecnológico y globalizatorio, que aclama la integración de las personas y en la que cada individuo simplemente pertenece como consumidor. Una mirada global, donde las corporaciones y los capitales transforman el planeta en un único mercado internacional. Esta fuerza, sin embargo, nos hace sentir que perdemos nuestra propia identidad, que somos parte del montón y que esta integración tan fuerte nos hace olvidarnos de quienes somos porque no logramos diferenciarnos del resto. Autores como Senett, postulan que el carácter de las personas se ve corrompido ya que las identidades se transfiguran debido a las ansiedades e incertidumbres y que deben negociar la estabilidad de esa identidad con un alto costo para la subjetividad. Además, defiende que el avance globalizatorio amplía el concepto de exclusión. Ya no son solo los pobres quienes por su condición se ven obligados a excluirse de lo público para buscar la supervivencia; hay también un abandono voluntario y una desafección de la esfera pública por parte de los sectores más beneficiados por la economía.

Por otro lado, una fuerza opuesta también nos choca, que está ligada a preceptos milenarios en la que la división por etnias o por naciones es la ley primera. En ella, uno se reconoce como miembro de esa tribu porque comparte una historia y un legado cultural, que lo diferencian del extranjero, “del otro”, que es una potencial amenaza a la supervivencia de mi identidad y un enemigo.

Estas dos fuerzas, opuestas y contradictorias, conviven en nosotros mismos constantemente. Y, aunque pueda sonar imposible, tienen algo demás importante en común: ambas lógicas no permiten una concepción ciudadana, ya que no permiten que las personas logren afianzar un lazo con el resto de la sociedad. En este contexto, hay un fuerte deterioro del espacio público, y por ende, de la inclusión de los individuos en los asuntos políticos, conferidos a sus representantes.


Ante esta situación planteada, surgen dos corrientes de pensamiento.

• Escépticos: Este grupo es por demás pesimista, y plantea que nos encontramos ante el fin de la política. Creen que los Estados están tan deteriorados que no es posible trazar una concepción ciudadana, y que los individuos están por demás ocupados averiguando quienes son, que hacen allí, de donde vienen y hacia donde ir. Por lo tanto, se recluyen en la esfera privada sin intentar incidir en las cuestiones políticas debido a la desafección que sienten por el sistema democrático.

• Optimistas o republicanos: Esta corriente de pensamiento propone una mirada distinta acerca del escenario actual. Señalan que asistimos a una reconfiguración de la política e incluso a una ampliación de sus márgenes.

Beck (defensor de esta teoría) postula que es posible que si los gobiernos buscan estrategias y proyectos, es posible aminorar y revertir los efectos del avance globalizatorio. Mediante acuerdos entre naciones, se lograría hacer frente a las invasiones de las economías multinacionales y fortalecerse imponiendo una ley en común.

Giddens (defensor de esta teoría) demuestra que la desafección por el sistema actual está mal considerada. Esto sería posible si solamente vemos el poder “de arriba hacia abajo”, es decir, que solo aceptamos que el ejercicio de lo político es realizado por políticos, y que los individuos no incidimos sobre estas decisiones. Sin embargo, nos encontramos ante un ejercicio de la política nunca antes visto “de abajo hacia arriba”. Son muchos los ejemplos que demuestran que hoy en día, los individuos tenemos mas inclusión política que nunca, y que nos inmiscuimos en asuntos que nos competen como civiles.

De esta manera, hay cada vez mas ámbitos en los que existe un accionar político. Lo que hasta ayer era natural (la heterosexualidad de las parejas por ejemplo) son actualmente decisiones puramente personales, que al impactar en la esfera pública y ser analizadas y discutidas, politizan decisiones que hasta ayer eran consideradas apolíticas.

Estos últimos autores apuestan a que en las actuales condiciones es posible generar nuevas constelaciones políticas que abarquen los problemas locales, nacionales y globales al mismo tiempo. Asuntos como el medio ambiente, el peligro nuclear y los riesgos de manipulación genética pasan a ser problemas mundiales, por lo que es necesario apostar a la participación y creación de nuevas instituciones a las que podamos acceder por el mero hecho de ser humanos.
Se delinea, por lo tanto, una nueva concepción ciudadana y una nueva forma de rescatar los valores cívicos aunque nos encontremos ante Estados debilitados y aparentemente indefensos.


¿Ciudadanía sin Estados?


En esta parte del texto, la autora intenta demostrar que la construcción ciudadana estuvo históricamente ligada a la pertenencia de un Estado Nacional. De esta forma, se excluye completamente a los extranjeros llegando a transformarse en un nacionalismo xenófobo y agresivo. Si el “nosotros” se construía por oposición a “los otros”, en los nacionalismos de los siglos XIX y XX la búsqueda de una identidad propia se basa en la diferenciación étnica, lingüística, o por una ascendencia en común: pero siempre apelando a homogenizar y acatar mi identidad para diferenciarme del que es diferente.

Sin embargo, existe otra acepción de la construcción ciudadana, ligada al componente republicano. Este nuevo concepto que se instauró con las revoluciones modernas, tiene un carácter universalista que trasciende los límites de cualquier Estado o Nación. Ocurre entonces que la noción de ciudadanía republicana expresa una capacidad política colectiva de construir un espacio público que evade los estrechos nacionales, tornándose constituyente y adquiriendo una connotación cosmopolita. Se funda en términos de iguales derechos y de respeto por la dignidad humana con proyección a futuro. Esta línea argumentativa insiste que una cultura política común se puede construir, y que la solidaridad y los vínculos pueden generarse en ámbitos locales y globales. Generar una cultura cosmopolita es rechazar cualquier fundamentalismo y a todo intento de que exista una cultura única y aglutinadora para encontrar sentido a la propia vida.
La globalización posibilita un descentramiento de la propia perspectiva, un impulso para la reflexión, para aprender formas tolerantes de vida y aceptar las diferencias culturales.


La “política de la política” en tiempos de riesgo


Como ya hemos visto, la ciudadanía se encuentra en una constante tensión: el particularismo de ser ciudadano de un Estado-Nación y la universalidad de ser un ciudadano del mundo entero por el mero hecho de ser humanos.

La autora se vuelca por la segunda concepción, y exalta la visión positivista de los hechos.

Apoya al cosmopolitismo republicano, en tanto proyecta a la política como una constelación global e integradora y propone que tomemos partido y responsabilidad por cuestiones que nos involucran a todos (ecología, contaminación nuclear, etc.). De esta forma, se crearía una sensibilidad y capacidad de ampliar nuestro diálogo y nos haría responsables de lo que sucede en el mundo entero. Aspira a que la vocación cosmopolita considere arbitrario cualquier límite sugerido por los bordes nacionales de los Estados y busca que los derechos humanos tengan validez global.

De esta manera, sería posible exaltar una conciencia ciudadana fuera del marco estatal, y pertenecer a una “cive” global en donde mis peticiones pudieran ser escuchadas mas allá de los límites de mi nación.

UNIDAD 2 - ¿Qué es el Estado?


Introducción

La revolución política moderna y la emergencia de los derechos individuales naturales, fue el resultado del desmoronamiento de lo medieval.

Dicho proceso está dotado de una serie de transformaciones ocurridas en los siglos XVI y XVII en que convergen el nacimiento y expansión de la burguesía, la consolidación de los estados nacionales, la disputa en torno a la soberanía y desde el punto de vista del saber: la matematización de las ciencias, la idea del progreso indefinido del conocimiento y de que sólo es válido aquello que puede ser justificado por la razón.

Al mismo tiempo se produce una mutación en la representación del hombre y la sociedad, y a la vez, un extrañamiento de la idea de la política entendida desde los griegos como parte de la filosofía práctica.

El hombre es esencialmente un ser político en el sentido de que para la realización de su naturaleza depende de la ciudad. La vida política es en el pensamiento griego el ámbito de la libertad y aquella a partir de la cual el hombre recibe su humanidad.

Durante la Edad Media, el rey cumple una doble función representativa: posee autoridad secular absoluta sobre sus súbditos, pero también tiene la posibilidad de velar por su bienestar; y a la vez, como gobernante consagrado ante Di’s, de quien deriva su legitimidad, está ligado a la ley divina.

Con el advenimiento de la modernidad se instituye la sociedad y a la vez los individuos dotados por su condición de hombres de un conjunto de derechos innatos. El derecho natural se emancipa de la teología con lo cual surge el problema de su validación.

La aparición de una esfera social, constituida por individuos autónomos, libres e iguales y portadores de derechos, constituye una nueva significación imaginaria que se desarrolla durante la modernidad.

Nace la tesis del contrato político que encuentra legitimidad en el consenso entre los contratantes. Los derechos individuales y las libertades que garantiza son un límite a la arbitrariedad del poder político.

Surge la doctrina iusnaturalista (acoge a Hobbes, Locke y Rousseau) que intentará descubrir las reglas que rigen la igualdad absoluta y eterna de la naturaleza humana, y de desentrañar el problema de la naturaleza del Estado, utilizando como método la razón.


Contexto filosófico


Derecho Natural

Se denomina Derecho Natural a ciertos principios que, basados en Di’s, la razón o la naturaleza, son comunes a todos los hombres y constituyen una norma suprema de justicia. Tiene su origen en la antigüedad.

Como ciudadanos de un estado universal todos están sujetos a la misma ley: la de la naturaleza o la razón. Constituye una ley moral perpetua e invariable que establece que todos los hombres son iguales y todos tienen los mismos derechos naturales.

Esta tradición es retomada en el pensamiento medieval en un Derecho Natural cristianizado, que no está a disposición de los mandatarios, sino que representa el marco dentro del cual gobierna y administra la justicia. Se está sujeto a la ley divina.

En la conciencia medieval estaba enraizada la idea de que la tierra no establece diferencias cuando reparte sus dones y que la igualdad natural de los hombres es lo primario. Por ello, los movimientos revolucionarios apelarán al Derecho Natural como crítica social ante las injusticias económicas.

Siglos más tarde, Hobbes sostiene el mismo pensamiento, pero en vez de postular que el hombre debe ser sagrado para el hombre, coloca al hombre enemigo del hombre. Demuestra precisamente que la aceptación de este derecho debe tener como consecuencia una sangrienta guerra de todos contra todos. El viejo derecho pierde así todas sus connotaciones morales.


La revolución científica moderna

La Rev. Científica indicó la terminación de un mundo y el inicio de una nueva cosmovisión. Hundimiento de un mundo al que ciencia, filosofía, teología y el sentido común, representaba como centrado en torno del hombre.

A partir de la teoría heliocéntrica el hombre ya no se halla en el centro del mundo; por el contrario, los descubrimientos astronómicos permiten afirmar que se encuentra colocado en un espacio infinito en el cual no es más que un punto fugaz y que el universo se rige por sus propias leyes. La naturaleza pasa a ser existente y operante en su propia y autónoma independencia por lo que ninguna acción puede derivarla o modificarla.

En los albores de la modernidad las nuevas exigencias de la vida civil llevan a una revalorización del trabajo manual imprescindible en la sociedad de mercado que se estaba gestando. Esto justifica, desde un contexto socioeconómico, la aceptación del experimento como momento imprescindible de la investigación científica.

El tema de lograr un método seguro para alcanzar el conocimiento progresivo de la naturaleza, será la problemática científica y filosófica del siglo XVII. En esta etapa se esboza el método científico tal como ha sido elaborado en las ciencias físico-matemáticas.

La función de las ciencias humanas y sociales consistirá en descubrir las leyes que rigen los fenómenos sociales, políticos, económicos y morales; leyes inmutables y universales como las del mundo físico. Para la nueva ciencia, el hombre es un ser físico inserto en el orden de la naturaleza. Su función y destino están establecidos: lograr la autoconservación a través de la satisfacción de necesidades y alcanzar la felicidad por medio de la realización de sus propios intereses.

El hombre solo y aislado no puede asegurar su propia supervivencia: la sociedad aparece como el medio necesario para la consecución del bienestar económico.

Se reemplaza la visión de que la política habilita al ciudadano para una vida justa por la posibilidad de una vida holgada. La política se convierte en una ciencia experimental manipulada por especialistas.

La razón es el instrumento adecuado para la aprehensión y manipulación del orden social. En este marco comenzará a perfilarse la doctrina del progreso y de la perfectibilidad creciente, cuyo signo es el incremento de la racionalidad en el mundo como norma de las acciones.


Contexto histórico

El proceso del desarrollo del capitalismo inglés y de los sectores sociales ligados al nuevo orden económico generó ásperas luchas. Sin embargo es necesario comprender sus antecedentes.

Durante el siglo XVI (como consecuencia del estancamiento alemán e italiano debido al desplazamiento de las rutas comerciales), el comercio inglés recibe un fuerte impulso, que generó las condiciones para un desarrollo fabril más rápido. Se produce bajo la monarquía de Isabel Tudor y gracias a su política proteccionista asciende la manufactura inglesa. Bajo su reinado se consolida en anglicanismo como religión estatal que posibilitó la expropiación de las riquezas eclesiásticas a favor de la corona.

El anglicanismo fue enemigo de muchas sectas protestantes y católicas que no adherían a la nueva religión oficial. Pero con el advenimiento al trono de Jacobo I Estuardo, se convirtió en el punto de reagrupamiento de la nobleza y los sectores terratenientes.

Los calvinistas constituyeron la oposición burguesa apoyados por las clases bajas. Iniciaron una lucha religiosa pero que ocultaba otro tipo de antagonismos, por lo que ciertos sectores de los amotinados transgreden los límites del calvinismo y exigen igualdad de derechos sociales, políticos y civiles.

Se produce pues una guerra civil entre la Corona y el Parlamento apoyado por las masas. El rey es derrotado, pero cuando cae la República se restauran los Estuardos. Hasta que una nueva revolución, la “Gloriosa” establece la monarquía parlamentaria: Declaración de Derechos, aprobación de impuestos por el parlamento libertad de imprenta, superioridad de la ley por sobre el Rey.

Esta sucesión de guerras genera un desorden permanente en la sociedad inglesa, además de una constante inseguridad económica.

Hobbes y Locke fueron pensadores ingleses que vivieron y escribieron durante el siglo XVII y cuyas obras expresan los cambios sociales ocurridos en Inglaterra en ese período.


Hobbes


Conceptos fundamentales de su teoría política

La moderna ciencia política reconoce en Hobbes a su fundador.

Admirador de la física galileana, pretende reducir la vida psíquica y política a cuerpo y movimiento.

Los cuerpos animados se mueven hacia aquellos que desean y les causa placer y se alejan de lo que les provoca aversión. De ahí que puede afirmar que la ciencia política nace como una física de la socialización.

Un hipotético estado de naturaleza actúa como ficción fundadora que permite a Hobbes establecer a modo de paradigma de comprensión, el pasaje del estado natural al vivir con arreglo a normas de un orden convencional.

El hombre para Hobbes se define por el deseo. En el estado de naturaleza rige el derecho natural, que es la libertad que cada uno tiene de conservar su vida y gozarla acrecentando sus bienes y aumentado su poder. Pero puesto que este derecho lo poseen todos por igual, la única meta del hombre es sobrevivir. La incertidumbre respecto de la propia seguridad y la desconfianza mutua, hace que el estado natural de los hombres sea el de guerra de todos contra todos (“el hombre es un lobo para el hombre”). Por consiguiente, mientras siga rigiendo ese derecho natural de cada uno con respecto a todas las cosas, no puede haber seguridad para nadie por fuerte o sabio que sea.

Aparece en esta concepción una categoría que estará presente en todo el pensamiento político inglés posterior. Es el concepto de seguridad referido especialmente a los bienes o propiedades.

Salir de ese estado de naturaleza y superar el derecho natural, puede ser logrado mediante lo que Hobbes llama “ley natural” que es un precepto establecido por los hombres en posesión de la razón en su doble uso: de facultad prudencial (para conservar la propia vida) y de razón calculadora (destinada a preservar los bienes). Esa ley natural consiste en renunciar al derecho natural, y se crea un pacto o contrato en la que todos consienten en hacerlo. Requiere de un poder para hacerlo cumplir que debe ser coercitivo: el Estado (o Leviatán). Pero, por el terror hacia los otros, el hombre hobbesiano es un individuo privado y solitario y el Estado que crea está basado en la delegación de todos sus derechos individuales. El único derecho al que el hombre no renuncia es el derecho a la vida.

Privado de todos los derechos políticos delegados en el Estado, la ley representa una necesidad absoluta para el individuo y siendo los hombres lo que son, el poder del Leviatán descansa sobre la coerción. Las esferas del poder, de la ley y del saber se unifican en el Estado absoluto. La fuerza será su última razón y está por encima de la ley.

Los fines del Estado son los de garantizar la seguridad de la vida y de la propiedad. La razón del Leviatán construido por Hobbes es liberal, en tanto el poder del Estado está obligado a conducir las intenciones liberales del derecho natural.

El hombre hobessiano es un hombre privado en quien la pulsión de sus deseos y las ansias de poder se vehiculizan en el mercado; en esta competencia son todos iguales.

Como confirma Arendt: “Este nuevo cuerpo político fue concebido en beneficio de la nueva sociedad burguesa (…) y esta descripción del hombre es un esbozo del tipo de hombre que encajaría en dicha sociedad. (…) Una inacabable acumulación de propiedad debe estar basada en una inacabable acumulación de poder”.


El Leviatán del Hombre: Capítulo 13


• La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y del espíritu que, si bien un hombre es más fuerte de cuerpo o más sagaz de entendimiento que otro, cuando se los considera en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es tan importante. En cuanto a la fuerza corporal, el más débil puede derrotar al mas fuerte, ya sea mediante secretas maquinaciones o confederándose con otro en su misma situación. En cuanto a las facultades mentales hay una igualdad más grande aún, ya que todos creen poseer una sabiduría mayor al común de la gente. Si bien reconocen que otros son más sagaces, más elocuentes o más cultos, difícilmente llegan a creer que haya muchos tan sabios como ellos mismos, ya que cada uno ve su propio talento cerca, y el de los demás hombres a distancia.

• De esta igualdad en cuanto a la capacidad, se deriva la igualdad de esperanza respecto a obtener nuestros fines. Esta es la causa de que si dos hombres desean la misma cosa, se vuelven enemigos, y en el camino que conduce al fin tratan de aniquilarse o sojuzgarse uno con el otro.

• De la desconfianza, la guerra. El hombre intenta anticiparse y protegerse a si mismo mediante el intento de dominar por medio de la fuerza o la astucia a todos los hombres que pueda, hasta que ningún otro poder sea capaz de amenazarle. Si no se aumenta la fuerza de invasión, y sólo se conformara con límites modestos y simplemente defensivos, no podrán subsistir por mucho tiempo; es necesario para la conservación del hombre aumentar el dominio sobre sus semejantes.

Además los hombres no experimentan placer alguno reuniéndose cuando no existe un poder capaz de imponerse a todos ellos. Cada hombre considera que su compañero debe valorarlo del mismo modo que él se valora a sí mismo, y en presencia de todos los signos de desprecio o subestimación procura inflingirle algún daño.

Así hallamos en la naturaleza del hombre 3 causas principales de discordia: la competencia, la desconfianza y la gloria. La primera causa impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio, y se hace uso de la violencia para convertirse en dueño de todas las personas y sus posesiones. La segunda, para lograr seguridad, utiliza a la fuerza para defenderse de los demás. La tercera impulsa a ganar una reputación, utilizando la fuerza por motivos insignificantes (una palabra, un gesto, una opinión distinta, etc.).

• Fuera del Estado, del Leviatán, hay siempre guerra de cada uno contra todos. Es manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado de guerra, una guerra tal que es la de todos contra todos. La naturaleza de la guerra consiste no ya en la lucha actual, sino en la disposición manifiesta a ella durante todo el tiempo en que no hay seguridad de lo contrario. Todo el tiempo restante es de paz.

• Es natural que en un tiempo de guerra los hombres vivan sin otra seguridad que lo que su propia fuerza o invención puede proporcionarle. En ese marco, no existe industria (ya que su fruto es incierto), ni cultivo de la tierra, ni navegación, ni construcciones confortables, ni cómputo del tiempo, artes, letras ni sociedad; y lo que es peor, existe continuo temor y peligro de muerte.

• En esta guerra de todos contra todos, nada puede ser injusto. Las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe: donde no hay ley, no hay justicia. En dicha condición no existen propiedad ni dominio, ni distinción entre “tuyo” y “mío”; sólo pertenece a cada uno lo que puede tomar, y sólo en tanto que puede conservarlo.

• Sin embargo, las pasiones que inclinan a los hombres a la paz son el temor a la muerte, el deseo de las cosas que son necesarias para una vida confortable, y la esperanza de obtenerlas por medio del trabajo. La razón sugiere adecuadas normas de paz, a las cuales pueden llegar los hombres por mutuo consenso.


El Leviatán del Hombre: Capítulo 14


• El derecho de naturaleza es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder como quiera, para la conservación de su propia vida; y por consiguiente, para hacer todo aquello que su juicio o razón considere como los medios más aptos para lograr ese fin.

• La libertad es la ausencia de impedimentos externos; impedimentos que con frecuencia reducen parte del poder que un hombre tiene de hacer lo que quiere, pero no pueden impedirle que use el poder que le resta de acuerdo con lo que su juicio le dicte.
Si retomamos la idea de que la condición del hombre es una condición de guerra de todos contra todos, cada uno tiene derecho (libertad) de hacer cualquier cosa, incluso en el cuerpo de los demás. Y mientras persista ese derecho natural de cada uno con respecto a todas las cosas, no puede haber seguridad para nadie.

• Surge así una ley fundamental de naturaleza, en virtud de la cual “cada hombre debe esforzarse por la paz, mientras tiene la esperanza de lograrla; y cuando no puede obtenerla, debe buscar y utilizar todas las ayudas y ventajas de la guerra”.

• Mientras uno mantenga su derecho de hacer cuanto le agrade, los hombres se encontrarán en situación de guerra. Pero si los demás no quieren renunciar a ese derecho como él, no existe razón para despojarse de dicha atribución, porque significaría ofrecerse a sí mismo como presa.

• Renunciar a un derecho a cierta cosa es despojarse a sí mismo de la libertad de impedir a otro el beneficio del propio derecho a la cosa en cuestión. Se aparta del camino de otro para que éste pueda gozar de su propio derecho original sin obstáculo suyo.
Se abandona a un derecho por renunciación (cuando el cedente no se preocupa de la persona beneficiada por su renuncia) o por transferencia (cuando desea que el beneficio recaiga en una o varias personas determinadas. Cuando una persona ha transferido o abandonado su derecho está obligado a no impedir el beneficio resultante a aquel a quien se concede o abandona el derecho. Si lo hace, se produce una injusticia o injuria, ya que se ha contradicho lo que uno mantenía inicialmente.

• Cuando alguien transfiere su derecho o renuncia a él, lo hace en consideración a cierto derecho que recíprocamente le ha sido transferido, o por algún otro bien que de ello espera. Se entiende que existe un beneficio implícito para ambas partes. La mutua transferencia de derechos se llama “contrato”.

• Cuando se hace un pacto en que las partes no llegan a su cumplimiento en el momento presente, sino que confían una en otra, en la condición de mera naturaleza cualquier sospecha razonable es motivo de nulidad. Pero cuando existe un poder común sobre ambos contratantes (Leviatán), con derecho y fuerza suficiente para obligar al cumplimiento, el pacto no es nulo.


El Leviatán del Estado: Capítulo 17

• La causa final de los hombres es el cuidado de su propia conservación y el logro de una vida más armónica. Para ello, debe abandonar esa condición de guerra y renunciar a su derecho natural y establecer la existencia de un poder visible que sujete las pasiones de los hombres.

• Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras sin fuerza. A pesar de las leyes de naturaleza (la paz, la renuncia al derecho natural), es necesario instituir un poder para protegerse contra los demás hombres (el Estado o Leviatán).

• El único camino para erigir semejante poder común, capaz de defender a los hombres contra la invasión de los extranjeros y las injurias ajenas, es conferir su poder a un hombre o una asamblea de hombres, todos los cuales, por pluralidad de votos, puedan reducir sus voluntades a una voluntad. Esto equivale a decir: elegir un hombre que represente su personalidad; y que cada uno considere como propio y se reconozca como autor de cualquier cosa que haga o promueva quien representa su persona, en aquellas cosas que conciernen a la paz y a la seguridad comunes. Es una unidad real de todo ello en una y la misma persona.

• Hecho esto, la multitud así unida en una persona se denomina Estado. En virtud de esa autoridad que se le confiere por cada hombre particular en el Estado, posee y utiliza tanto poder y fortaleza que por el terror que inspira es capaz de confrontar las voluntades de todos ellos para la paz, en su propio país y en el extranjero. El titular de esta persona se denomina “soberano”, y se dice que tiene “poder soberano”; cada uno de los que lo rodean es súbdito suyo.


El Leviatán del Estado: Capítulo 19

• La diferencia de gobiernos consiste en la diferencia del soberano o persona representativa. Cuando el representante es un hombre, entonces el gobierno es una monarquía; cuando lo es una asamblea de todos cuantos quieren concurrir a ella, tenemos una democracia; cuando la asamblea es de una parte solamente, entonces se denomina aristocracia.

• Existen otras denominaciones de gobierno, tales son (por ejemplo), la tiranía y la oligarquía. Pero estos no son nombres de otras formas de gobierno, sino de las mismas formas mal interpretadas. Quienes están descontentos bajo la monarquía la denominan tiranía; a quienes les desagrada la aristocracia la llaman oligarquía; igualmente, quienes se encuentran agraviados bajo una democracia la llaman anarquía.


Locke


Conceptos fundamentales de su teoría política

Locke escribe sus obras luego de la Rev. Gloriosa inglesa, por lo que sus textos se desarrollan en un período estable y pacífico. Su ideología constituye la base del pensamiento liberal.
La línea de este autor se basa en cómo el Estado impone su poder, y de qué manera se lo limita. Tiene como objetivo principal estas 3 cuestiones:
1) Limitar a “los inspirados” (líderes surgidos a raíz de las revoluciones). Locke lucha contra el pensamiento de Descartes (“Pienso, luego existo”) ya que cree lo contrario: primero debo vivir, para después pensar en base a la experiencia. Por este motivo, Locke es un empirista.

2) Limitar a la Iglesia. Locke defiende la división entre el Estado y lo eclesiástico. El Estado no puede inmiscuir en las elecciones religiosas de los individuos.

3) Limitar el poder político.


Locke retoma algunos temas de Hobbes, pero les da un tratamiento diferente. También parte de un hipotético estado de naturaleza en el que los hombres viven, anterior al orden jurídico, civil y estatal.

Funda el estado de naturaleza a partir de individuos iguales y libres, portadores de derechos. Concuerda con Hobbes, en que hay en el hombre una tendencia a obtener el bienestar propio y la conservación de la vida. El principio vital que los hombres persiguen es el placer.

Pero según Locke, esta libertad no es de licencia, ya que aún dentro de ese estado natural existe una limitación: la razón (ley de naturaleza). Según Locke, ninguno puede dañarse a uno mismo y mucho menos la vida, la salud, la libertad y las posesiones del prójimo. Somos todos iguales, y por eso mismo debemos respetar al otro al igual que a uno mismo. Esta diferencia con Hobbes es fundamental.

Existe así una armonía natural entre los hombres, por la cual cada uno, impulsado por su interés particular, colabora con el bien de todos.


Puesto que la razón coincide con la ley natural, las promesas (pactos) entre los hombres en estado de naturaleza tienen fuerza de obligación. Por esta ley natural, el interés en la propia conservación y bienestar se focaliza en el trabajo y no en la agresión.

Surge así el problema de la propiedad. ¿Cómo me apropio de las tierras y de los bienes?

Para Locke, la coerción y la fuerza no es la solución (como lo era para Hobbes). Sino que la única manera de apropiación, es mediante el TRABAJO. La labor del cuerpo y el esfuerzo es lo único que me permite tener acceso a un patrimonio. De esta manera, condena la holgazanería y postula que no solo llevará a una situación de extrema carencia, sino que es pecaminoso.

Sin embargo, existen limitaciones:
1) En tanto yo no pueda trabajar la tierra, no puedo apropiármela. No puedo desear ni obtener más de lo que pueda trabajar y atender.

2) No puedo desperdiciar lo que produzco. Debo producir sólo lo que puedo consumir, está prohibido el derroche.

3) Debo dejar disponible para los demás en igual cantidad y calidad. Es por tanto, según Locke, imposible que ningún hombre se entrometiera en los derechos de otro, o adquiriese propiedad para sí mismo con perjuicio para su vecino, ya que éste siempre tendría sitio suficiente para adquirir posesiones buenas y extensas.


La introducción del dinero, logró ponerle trampas a este sistema. Como no es un producto perecedero, se puede conservar a lo largo del tiempo. De esta manera, aquellas limitaciones propuestas por Locke se pusieron en práctica de otra manera:
1) En tanto yo pueda pagarle a alguien para que trabaje mi tierra, estoy cumpliendo con el primer precepto de la ley de propiedad, y también logro aumentar mi patrimonio.
2) Puedo producir mucho más y no desperdiciarlo ni derrocharlo, en tanto yo puedo comerciar con el otro mediante el dinero.

3) Si en el Estado de Naturaleza yo busco mi propio beneficio, también contribuyo al bienestar general. Si yo produzco más que el otro, o tengo más tierras cultivables que mi vecino, es porque la finalidad es aumentar la calidad de mis productos en beneficio del prójimo.


Existe así, para Locke, un Estado de Naturaleza armónico y pacífico, en el que los hombres no buscan perjudicar al prójimo, sino todo lo contrario. Entonces, ¿Cómo surge la necesidad de crear un poder civil?

El fundamento de la necesidad de crear un Estado, surge de la inseguridad respecto de que todos escuchen solamente a su propia razón (a la ley natural). Locke es conciente, que si bien todos somos iguales, hay personas más racionales y menos racionales que otras. De esta manera, las pasiones y los deseos de algunos no logran aplacarse en beneficio del otro.
Y para impedir que todos los hombres atropellen los derechos de los demás, ha sido puesta en sus manos la ejecución de la ley natural; por eso cualquiera tiene el derecho de castigar a los transgresores de esa ley con un castigo que impida que vuelva a cometer dicha injuria, y que sirva de ejemplo para el resto de los individuos. En otras palabras, todos los hombres tenemos derecho a vengar a otro porque debemos defender los tres pilares de la ley de naturaleza que derivan de la razón: ninguno puede dañarse a si mismo y mucho menos la vida, la salud, la libertad y las posesiones del prójimo.


El problema radica en que esa justicia por mano propia no tiene por qué estar regulada desde la razón. Locke no explicita cuál es el castigo para cada delito, y por ende este poder conferido en el Estado de Naturaleza llevará a los individuos a un estado de guerra. Faltaba una ley aceptada y consensuada por todos que decidiese en la controversias, y era necesario un juez imparcial con autoridad para resolver los conflictos.


De esta forma, nace el Estado. Locke señala que esto se dio en el momento en que cada uno de los miembros del estado de naturaleza deciden renunciar a su poder natural para entregarlo a las manos de la comunidad. Desde esos momentos, la comunidad viene a ser un árbitro que decide, según las normas y las leyes establecidas y aceptadas por todos, impartir su autoridad a todos por igual.
Aquellos que están unidos y tienen establecida una ley común para decidir sus controversias y castigar a los infractores de la ley, formarían una sociedad civil. Por su parte, aquellos que carecen de una autoridad común y mundana a la que apelar, continuarían en estado de naturaleza.
Un ESTADO, según Locke, se origina desde el momento en que una comunidad tiene el poder de dictar leyes y de hacer que éstas se cumplan. Por lo tanto, desde el momento en que los hombres del estado de naturaleza renuncian al poder ejecutivo de la ley natural y lo ceden al poder público, es cuando se origina realmente una sociedad política o civil. Esto es lo que saca realmente a los hombres del estado de naturaleza y los sitúa en un Estado, el cual implica la existencia de un juez terrenal con autoridad para dirimir controversias y para castigar.
Cuando, mediante el consentimiento, se forma una comunidad, ésta debería actuar a través de la VOLUNTAD DE LA MAYORÍA. De lo contrario no tendría sentido la existencia de un PACTO pues el hombre seguiría estando en estado de naturaleza al NO seguir los dictados de la mayoría social y continuar actuando según su propio criterio. Todos los que salen del estado de naturaleza han de entender que lo hacen después de entregar a la MAYORÍA COMUNITARIA todo el poder necesario para que la sociedad alcance sus fines. Esto fue lo que dio ORIGEN a los gobiernos legales de todo el mundo (a diferencia de Hobbes, que propone una monarquía).

Pero el objetivo último por el cual los individuos instituyen el estado civil, es la necesidad de garantía jurídica, que proteja las propiedades y el capital.
El motivo de la necesidad de autoridad estatal surge con un modo de producción determinado por el mercado, y donde el individuo reclama una garantía para acumular sin límite, con lo que el estado natural resulta insostenible.
En Locke, el pacto de asociación que funda la sociedad civil y crea el Estado, supone una transferencia de derechos naturales mínima. El único derecho al que el hombre renuncia, es al de hacer justicia por sí mismo; pero conserva todos los demás. Por ello, en oposición a Hobbes, los derechos no quedan vedados, sino estatalmente sancionados; y ante la ley todos deben someterse ya que es soberana. El derecho a la vida, a la libertad personal y a la propiedad son irrenunciables.
Locke propone la división del poder: el Legislativo crearía las leyes, el Ejecutivo las aplicaría y el Federativo se ocuparía de las relaciones internacionales.
La separación de poderes garantiza la libertad porque delimita la esfera de acción de cada uno de ellos, haciendo que se limiten entre sí.

Rousseau


Rousseau vivió en el período del Absolutismo Monárquico y la Ilustración, época en la que comenzaba a gestarse la ideología que daría lugar a la Rev. Francesa.

Rey = poder supremo.

La nobleza vivía a expensas de favores reales. Estaba exenta de impuestos, pero su significación política había sido aniquilada.

La burguesía y el campesinado (3er sector) cargaban con un sinnúmero de impuestos para solventar los gastos de la corte y las campañas militares. Estaban encargados de realizar todas aquellas tareas que la nobleza rechazaba, y sin embargo no parecía que sus logros y sus talentos iban a darles una mejor posibilidad de vida. Sin embargo, en lo profundo de este estrato social comienza a consumarse un poderoso movimiento ideológico y revolucionario: la Ilustración.
La ilustración es optimista en cuanto a la capacidad de la razón para conducir a la humanidad hacia el progreso. Para ello confía que la educación no sólo anulará las diferencias entre los hombres, sino que conducirá a la perfección de la especie.

Sin embargo, si bien Rousseau apoyó la idea de progreso, no creía que esa perfectibilidad era necesariamente positiva.


Conceptos fundamentales de su teoría política


Rousseau propone un hipotético Estado de Naturaleza, en donde los hombres eran iguales y libres. No eran seres racionales, y sólo se guiaban por necesidades inmediatas. Sin embargo, eran seres benévolos y piadosos con el prójimo, aunque esto no indica que eran sociables. Por lo contrario, el hombre era un ser amoral que simplemente se autoconservaba y autoabastecía, que no hacían daño al prójimo porque lo veían como un igual. Lo que lo diferenciaba de cualquier otro ser, es que el hombre era perfectible (puede transformarse a sí mismo) y que no se guiaba por instintos: si bien no era racional, tenía la capacidad de elegir.


Sin embargo, en cierto momento se dan una serie de accidentes fortuitos, ya que esa perfectibilidad había ido cambiando al hombre: surge el habla, la agricultura, se instala la concepción de familia (institución artificial) y aumentan las necesidades. Estos accidentes fortuitos hicieron que el hombre comenzara a sociabilizarse y dejara de vivir como un ser independiente. Aumentan los conflictos entre ellos y por ende, ese sentimiento de piedad natural se pierde. La armonía se quiebra en tanto surge la división del trabajo, la propiedad, la industria, el comercio. La multiplicación de los deseos y necesidades, la envidia, el egoísmo, el estado de guerra entre los hombres y las diferencias económicas implicaron la degradación de la especie.


El momento culminante de este proceso devino con el surgimiento de la propiedad privada. En tanto un individuo comenzó a delimitar su territorio y los demás lo apoyaron, se rompió la igualdad y el Estado de Naturaleza.

Allí se establece un primer contrato inicuo (desigual), por medio del cual los que habían logrado apropiarse de más y mejores tierras, legitimaron su propiedad ante los ojos de los demás. Los más ricos se enriquecieron, y los más pobres entraron en la miseria.

El hombre comenzó a ser malo, ambicioso y materialista. Surge una sociedad civil similar al estado de naturaleza hobessiano, en donde reinaba el caos y la desconfianza.

Esta situación comenzó a ser insostenible, ya que todos vivían presos de este sistema de guerra y peligro. ¿Cómo recuperar la armonía del Estado Natural liberando al ciudadano de las cadenas impuestas por la sociedad?


El autor propone realizar un nuevo Contrato Social que llevaría a un estado de República. Debía ser aceptado por todos y cada uno de los individuos.

Rousseau postula una alineación total derechos, ya que mediante el pacto, los hombres renuncian a todos sus derechos naturales (incluso la vida).

Sin embargo, todos eran considerados ciudadanos iguales y libres, ya que ellos mismos hacían la ley y a la vez eran súbditos de esa misma ley.

Se reemplazaba aquella libertad natural de desear todo, por una libertad política reflexiva y en función del bien común. Obedecer esa ley es obedecerme a mí mismo, ya que yo participé haciendo esa ley, y por lo tanto soy libre.

Un régimen ideal es aquel en que las voluntades particulares coinciden con la voluntad general. Ser libre es entonces participar de la vida política, puesto que cada ciudadano obedece la ley que él mismo se dio. Para este autor, el cuerpo político tiene como objetivo transformar al individuo, no solamente protegerlo.

Con el principio de voluntad general, nace la soberanía, que es la autoridad suprema del Estado (conformado por el pueblo).

Considera que lo que plantea Locke (la experiencia representativa pluralista), sólo confronta egoísmos particulares donde la soberanía se fragmenta. Según Rousseau, la soberanía no puede ser representada; consiste esencialmente en la voluntad general que no se representa.

Para garantizar dicha participación, Rousseau propone fundar una república democrática a imagen de la democracia clásica ateniense. Dicha sociedad estaría integrada por ciudadanos iguales que deliberan y legislan en asamblea abierta.


El pensamiento liberal

Para Hobbes, el poder, aunque arbitrario o dictatorial, es mejor que la anarquía. El poder es necesario.

Para Rousseau, la democracia se basa en el ejercicio directo del poder político. Un régimen ideal es aquel en que las voluntades particulares coinciden con la voluntad general.

Para los liberales, por lo contrario, el objetivo de la política es garantizar a los individuos la búsqueda de su propio bienestar como a ellos les parezca conveniente.

El debate lo inicia Benjamín Constant, al oponer la “libertad de los antiguos” (Rousseau), a la “libertad de los modernos” en tanto derecho individual de hacer todo aquello que las leyes permitan.

Constant parte del postulado de que la libertad está en el hombre, que es inherente a su naturaleza. La libertad individual es el fundamento de su teoría.

En el ideario liberal, la libertad individual se erige en el valor más elevado, a partir de la convicción de que lo importante es el individuo. Las instituciones son sólo medios para resguardar su desarrollo personal.

El liberalismo es la respuesta política al abuso de poder. Intenta trazar límites entre lo que compete al Estado, y lo que es inherente al individuo.

El liberalismo establece un fuerte límite a la intervención estatal. En esta búsqueda de autonomía de ámbitos mira con desconfianza al poder político. Por eso, el poder debe estar delimitado; existen derechos naturales que deben permanecer fuera del alcance del poder político: la libertad privada.

Garantizar dicha libertad requiere de la división de poderes, y de la existencia de derechos como la libertad individual, religiosa, de opinión, el goce de la propiedad, etc.

El liberalismo piensa que esa armonización entre intereses individuales se produce naturalmente, buscando cada uno su propio interés. No obstante, existe un orden armónico y espontáneo de la sociedad, ya que se regula automáticamente.

Locke y Montesquieu creían que el Estado no podía inmiscuirse en la vida y la propiedad de las personas. A su vez, defendían fuertemente la división de poderes, ya que uno regularía al otro.

J.S. Mill propone que puede darse una “tiranía de las mayorías” en los regímenes democráticos, ya que aunque haya división de poderes, pueden seguir existiendo invasiones en la vida privada de los individuos (por ejemplo, las religiones). El Estado debe plantear un principio para saber dónde se encuentra el límite en el que el poder deja de tener derecho sobre la vida de los individuos: la única justificación mediante la cual el Estado puede meterse en el terreno privado, es intentando evitar que ese individuo le haga daño o perjuicio a un tercero.

A lo largo de la historia, existió una concepción de “bien común”. En el liberalismo, cada uno percibe el bien como a cada cual le parece. Cada uno persigue su propia felicidad, y el Estado no puede meterse en esa búsqueda a menos que implique el daño a un tercero. Esto es una condición sumamente necesaria.

Sin embargo, aunque un individuo dañe a un tercero, el Estado no puede hacerlo pagar con un castigo más fuerte que el que se ha provocado. Porque se estarían violando derechos mucho más fuertes que le competen como individuo.

Tocqueville habla del conformismo: en la modernidad, todos nos vamos pareciendo y adaptándonos a un molde. Existe una igualdad en la que todos nos hacemos en la misma medida. Según Mill, esta costumbre atenta contra el progreso. Las personas deben tratar de debatir en términos personales, sin llegar a la violencia ni violando los derechos del otro, para construir un futuro mejor.


Marx

El pensamiento de Marx se diferencia en 3 momentos:

1) El joven Marx: Crítica al Liberalismo


Hegel descubre que hay una separación entre el Estado y la Sociedad Civil. El Estado, reúne el interés general de las personas. En su terreno, se exalta la razón y la búsqueda de libertad. El paso del tiempo es un avance racional: se llega a mayor autonomía, libertad y racionalidad. En el Estado se abandona el interés mundano de cada uno y pensamos en el bien común. Si hay intereses distintos, el Estado es el marco que los articula y acomoda a través de leyes/mediaciones. El Estado forma la Soc. Civil ya que propone una ley general común y la organiza. El Estado armoniza los intereses de los individuos.

Marx se forma en esta filosofía Hegeliana, en su Prusia natal, y se apoyó en la idea de que el desarrollo está directamente ligado al Estado.

Más adelante comienza a trabajar de periodista y comienza a darse cuenta que el pensamiento de Hegel no se cumplía en la práctica prusiana. Existían diversas legislaciones que atentaban al individuo, y solo respondían los intereses de unos pocos. Entonces, creyó que el Estado estaba pervertido y equivocado, que era un mal Estado que garantizaba la riqueza del rico, y no usaba la racionalidad en pos del bien común.

Pero luego, se dio cuenta que el equivocado era Hegel, ya que en todos los países de Europa se repetía esta situación. El funcionamiento del Estado no iba acorde a Hegel, ya que era una idealización y no un reflejo de la realidad. Allí es cuando Marx escribe una “Crítica a la filosofía del Estado de Hegel”, mediante la cual manifiesta que si bien Hegel estaba acertado con la concepción de que el Estado y la Soc. Civil están divididos, el Estado sin embargo no media entre los intereses del bien común, sino que la Soc. Civil es la que le da forma al Estado. Marx encuentra que en esa Soc. Civil hay cada vez más propiedad privada que logra imponer sus intereses en el Estado.

Por otro lado, postuló que la emancipación política moderna no implicó la emancipación humana. La emancipación política trajo igualdad en el plano jurídico, libertad, la disolución de lazos de dependencia, y la seguridad contra las decisiones coercitivas. Sin embargo, no ocurrió igual en la emancipación humana. Las personas comenzaron a alejarse unas de otras para ser inclusive más libres y se perdió la solidaridad y el bien común. Además, la seguridad en la práctica era de propiedad, y no de individuos. Marx descubre que en la Soc. Civil se seguían dando relaciones desiguales, y que la propiedad era una parámetro para ello.

En este escenario, la igualdad y la libertad política permitieron la ley de libre mercado. En la práctica, las exigencias entre oferentes y demandantes reflejaron la desigualdad social, y sobre todo, quienes poseían los medios de producción tenían una ventaja abismal sobre los trabajadores que debían competir entre ellos para lograr insertarse en el mercado laboral por salarios miserables. Pero el Estado liberal no debía inmiscuirse en esta situación, ya que si ponía restricciones al capitalista, atentaba contra su libertad individual y su patrimonio. Por otro lado, si el Estado se mete en estas situaciones está contribuyendo a desarrollar una sociedad que no se esfuerce por capacitarse y que haya una sobreoferta de trabajadores. Además, en el ideario liberal, el hecho de buscar el bien propio llevará indefectiblemente al bien común.

La situación económica demostraba que la igualdad política no implicaba la igualdad en la vida cotidiana. Si en cambio, se hubiese reconocido que todos NO eran iguales (el capitalista y el obrero) se hubieran podido mejorar las condiciones de los más perjudicados. La concepción liberal, por lo tanto, no permite que la gente que una buscando mejorar sus condiciones.

2) Manifiesto comunista, “Concepción Primaria”. El estado es el comité de asuntos de la burguesía.

En 1844, Marx conoce a Engels (economista). Lo hace conocer la teoría clásica de Ricardo y de Adam Smith, y Marx comienza a analizar profundamente el capitalismo.

Descubre que la sociedad capitalista es clasista:

• Capitalista: Dueña de los 1/2s de producción.

• Trabajadora: Dueña de la fuerza de trabajo. Desposeídos de alguien, deciden a quien venderle su capacidad para trabajar.

Estas 2 clases se necesitan, y esta codependencia es asimétrica, antagónica y desigual. Marx concluye que la Soc. Civil no está dispersa, sino que existen 2 clases con 2 intereses opuestos. Ahí comienza a ver que Hegel no tenía razón, que la historia no buscaba el bien común, y que la sociedad lucha entre sí buscando intereses. El bienestar de uno es indefectiblemente el perjuicio del otro.

Por lo tanto, entendió que el Estado no es más que un comité de asuntos de esta burguesía beneficiada. Legitimaba sus intereses, y constituían el poder político organizado de una clase para oprimir a la otra.


3) Concepción secundaria, “El Estado es el garante de la relación social capitalista”.

Marx descubre que en la sociedad capitalista hay diferentes fracciones. Si el Estado realmente fuese un comité de asuntos de la burguesía, ¿Cómo se ponen de acuerdo todas estas fracciones? ¿Cómo responde el Estado?

Además, quienes trabajaban en el Estado no eran necesariamente miembros de la burguesía, entonces ya no era sostenible creer que el Estado era comandado por este grupo social solamente.

Por otro lado, Marx analiza el golpe de Estado en Francia comandado por Luís Bonaparte. Se da cuenta que quien logra imponerse en el poder es alguien que salió de ningún lado. ¿Cómo hizo Luís Bonaparte para sublevarse solitario a toda la clase burguesa? De alguna forma, logra imponerse en el poder alguien que no estaba ligado a alguna clase social. Sin embargo, Luís Bonaparte no era neutral, sino que buscó garantizar la estabilidad en esta relación capitalista.

Lentamente comenzaron a darse mejoras para la clase obrera. Porque si no se cuidaba a esta clase, en el largo plazo no existiría más. Y, por lo tanto, esta relación capitalista se rompería. Se buscó que este sistema si siguiera dando y sosteniendo; el Estado comienza a limitar al burgués y ayudar también al trabajador.

Los conflictos dentro de la burguesía fueron apaciguados por el Estado para que no entrasen en guerra.

En resumen, Marx concluyó que no había un Estado que respondía los intereses de la burguesía, sino que mediaba entre ambas clases para que este sistema se pudiese sostener a lo largo del tiempo.



Nueva Racionalidad en el Estado Poskeynesiano (M. Unzué)


Una matriz política, es aquel tablero de juego en donde se disponen absolutamente todas las reglas que serán legítimas en el período histórico en el cual se desarrolle. Siempre hay quien quiera cambiar la matriz, porque las decisiones que la involucran no siempre benefician a todos los que bajo ella viven.
Hay 4 fuentes sociales de poder: Político (y militar), Económico e ideológico. Estos agentes son los que dictan las reglas y las pautas de la matriz vigente.

Después de la II guerra mundial, una nueva Matriz se instala en el mundo: la Poskeynesiana.

Esto se logra a partir de 2 lógicas:

• La “cuestión social” era un asunto a resolver: las masas de pobreza ya eran demasiado evidentes. No solo eran un elemento “antiestético”, sino que podrían volverse en contra del sistema (ejemplo: Revolución Rusa). Los comunistas querían que el capitalismo sea sustituido para generar una sociedad sin clases.

• El desarrollo de las democracias occidentales creó la tentación de utilizar el Estado como herramienta para gestar apoyo político a través de una legitimación centrada en el gasto público. El papel del Estado Benefactor como conjunto de instituciones públicas operando en la distribución directa o indirecta del ingreso, se vio legitimado frente a los beneficiarios de estas políticas.


En la década del ’30 se inicia una crisis en EE.UU. El sistema capitalista comenzó a ser deficitario, ya que debido a las miserables condiciones en las que vivían los trabajadores no existía el consumo. Todos los estratos sociales se vieron perjudicados: las clases altas y medias (dueñas de los 1/2s de producción, tuvieron que declararse en bancarrota, perdieron sus ahorros y acciones con la caída de los bancos mundiales) y las clases bajas (quedaron desempleados, sumergiéndose en un estado de pobreza aún más alarmante).

En ese contexto, ¿Cómo se sale de la crisis?
Keynes se da cuenta que la única forma de salir adelante era generando demanda.

Pero el único que podía garantizar esta reactivación del mercado era el Estado. En momentos de crisis, el Estado puede aumentar su gasto público para reactivar la economía, y no tiene las restricciones de un actor privado sometido a la búsqueda de la ganancia económica. Debía crear fuentes de trabajo, que lentamente reactivarían la demanda. En ese terreno, los dueños de los 1/2s de producción invertirían nuevamente en el plano económico y el mercado renacería.
Si el Estado debe generar una situación deficitaria, que sería insostenible para cualquier empresa privada, puede hacerlo porque su supervivencia reposa sobre bases políticas y no sobre principios económicos.

El punto central es que la racionalidad económica de los actores privados los hace buscar irremediablemente la ganancia económica a corto plazo como único modo de subsistir en el mercado. Una empresa que da pérdidas reiteradas está condenada a desaparecer. El Estado era el único actor diferente y con poder para superar la racionalidad individual, ampliando y redefiniendo el ámbito de lo público como una esfera distinta de la ocupada por la acción privada.


En este escenario, el Estado se convierte en un “meta-actor” más allá de los intereses de la sociedad y comienza a inmiscuirse en los asuntos económicos. Era mediador, y se presentaba con un carácter neutral. Redistribuyó todo el capital y estableció precios, salarios y subsidios. Se convierte en un Estado empresario: contrata mano de obra, se hace cargo de los servicios básicos de la población y empieza a consumir (ya que compraba insumos a las diferentes empresas privadas para seguir con su obra).

Se desmercantilizó la salud, la educación y la vivienda: comenzaron a ser derechos de ciudadanía y no de consumidor. El Estado se convierte en el generador de la estabilidad económica y garante del crecimiento sostenido, asegurando la demanda y el pleno empleo.
Esto significó que el Estado comenzó a crear empresas públicas, o nacionalizar empresas existentes, o subsidiar el desarrollo de empresas privadas como medio para reactivar la economía, incentivando la producción, la inversión y el empleo.
La salida de la crisis pasaba por generar demanda, para lo cual los gobiernos implementaban políticas que buscaban utilizar todos los ahorros de la economía, que de otro modo no hubiesen llegado a transformarse en inversión. El mecanismo resultó sencillo y muy redituable desde el punto de vista político, lo que contribuyó a que su generalización sea bastante rápida. Los gobiernos podían actuar sin reparar en gastos...El objetivo no era que el Estado haga negocios rentables, que emprenda tareas productivas, sino que gaste dinero y de ese modo reactive la economía en crisis.


A partir de la década del ’70, se produce una fuerte transformación que va a invalidar esta lógica Keynesiana con la reimplantación del discurso neoliberal.

Las teorías neoclásicas van a restaurar la confianza en el mercado como mejor asignador de recursos. La hora del desmantelamiento de la intervención estatal en los mercados comienza a sonar desde una parte importante y bien posicionada de la comunidad. Los planteos surgidos del corazón de la teoría de las finanzas públicas van a comenzar a pensar en un Estado que limite sus acciones a cálculos de costo/beneficio. El déficit fiscal comienza a criticarse fuertemente. De este modo, el Estado debe comenzar a adoptar criterios de eficiencia que había abandonado en las últimas cuatro décadas.
Los criterios de solidaridad social se abandonan, y la marginación social pasa a ser aceptada como parte de las reglas de juego. El individuo "no apto" para la competencia no puede repartir culpas de su marginación, puesto que el mismo debe verse como el principal culpable de su situación.

Por otro lado, las teorías de izquierda comienzan a ver que el Estado Benefactor sirvió para aplacar los sentimientos revolucionarios.

Lentamente se comenzó a desmantelar el modelo Poskeynesiano, y vuelve a cambiarse la matriz política. Las privatizaciones volvieron lo público al terreno privado, y la concepción de ciudadano cambia por la de “consumidor”. Esta nueva matriz es la Poskeynesiana.